Topónimos

LAQUIDÁIN - LAKIDAIN

Urbanismo y construcciones civiles

Se trata de uno de los pueblos más encaramados del valle, en posición dominante y un tanto alejada de la actual carretera, lo cual ha tenido influencia en su menor desarrollo y en un estado de conservación algo más precario. Cuenta con un casco urbano reducido y arracimado en torno a la iglesia, que ocupa el lugar más alto.

A la entrada del pueblo nos encontramos una casa de desarrollo horizontal y planta rectangular muy alargada, con dos únicas alturas y muros enlucidos, que sólo salvan las esquinas y los enmarques de los vanos, todo ello bajo tejado a dos aguas. Se abre mediante un arco apuntado con once dovelas largas, flanqueado de varias ventanitas, de las cuales una lleva cabezal con arquillo conopial muy estrecho. Por encima hay seis ventanas rectas. Frente a ella hay otra casa de mayor empaque, con muros de mampostería con cadenas de sillar y tejado prominente. La puerta va rematada con dintel adovelado, siendo el resto de vanos también cuadrangulares y luciendo un escudo moderno. En una calleja situada detrás vemos otra casa que repite una vez más el formato ya descrito, aunque en este caso el arco de entrada es de medio punto y los muros tienen restos de enlucido. Otro edificio, hoy abandonado, tiene su fachada en el frente más corto, con arco igualmente apuntado.

En las cercanías del pueblo, en lo alto del monte Lakidain, se levantaba el antiguo castillo real de Irulegui o Irurlegui. Esta fortaleza controlaba en la Edad Media el valle de Izagaondoa y la Cuenca de Pamplona, que podía poner en comunicación, y aún permitía la transmisión de señales con el valle de Lónguida. Parece que su origen procedía de la reutilización de las defensas de un antiguo poblado vascón de la Edad del Hierro, que fue sitiado y presumiblemente destruido por los romanos en el transcurso de la conquista de la Península Ibérica. Prospecciones arqueológicas llevadas a cabo por la Sociedad Aranzadi en verano de 2007 descubrieron un castillo de planta cuadrangular, con cuatro torres de ángulo ultrasemicirculares y un torreón de planta pentagonal en el centro de uno de los paños largos. Se cita ya en 1276, cuando es alcaide Martín Ximéniz de Aibar, y fue derribado en 1494 por orden real, tras desalojar a los hombres del conde de Lerín que lo tenían ocupado.

Ermitas

Pérez Ollo nos informa de que el obispo visitador Igual de Soria mandó enterrar una imagen que se cobijaba en la ermita de San Cristóbal, que a día de hoy ha desaparecido.

Parroquia de San Martín de Tours

Se trata de una iglesia de origen medieval, reformada en el siglo XVII. La planta, de extrema sencillez, consta de una única nave rematada en cabecera recta. A la cabecera se adosa, por el lado de la Epístola, una sacristía moderna de planta casi cuadrada. También se ubica por este lado un pórtico abierto sobre pilares, que cobija la puerta de acceso al templo. Los muros son de sillarejo, y al interior muestran una imposta que recorre todo su perímetro. La cabecera recibe iluminación por una pequeña ventanita recta abierta en el muro sur. A los pies de la nave se levanta un coro alto construido en madera. Se cubre con una bóveda de cañón sin articulaciones ni división por tramos, aunque se aprecian dos arcos incorporados a la fábrica, que pudieron ser fajones en origen. La sacristía recibe un cielo raso.

Al exterior llama la atención la torre, levantada sobre la propia nave a la altura de los pies del templo, con planta rectangular y fuste corto y ciego a excepción de los dos huecos para las campanas, rematado con tejado a cuatro aguas. También apreciamos el pórtico ya mencionado, con dos arcos de medio punto con las roscas achaflanadas, que apean en pilares octogonales y con molduras a modo de capitel. Se cubre con un tejado simple con estructura de madera. La puerta propiamente dicha es un simple arco de medio punto con nueve dovelas y sin ningún tipo de moldura ni decoración.

Preside el interior el retablo de San Martín de Tours, obra romanista de fines del XVI y enmarcable en un Renacimiento avanzado. Su traza se compone de banco, dos cuerpos de tres calles, de las cuales la central se prolonga para crear una suerte de ático, y remate triangular vegetal. Se articula mediante columnas toscanas y jónicas. En cuanto a la imaginería, la calle central lleva tallas de bulto redondo, mientras que las laterales presentan relieves. En el banco figuran San Marcos y San Mateo, sedentes y escribiendo, con el sagrario en el centro. Sigue un friso con niños y angelotes, y en el primer cuerpo relieves de San Agustín y San Jerónimo, personajes patriarcales con gestos enérgicos y ropajes ampulosos, muy miguelangelescos, flanqueando a la imagen de bulto de San Martín, titular, más reposado y en actitud de bendecir, mientras que en el ático aparece Santa Bárbara y Santa Lucía, con el Calvario al centro.

El retablo de la virgen del Rosario se adosa al muro septentrional del templo. Se trata de una obra barroca datable en el siglo XVIII, con banco, un cuerpo con hornacina y ático. La imagen de Santa Bárbara, en la hornacina, y la de San Francisco Javier del ático, son barrocas de la época del retablo. El retablo de Santa Catalina de Alejandría es protobarroco y carece de policromía. Lleva banco, dos pisos y frontón, y se articula mediante columnas corintias. Alberga las pinturas de San Juan Bautista, San Pedro y Santa Catalina en el primer piso, y San Blas y San Antonio de Padua, que flanquean una talla de San Miguel en el segundo piso.

Junto a la puerta hay una pila aguabenditera sostenida por una columna, y en el bajo coro encontramos una pila bautismal con basa troncopiramidal, fuste poligonal y taza aristada. Por último, debemos reseñar que en la sacristía se custodian algunas piezas de ajuar litúrgico y platería.

Joseba ASIRON SAEZ (2008)