Léxico

MATRONA

Esta antigua profesión fue ejercida en el pasado tanto por mujeres con una cierta y relativa preparación como por otras cuyos conocimientos provenían únicamente de la experiencia y la tradición, aderezadas con supersticiones y falsas creencias. Las del primer grupo desempeñaban su quehacer en las ciudades europeas y pertenecían a corporaciones de tipo gremial que controlaban su trabajo. Las del segundo actuaban en el medio rural, tratándose por lo general de mujeres campesinas, viejas y pobres. A partir del siglo XVII fueron apareciendo textos legales disponiendo que los médicos examinaran a las parteras, pasando a manos de éstos el control sobre las candidatas al ejercicio de la profesión. Así, las Cortes de Navarra, reunidas en Estella de 1724 a 1726, promulgaron la Ley L, "Se examinen las parteras". En ella se valora aún más que la destreza en el oficio, el que estas mujeres supieran administrar correctamente el Bautismo ya que en numerosos casos se veían precisadas a bautizar a los niños que nacían en malas condiciones o con inminente riesgo de morir. Por todo ello las parteras serían examinadas por el médico del pueblo o del partido así como por su párroco, quienes les despacharían las oportunas licencias para trabajar. Para las que ejercieran la profesión sin haber superado los exámenes, la ley disponía que fueran castigadas por el alcalde. El resto de las provincias vascas peninsulares deberá esperar a 1750, año en que la Corona promulgó una ley de este género que encomendaba a un Tribunal del Protomedicato la tarea de examinar a las parteras y de expedirles el consiguiente título, sin que constara intervención ninguna de elementos religiosos. Ya en el siglo XIX las recién creadas maternidades sirvieron de escuela de obstetricia para la preparación de las futuras matronas. Pamplona tuvo la suya en la inclusa, denominada Casa de Maternidad desde 1842. Un importante avance supuso en 1889 la implantación en Bilbao del recién estrenado servicio facultativo de matronas o profesoras titulares en partos, dotadas de una alta cualificación obtenida en la Facultad de Medicina y avalada por las prácticas que realizaban en la clínica aneja a la Facultad. La pionera de este servicio, Inés Echevarría, escribió un artículo en "El Noticiero" del 28 de septiembre de 1889 dando cuenta de este nuevo servicio y resaltando la importancia que tenía el contar con mujeres bien preparadas para esta labor. Expresa en él también su deseo de erradicar el intrusismo de las abundantes parteras que trabajaban sin ninguna cualificación: "Desconocido hasta hoy en Bilbao este nuevo servicio facultativo, precisa ya el que mis benévolas lectoras y las bilbaínas todas en general se persuadan de la grandísima importancia de este nuevo servicio, que tantos y tantos beneficios ha de reportarles por sus indiscutibles ventajas; no tan sólo porque la identidad del sexo garantiza en absoluto esas delicadas y respetabilísimas consideraciones de pudor que sugiere a toda parturienta la idea de la asistencia facultativa del parto, sino porque la ternura, la afectuosidad, la delicadeza de sentimientos peculiares y característicos de la mujer en su asistencia a las pacientes, y en su delicado esmero en los prolijos cuidados que en los primeros momentos necesitan las parturientas y los recién nacidos, no puede emplearlas nunca el médico cirujano, porque son completamente ajenas de su carácter de hombre. Y porque además, afortunadamente para la mujer, en la inmensa mayoría de los casos no es necesaria la asistencia facultativa del médico cirujano para ese acto perfectamente natural, puesto que la sabia Naturaleza tiene todo previsto y dispuesto para que las importantísimas funciones de la maternidad se efectúen con admirable precisión. La matrona o profesora titular en partos no es una partera vulgar, intrusa cuya rutinaria, acéfala y mal tolerada asistencia a los partos expone frecuentemente a tan gravísimos accidentes a la parturienta, por su carencia absoluta de los más rudimentarios conocimientos anatómicos, fisiológicos, etc. La matrona es una personalidad facultativa que, a fuerza de estudio y de desvelos, ha adquirido en las cátedras universitarias y en las clínicas de la Facultad de Medicina la suma de conocimientos teórico-prácticos que es necesaria e indispensable para ejercer con acierto y dignidad esta honrosa profesión. Estará a disposición de la mujer casada para consultarla y solicitar su asistencia en todos esos cuidados que exige la higiene privada de la mujer, para un sinnúmero de pequeñas molestias que, desatendidas frecuentemente por escrúpulos de pudor, dignos del mayor respeto, degeneran en gravísimos padecimientos que luego obligan a operaciones quirúrgicas cruentas y dispendiosas. Ahora bien: viniendo las matronas o profesoras titulares, en parte, a dotar a Bilbao de un servicio facultativo de tantísima importancia, debemos confiar y confiamos en que el señor delegado de Medicina y el Excmo. señor gobernador civil nos ampararán en nuestro legítimo derecho, con cuanta más razón como que el Código castiga severamente el intrusismo, esa verdadera usurpación de estado civil en las facultades médico- farmacéuticas por las desastrosas consecuencias que pueden dar lugar para la salud pública". Otra de las actividades que desarrollaron las parteras o matronas fue la de entregar bajo secreto los niños a los que habían ayudado a nacer y cuyas madres querían abandonar: así las vemos en el siglo XIX recorrer el camino hacia los tornos de las inclusas de Bilbao y Pamplona; en los pueblos, entregando las criaturas a los párrocos o alcaldes para que ellos dispusieran su traslado al establecimiento. En otras ocasiones llevaban ellas mismas a bautizar a los niños cuyos padres, sin abandonarlos, querían permanecer ocultos.

Dolores VALVERDE LAMSFÚS.