Dice Unamuno que "una de las más importantes manifestaciones de la solidaridad social en Vizcaya, es la costumbre denominada allí lorra". Lor es palabra vasca que significa acarreo, transporte; lo mismo que loreta. De ahí que en Mundaca y en Lequeitio se llame, como ya se ha dicho antes, gorpulorra al acto de la conducción del cadáver. Atso-lor y atso-lorreta, voces que, según se ha indicado más arriba, se usan en Oyarzun y Berástegui respectivamente para designar a la reunión de mujeres que con regalos acuden a visitar a la parturienta, aluden sin duda al movimiento de quienes de sus casas se trasladan a aquella en que vino al mundo un nuevo ser o a los presentes de que son portadoras. En algunas comarcas de Vizcaya se denomina a la lora, torra o totuena, de toto, equivalente al convite con que se obsequia al que ha recogido maderos o corderos después de un incendio u otra desgracia, o a los que han ayudado a acarrear abonos o leña. Lora denota, por extensión, aportamiento; y como éste puede consistir en la prestación del trabajo personal o personal y animal a la vez, sin la concurrencia del material, la lorra será mayor en el primer caso y menor en el segundo. Los Sres. Unamuno y Vicario sólo describen la zimaurlorra, aportamiento de estiércol, la bildotx-lorra, aportamiento de ovejas, y la zur-lorra, aportamiento de maderas. Podemos añadir a estas formas algunas más. La arrigotza, la sastotue y el regalo de un cuarto de fanega y de una gallina, que se acostumbra en Legazpia con ocasión de bodas, son también, hasta cierto punto, manifestaciones de la lorra.
Zimaur lorra.-
Si un labrador se encuentra sin abono o sin estiércol al establecerse en una casería, o en cualquier otra circunstancia extraordinaria, recurre a sus vecinos, quienes se obligan a servirle con una carretada cada uno. "En tal caso, suele llevar un palo ad hoc, en el cual hace con la navaja una cortadura por cada vecino que acepte el compromiso, hasta que llega a un número de rayas igual al de carros de abono que necesita. Cúmplenle éstos seguidamente su promesa, llevando sus respectivas carretas cargadas de estiércol, y él les corresponde con una merienda, llamada también lorra o totuena (la del totoa), en su misma casa o en la taberna. Llaman a esto "hacer lorra". Era una modalidad de la zimaur lorra la sastotue que se usaba en la zona rural de Bermeo.
Bildotx-lorra.-
Surge esta forma en el caso de que alguien necesite formar un rebaño o reponerlo. Los vecinos, que sean pastores, entregan cada uno una oveja con el indicado destino, sin otra retribución que la de una merienda. Este sistema recuerda en cierto modo el que se emplea en algunos pueblos de los valles navarros de Roncal y Salazar, dentro del círculo familiar, para proveer de rebaño a uno de los hijos que han de quedar excluidos de la sucesión en el patrimonio doméstico. Al colocarse de pastor, al servicio de un amo, sus padres le entregan la señal, que consiste en seis, ocho o diez ovejas parideras. El dueño del ganado que apacienta le consiente que cuide de esos animales, a la par que de los suyos. Y así logra hacerse con un hato considerable, que equivale a un modesto capital. Téngase en cuenta que los muchachos entran a servir a los 14 años y que permanecen en tal situación hasta los 26 ó 27. Esto ocurre en Roncal. En Salazar se dedican al pastoreo en su propia casa, pero como propietarios de las cabezas que les han sido donadas. Llámase a esto en Salazar estar a sus propias piezas. La práctica enunciada es un trasunto del peculio profecticio de los romanos, e idéntica al cabal alto-aragonés y a la costumbre del pueblo troglodita de Jódar (Jaén), que permite que las jóvenes solteras dispongan a su arbitrio de las noches de los sábados para trabajar el esparto en provecho personal.
Zur-lorra.-
Es la prestación de una madera o de un árbol al que ha de reedificar una casa, que ha sido destruida por un accidente; también se da en el caso de que sea preciso construirla de nueva planta, si es hombre necesitado quien se propone realizar la obra. Vicario y de la Peña refiere, a este propósito, una costumbre muy curiosa: "En Yurre, el que se encuentra en tal estado recorre las casas de los vecinos, dueños de arbolado, para pedirles una madera, acompañado de un hombre que lleva consigo una bota de vino, pan y bacalao, y a cada uno de los que se dirigió en demanda del árbol le da de comer y beber con lo que lleva, yendo juntos a marcar el que le cede". De esta clase de lorra trata la mayor parte de los Estatutos de las Sociedades de seguros mutuos contra incendios. Los de la Cofradía de San Miguel de Alzusta establecen en este particular: "Otro sí, por cuanto acaece haber menester algún vecino acarrear o hacer acarreaje de algún abigo de lagar o acarreaje de alguna casa o edificio nuevo, e no se puede hacer sin socorro de mucha gente, en tal caso sea obligado ir de cada casa un hombre al dicho fabricamiento de casa, o acarrearle, siendo avisado para ello, so pena de ciento cincuenta maravedises, la mitad para los reparos y la otra mitad para los montazgueros". Esta es una forma de lorra menor ya que no exige otra aportación que la del trabajo. Ref. Echegaray, B. La Vecindad, 1933.
Zimaur lorra.-
Si un labrador se encuentra sin abono o sin estiércol al establecerse en una casería, o en cualquier otra circunstancia extraordinaria, recurre a sus vecinos, quienes se obligan a servirle con una carretada cada uno. "En tal caso, suele llevar un palo ad hoc, en el cual hace con la navaja una cortadura por cada vecino que acepte el compromiso, hasta que llega a un número de rayas igual al de carros de abono que necesita. Cúmplenle éstos seguidamente su promesa, llevando sus respectivas carretas cargadas de estiércol, y él les corresponde con una merienda, llamada también lorra o totuena (la del totoa), en su misma casa o en la taberna. Llaman a esto "hacer lorra". Era una modalidad de la zimaur lorra la sastotue que se usaba en la zona rural de Bermeo.
Bildotx-lorra.-
Surge esta forma en el caso de que alguien necesite formar un rebaño o reponerlo. Los vecinos, que sean pastores, entregan cada uno una oveja con el indicado destino, sin otra retribución que la de una merienda. Este sistema recuerda en cierto modo el que se emplea en algunos pueblos de los valles navarros de Roncal y Salazar, dentro del círculo familiar, para proveer de rebaño a uno de los hijos que han de quedar excluidos de la sucesión en el patrimonio doméstico. Al colocarse de pastor, al servicio de un amo, sus padres le entregan la señal, que consiste en seis, ocho o diez ovejas parideras. El dueño del ganado que apacienta le consiente que cuide de esos animales, a la par que de los suyos. Y así logra hacerse con un hato considerable, que equivale a un modesto capital. Téngase en cuenta que los muchachos entran a servir a los 14 años y que permanecen en tal situación hasta los 26 ó 27. Esto ocurre en Roncal. En Salazar se dedican al pastoreo en su propia casa, pero como propietarios de las cabezas que les han sido donadas. Llámase a esto en Salazar estar a sus propias piezas. La práctica enunciada es un trasunto del peculio profecticio de los romanos, e idéntica al cabal alto-aragonés y a la costumbre del pueblo troglodita de Jódar (Jaén), que permite que las jóvenes solteras dispongan a su arbitrio de las noches de los sábados para trabajar el esparto en provecho personal.
Zur-lorra.-
Es la prestación de una madera o de un árbol al que ha de reedificar una casa, que ha sido destruida por un accidente; también se da en el caso de que sea preciso construirla de nueva planta, si es hombre necesitado quien se propone realizar la obra. Vicario y de la Peña refiere, a este propósito, una costumbre muy curiosa: "En Yurre, el que se encuentra en tal estado recorre las casas de los vecinos, dueños de arbolado, para pedirles una madera, acompañado de un hombre que lleva consigo una bota de vino, pan y bacalao, y a cada uno de los que se dirigió en demanda del árbol le da de comer y beber con lo que lleva, yendo juntos a marcar el que le cede". De esta clase de lorra trata la mayor parte de los Estatutos de las Sociedades de seguros mutuos contra incendios. Los de la Cofradía de San Miguel de Alzusta establecen en este particular: "Otro sí, por cuanto acaece haber menester algún vecino acarrear o hacer acarreaje de algún abigo de lagar o acarreaje de alguna casa o edificio nuevo, e no se puede hacer sin socorro de mucha gente, en tal caso sea obligado ir de cada casa un hombre al dicho fabricamiento de casa, o acarrearle, siendo avisado para ello, so pena de ciento cincuenta maravedises, la mitad para los reparos y la otra mitad para los montazgueros". Esta es una forma de lorra menor ya que no exige otra aportación que la del trabajo. Ref. Echegaray, B. La Vecindad, 1933.
