Gobernador de Baiona (Lapurdi) entre 1552 y 1573. El tema de los estudios consagrados al vizconde de Orthe no ha sido apurado todavía. Efectivamente, además de las poco amistosas relaciones que existieron entre este personaje y el ayuntamiento de la ciudad, y que han sido publicadas casi enteramente en los volúmenes impresos por cuenta del ayuntamiento bayonés, queda aún por saber cuáles fueron los años de juventud de Adrien d'Aspremont, y cómo consiguió obtener las gracias y los favores de los reyes de Francia.
De 1510, año en que se cree nació, hasta 1532, época de su llegada a Bayona en calidad de gobernador, se ignora todo de su vida, y no se sabe qué campañas pudo llevar a cabo para conseguir un puesto tan alto. Evidentemente esto constituye un terreno digno de ser explotado por un erudito. En efecto, todos los que se han ocupado del vizconde de Orthe, y entre ellos señalaremos principalmente a J. Vinson, Ch. Bernadou y Tamizey de Larroque, no se han ocupado más que de la época de gobernador de Bayona y apenas encontramos unas líneas en el conjunto de estos trabajos dedicados a los años anteriores del célebre vizconde. El único que ha publicado algo sobre este tema ha sido J. de Jaurgain que en su estudio histórico y crítico sobre los orígenes del Reino de Navarra, del ducado de Gascuña y del vizcondado de Béarn ha insertado un curioso documento relativo al vizconde de Orthe.
Adrian d'Aspremont, vizconde de Orthe, caballero de la Orden del Rey y antiguo gobernador de Bayona, declara en su testamento del 4 de marzo de 1578, que no tiene ningún hijo legítimo. Hace un legado a Hélène y Calixte d'Aspremont, sus hijas naturales. Así mismo, dice el testador, no habiendo tenido ningún hijo o hija legítimos, el rey ha legitimado a Jean d'Aspremont, su hijo natural. Al cual, dicho señor testador ha constituido como su heredero universal -Archivos del Seminario de Auch n.º 1702-. Es probable que el vizconde d'Orthe hubiese tenido estos tres hijos de Nicolina de Durdis, oriunda de la ciudad de Racconigi, en el Piamonte, la cual según un atestado entregado en Tarbes el 20 de agosto de 1538 por Arnauld de Anice, senescal de Bigorre.
"Dice y confirma que está casada desde hace dos años con Pierre Férac, comerciante, con el que ha convivido durante cinco meses más o menos, y que a causa de los malos tratos de su marido le ha abandonado encontrándose con noble Adrien d'Aspremont, vizconde d'Orthe, que estaba por aquel entonces en la guerra, en Novalis, lugar a tres leguas de Racconigi; dicho señor ante sus requerimientos y plegarias la hizo conducir fuera del Piamonte y la llevó al Béarn, en donde permaneció cuatro meses. Declarando que no ha sido obligada, ni llevada contra su voluntad, ni seducida por dicho d'Orthe ni por ningún otro, sino que se fue por su propia voluntad, ante el mal trato que diariamente recibía de su marido, y que si no hubiese encontrado al vizconde d'Orthe se hubiera ido con otro cualquiera. Prometiendo no demandar ni querellarse con el dicho d'Orthe, al que declara inocente y al que pide no le sea requerido nada por este asunto".
Archivos del Seminario d'Auch n.º 445.
Es evidente que el vizconde de Orthe había raptado a Nicolina de Burdis y que, temiendo la venganza del marido, hizo firmar a su amante la declaración anterior. El vizconde d'Orthe es famoso también por la carta que no escribió, y que el historiador Agrippa d'Aubigné, publicó con su nombre. Ya es sabido que por muchos esfuerzos que han hecho los eruditos que acabamos de citar, para establecer la falsedad de este documento, éste continúa siendo el plato fuerte de las guías de Bayona, y que muchos turistas que experimentan la necesidad de publicar sus impresiones de viaje, quisieran ver colocadas estas hermosas frases en una placa de mármol, en el frontón de la puerta del reducto que, desgraciadamente, no existe ya. El señor d'Aspremont, vizconde d'Orthe, fue nombrado gobernador de Bayona en 1552 y sus relaciones con la ciudad fueron inmediatamente tan tirantes que cuando Carlos IX se marchó de la ciudad, en julio de 1564, el teniente de alcalde, Saubat de Sorhaindo, y el escribano de la ciudad Jehan de Prat llamado de Luc, siguieron a su Majestad hasta Angulema y obtuvieron de él un reglamento y unos decretos por los que se regulaban las relaciones del gobernador con los Señores de la Ciudad, y el vizconde fue invitado a comportarse honesta y suavemente, según la admonestación que se le hizo.
Pero esto conmovió tan poco al vizconde que a finales de abril de 1566, el teniente de alcalde, los regidores y los miembros del ayuntamiento, escribieron a Carlos IX y a la reina Catalina de Médicis, quejándose de que el reglamento de Cognac era violado a cada momento. Sería un poco largo, aunque sumamente interesante, seguir paso a paso al vizconde d'Orthe en sus cada vez más agrias relaciones con los magistrados y los ciudadanos de Bayona. Los dos hermanos Saubat y Jean de Sorhaindo, sucesivamente tenientes de alcalde, fueron el objeto de incesantes ataques por parte del irascible vizconde. Jean fue incluso destituido por un momento en enero de 1571, pero se fue a París, provisto de cartas en las que el ayuntamiento explicaba el asunto y volvió reafirmado en su cargo de teniente de alcalde; los regidores son tratados de mouquirous, llega incluso a tirarles de la barba, a golpearlos y a tirarles estocadas; los marinos y comerciantes son detenidos, metidos en prisión y rescatados bajo el pretexto del servicio de su Majestad, y lejos de moderarse ante las reiteradas protestas del ayuntamiento, el terrible vizconde reprocha al cabeza de asno del gobernador de Ax, por dejarse manejar demasiado.
En cuanto a él, por la pasión de Cristo, que se dedicaba a zurrar a las gloriosas gentes bayonesas. No se libró ni la iglesia, que tuvo motivos y bien sobrados para quejarse del vizconde; pues en un momento determinado se le antojó hacerse nombrar deán de la colegiata de St-Esprit-lès-Bayonne y no encontró otro argumento más decisivo para apoyar su pretensión que invadir la iglesia amenazando a los canónigos con saltarles la tapa de los sesos. Finalmente tuvo lugar un sangriento episodio que coronó todos estos abusos, y obligó al vizconde a irse.
En el mes de mayo de 1585, el barón d'Arros, jefe de los rebeldes protestantes del Béarn, dueño de Sordes, localidad situada cerca de Peyrehorade, pidió al gobernador de Bayona, que se le entregase trigo. La Corporación Municipal ya prevenida sobre las relaciones del vizconde con los protestantes suplica, llena de sobresalto, al gobernador que no se permita la salida de trigo sin "billete" para que no cundiese el hambre en la ciudad. El gobernador dio su consentimiento; el jurado Augier de Lana, montó la guardia, el 4 de mayo, a la puerta de la torre Saint-Esprit, para verificar los billetes de la salida del trigo; un soldado del gobernador trató de intervenir, y como Lana le amenazó con multarle, se fue a quejar al vizconde; éste llegó acto seguido, con mucha gente armada con alabardas, arcabuces y arneses, y golpeando a Lana con un bastón le dijo:
"Tú quieres enfrentarte conmigo, yo no acepto de ningún modo que mi noble león, caiga entre las manos de los villanos, ya te arreglaré y si estuviese aquí tu teniente alcalde iba a pasarlas peor. Augier de Lana se retiró a su domicilio, pero el ayuntamiento injuriado elevó nuevas quejas. Y esto no fue más que el preludio del drama que seguiría algunos días más tarde. El 26 de mayo, el jurado Pierre de Challa y el concejal Menault Dandoiche estaban de guardia también en la puerta de Saint-Esprit, vigilando la salida del trigo. Dandoiche quiso detener dos grandes barcos a los que el gobernador había dado paso. "Advertido de lo cual, el dicho gobernador montó a caballo, y acompañado de todos sus servidores hasta el último palafrenero, armados, se personó en dicha puerta y llamó al portero, Guillaume de Labourt, diciéndole: Ven aquí, ¿quién ha impedido pasar el trigo al que yo he dado billete? El tal Labourd le dijo que era Dandoinche. El gobernador dijo entonces: ¿Dónde está ese malvado, ladrón, pillo, villano? Le voy a saltar la tapa de los sesos y a tirarlo al río. Y dicho magistrado se presentó ante él con la cabeza descubierta explicándole que era el representante de la ciudad y suplicándole tuviera a bien escucharle. Pero el vizconde sin paciencia para oír sus razones le dijo refiriéndose a los bayoneses: ¡Ah malvados traidores, sois vosotros, claro, los que hacéis tales cosasl Y diciendo esto picó al caballo para pasarle por encima. El magistrado así injuriado responde: Señor sabéis bien que no somos ni malvados ni traidores. Y entonces el gobernador picó de nuevo su caballo para echarse sobre él, y el susodicho magistrado queriendo escapar de tal peligro, se puso la caperuza y su distintivo bajo el brazo y huyó hacia el puente grande, hasta el que el gobernador le siguió a caballo diciendo: ¡traidor! ¿Crees que me vas a dar miedo con tu pedazo de trapo rojo? Viendo el gobernador, que el magistrado gritaba: ¡Ah señor salvadme la vida! dijo en voz alta a uno de sus servidores llamado Montauban, su mayordomo: Tíralo al río. Cosa que hizo muy a gusto, tirándolo desde el puente, haciéndole morir sin compasión con su distintivo de justicia que flotaba en el agua siguiendo el cuerpo. El gobernador, no contento con haber perpetrado acto tan cruel e inhumano, se burlaba del magistrado difunto con estas palabras en gascón: Aquí que ad as, que quiere decir: ¡ahí lo tienes!, dirigidas a un hijo de 7 ó 9 años que el difunto tenía consigo. Advertidos del hecho, magistrados y pueblo de Bayona se levantaron súbitamente en armas para reparar el ultraje, pero entre tanto el gobernador se había retirado ya, a galope, al Château-Vieux, en el que no había entrado desde hacía cinco años".
Registros gascones de Bayona t. 1.er page 374.
Después de esto, el vizconde d'Orthe, se quedó durante algún tiempo encerrado en el Castillo y abandonó bruscamente Bayona en septiembre de 1573 sin despedirse. En vano, un decreto del ayuntamiento de marzo de 1574, ordenó la vuelta del Vizconde a Bayona, y en vano M. de Gramont insistió ante la Corporación Municipal para llegar a una reconciliación, y en vano también el propio vizconde manifestó, en diciembre de 1575, el deseo de volver a hacerse cargo del gobierno, vacante después de la muerte de su lugarteniente, el capitán Baüs. La ciudad insistió, reclamó y se indignó con una elocuencia tal que el señor d'Aspremont murió exiliado en su casa de Peyrehorade el 20 de marzo de 1578. Su hermana legítima, Margarita d'Aspremont, viuda de Gaillard d'Aure, vizconde de Labourd, senescal de Nébouzan, disputó la herencia a Jean d'Aspremont "su hijo natural legitimado por el rey" e hizo donación de sus derechos a Alain de Monluc, barón de Montesquiou, nieto de Catalina d'Aspremont, otra hermana de Adrián, el 22 de agosto de 1579.
Ref. Edouard Duceré: Dictionnaire historique de Bayonne, 2 vols, Bayonne, 1911-1915.
