Juego de niños para el que se utilizaban huesos articulados de cerdo previamente secos y ahumados en la chimenea. Eran los llamados en roncalés zador, kamorra y txikirrin, con valores convencionales cada uno de ellos. Varios niños apostaban un cierto número de huesos que ponían revueltos en el agujero de alguna pared de casa entre piedra y piedra. Luego, a partir de una cierta distancia, marcada con una raya, disparaba un niño un hueso grande llamado huesarrón que si daba en el blanco desalojaba a varios de los huesos depositados en el agujero. El niño tenía derecho a seguir tirando entretanto no fallara una sola vez. Luego le seguía uno y otro niño hasta acabar con el depósito de txikirrines, kamorras y zadores. Cada cual contabilizaba después sus ganancias según el valor de cada pieza.
Bernardo ANAUT.
Bernardo ANAUT.
