Artistas vizcaínos naturales de Durango (1750-1830 Antonio) (1760-1834, Juan Cruz), más conocidos por los Plateros de Durango, y de fama tan universal en todo Bizkaia por su excelente humor, por sus injuriosas travesuras y por su variada inventiva, que no se celebraba diversión pública en la villa ni en sus cercanías, sin que ellos la preparasen y representaran los principales papeles. Ambos eran grandes bailarines, particularmente Antonio, quien en 1828, hallándose de paso en Durango los reyes Fernando VII y la reina Amalia, bailó en su presencia un aurresku, acompañado de su hermano que llevaba el atzesku con tanto primor y agilidad, que ambos esposos, y en particular la reina, les aplaudieron extraordinariamente. Juan Cruz era el bersolari y tocador de silbo, que ejecutaba diariamente algunas sonatas desde 11,30 a 12 en el balcón corrido de su casa. La música para estos versos era obra de los dos hermanos, y todavía se conserva. Se compone de canciones casi todas en vascuence, algunas en vascuence y castellano, muy picarescas, con la letra anotada a la cabeza de cada composición. Se titulan: Cansino, De las moscas, Arkausua, Duña criada de Sensañac, Viaje de Aratia, Marineros, Arre pocho, Asuntos de Caseros, Chrisperos, Monzona, Reloj de Dima, Aita Palacios, Gaboneko kantak. Vivían ambos hermanos estrechamente unidos y eran tan populares y queridos, que se dio el caso de haber sido asaltados por unos ladrones en ocasión en que llevaban muchos objetos de plata que vendían en los pueblos, según era costumbre, y reconocidos que fueron por aquéllos, no tan sólo no tocaron a ninguna de las alhajas que llevaban, sino que les acompañaron en un buen trozo de camino oyéndoles cantar y referir sucesos a cual más jocosos. Y es fama, que estando agonizante Juan Cruz y casi sin sentido, convidó a comer con ellos a algunos amigos que le acompañaban. Murieron célibes los dos hermanos, dejando tal dolor y vacío en la villa, que todavía, a pesar de los muchos años transcurridos desde su fallecimiento, se les recordó a cada instante. Ref. Juan E. Delmás.
