Etnología. Institución muy arraigada y de importancia en todo el País Vasco como puede apreciarse por las notas recogidas por J. M. Satrústegui en Valcarlos (Nav). Dice que al padrino de bautismo se le llama aitatxi y a la madrina, amatxi. Apadrinar es haurra jasan. Dicen que el padrino da sus aguas, cuando la criatura se le parece en algo. ¿ Noren sematxia duxu? suelen decir en determinadas circunstancias de la vida (¿de quién es ahijado?). Aunque va cayendo en desuso existe otra palabra muy castiza para designar a los padrinos y es gazaita. Alabatxia es la ahijada. En las bodas suelen apadrinar el varón por parte de la novia y a la mujer por parte del novio. Los padrinos, lo mismo que los padres, rodean a los nuevos esposos en el banquete. Los demás invitados tienen que atenerse al orden y compañero de fiesta que les asignen. Kabalierra es el nombre que recibe el chico que debe acompañar a cada chica. La comitiva se traslada por parejas. A veces hay picardía en la designación de parejas y provoca situaciones jocosas. Otras veces serios disgustos. Esta costumbre tiende a desaparecer. Apenas se organizan comitivas ya que casi todos los invitados pueden disponer de coche para trasladarse hasta la iglesia. Quedan vestigios a la hora de sentarse a la mesa. Supone un honor el ser padrino de Bautismo. "Fiersko zira, bai, aitatxiturik" (¡estarás ufano de llegar a padrino!). Esta frase la recogí de labios de una señora mayor y fue dirigida a un muchacho joven que acababa de asistir a la ceremonia religiosa. Segundo motivo de felicitación para el hombre: apadrinar a un varón. La misma señora puntualizó a continuación: "¡eta ohono bietan, sematxia bai zinin!" (¡y con doble motivo por ser chico!). El ahijado recibía algunos regalos por parte de sus padrinos. Uno de ellos, muy típico, era el panecillo adornado de Navidad (morrodua). De vez en cuando alguna cosa práctica, como prendas de vestir, etc. Sobre todo, para la Primera Comunión. Se crean obligaciones morales entre padrino y apadrinado. Esto resalta más al tratarse de personas extrañas a la familia. Conocí el caso siguiente. Entre los que presidían el duelo de un difunto se encontraba una persona a la que ni la propia viuda pudo reconocer. He aquí las palabras de la interesada: "¡Ikusten nixin arrotz bat doludunetan, eta Jes! ¡Enixin ezagutzen! Gero oroitu ninduxun senarra zenak ba züla sematxi bat Frantzian. ¡Eta hura zuxun!" (veía a un extraño entre los que presidían el duelo y no lo podía conocer. Luego recordé que el difunto tenía un ahijado en Francia; y era él.). Todo se reducía a que las dos familias habían vivido frente a frente, a ambos lados de la frontera. Simpatizaron, primero; luego vino la amistad. Se debían mutuamente muchos favores, y un día que hubo bautizo en la familia francesa vino lo demás. El chico creció en otra región, por lo que apenas se conocían. Pero a la hora de la partida definitiva acudió a las honras el ahijado y ocupó lugar preferente entre los más allegados. (Yanpierrenia). El primer hijo de un matrimonio lo apadrinan la madre del esposo, y el padre de la mujer. Si falta uno de ellos puede cambiarse el orden en atención al superviviente. El segundo hijo queda a cargo de los otros dos abuelos. Luego vienen los hermanos de los esposos por orden de edad. Finalmente, si la familia es numerosa se recurre a los amigos u otros allegados. En caso de que el neófito fuera varón correspondía al padrino la elección del nombre. Si era niña se lo imponía la madrina. Incluso suelen reprochar los mayores que ya no se tiene en cuenta el nombre de los padrinos para transmitirlo al pequeño. Ref. Satrústegui, J. M. El grupo doméstico de Valcarlos. "Cuadernos de Etnología y Etnografía de Navarra", Pamplona, 1969.
