Topónimos

MARRACQ

Castillo de Bayona. El nombre de Marracq por sí solo no nos diría gran cosa si no supiésemos que un tal Etienne de Marrac poseía esta propiedad a comienzos del s. XVI y le dio probablemente su nombre. A finales de siglo, tomó posesión de él un Sorhaindo y después su propietario fue M. de Picot. Este último vendió parte de la propiedad a la reina Ana María de Neubourg, que mandó construir el castillo, al que dio el nombre de Marrac de St. Galmer. Nunca quiso habilitarlo porque una de sus damas se tomó la libertad de pasar allí una noche sin su permiso y prefirió albergarse en St. Michel, casa contigua a Marrac y que alquiló también a M. de Picot. Los herederos de la reina vendieron Marrac a este último y éste a su vez lo cedió al obispo de Bayona, Mgr. de La Vieuxville. Convertido en patrimonio nacional durante la Revolución, fue adquirido por un español refugiado, Rubens de Coeli, y después pasó a las manos de los hermanos Marqioy que lo vendieron en 1808 a Napoleón por la suma de 60.000 fr. Cuando el emperador vino a habilitarlo, el edificio, que pronto tomó el título de Castillo Imperial de Marrac, tenía un hermoso aspecto con una fachada elevada del subsuelo, y una hilera de ventanas en la zona de la buhardilla. Estaba compuesto por dos cuerpos de edificio separados por un vestíbulo y conteniendo cada uno 3 ó 4 piezas. A la derecha de la entrada estaban los apartamentos de Napoleón y a la izquierda los de Josefina. En el piso superior, se habían reservado diez habitaciones para las damas del palacio, los oficiales y gentes del servicio. El emperador habitó en Marrac hasta el 21 de julio de 1808 pero volvió en noviembre del mismo año en el momento en que se preparaba para pasar a España para ir a tomar el mando de su ejército. Su hermano José también se alojó en el castillo de Marrac cuando volvía a París en 1811. Fue incendiado el 22 de abril de 1824 y este siniestro fue durante mucho tiempo atribuido a la malevolencia. El mobiliario imperial que había sido retirado algunas semanas antes fue vendido en subasta, y algunos de los objetos se conservan en algunas casas bayonesas. Del castillo de Marrac no subsiste hoy más que algún resto de muralla ennegrecida por las llamas y recubierto de yerba. La propiedad ha sido dividida en parcelas y atribuida a diversas administraciones. El Consejo municipal de Bayona destinó una suma para la conservación de las ruinas de este edificio en el que tan grandes sucesos han tenido lugar. Hemos publicado incluso una monografía especial y completa del castillo imperial de Marrac. Ref. Edouard Duceré: Dictionnaire historique de Bayonne, 2 vols, Bayonne, 1911-1915.