Léxico

HORNO


Hornos vecinales.
En muchos pueblos de Euskalerria existían hornos vecinales, uno por cada pueblo o por cada barrio si la entidad de población era grande. Cada casa enviaba al horno su tablada de panes crudos envueltos en mantas para que no se enfriara la masa. La hornera marcaba cada pan según la casa a la que pertenecía la tablada y luego se cocían panes y tortas. La hornera solía entregar la levadura correspondiente a cada casa para el amasado de los panes. En cada casa había una pieza dedicada al amasado. Cada vecino pagaba un precio en especie, generalmente un pan. A este sistema de hornos vecinales se debe el juego infantil "A la hornera" que puede consultarse en el Anuario de Eusko-Folklore, XIII, p. 215, y un poema Elogio a la hornera de Isaba, o "Izaba-ko labakari andereari gorospen" (Cuentos Roncaleses, "poemas y otras cosas navarras" Zarauz, 1980, pp. 164-166) y Coplas roncalesas de la tía Martina, San Sebastián, 1968, "La hornada", pp. 33-34. Los caseríos por el contrario poseían un horno propio para cocer el pan cada semana. En la actualidad existen panaderías con venta al público. El horno casero que sirve para fabricar el pan es de forma abovedada o de casquete esférico, hecho con cascos de teja y arcilla, sobre un suelo o base de ladrillos. Su altura es de un metro o algo menos y su diámetro es aproximadamente de metro y medio. A principios de este siglo apenas había casas rurales que no tuvieran su horno; ahora son raras las que lo tienen o lo utilizan. Refiere Barandiarán una leyenda que alude al horno casero al anunciar estos hechos que precederán al fin del mundo: Ateen-ateen dendea, bideek guutzau ta labeen iraurketea "tienda en cada puerta, los caminos cruzados y trilla con mayales en horno casero" (Ataun).

Bernardo ANAUT