Era gobernador de la Guyena y no parece haber desempeñado sus funciones con la amabilidad y el donaire de sus predecesores. El 21 de julio de 1755, anunciaba su próxima llegada,
"y parece que testimonió su insatisfacción ante cómo se portó con él la ciudad, haciendo comprender, al mismo tiempo, que, aunque no hizo una entrada de honor, no la descargaba sin embargo de rendirle los honores debidos a un comandante que ha hecho ya su primera entrada".
El 26, una nueva carta del conde, fechada en Dax, ordenaba a la Corporación municipal reunirse al día siguiente, para conocer las órdenes que tenía que mandarle, con prohibición expresa de faltar, a menos de tener una excusa legítima. Vemos pues, que el conde llegaba con una irritación más disimulada. En efecto, el 27, la Corporación se reunió en el Ayuntamiento, hasta el momento en que el señor de Prat, mayor del castillo, vino a anunciarles la llegada del gobernador, invitándoles a disolver la reunión y a ir a visitarle ese mismo día 2 y a llevarle el registro de las deliberaciones.
Esto era pedir demasiado. La Corporación municipal decidió que no había ninguna dificultad en que los magistrados fuesen a visitar al gobernador, pero decidió también que no se le enviaría el registro de las deliberaciones. Se podría poner en su conocimiento lo que él quisiese, pero no se sacaría el libro. Se rogó al marqués de Amou que se ocupase de este asunto, y el gobernador accedió al deseo de la Corporación. A la hora indicada los miembros de la Corporación vestidos con las togas, se dirigieron al Gobierno, precedidos de dos maceros y seguidos de la ronda armada y con el ceremonial acostumbrado, para cumplimentar al Sr. Conde de Hérouville. El Alcalde le dirigió un discurso en nombre de la ciudad y le significó su apresuramiento en presentarle sus respetos, si no se hubiese visto detenido por las órdenes del duque de Gramont, su gobernador, cuya copia le fue remitida. Cuando el conde de Hérouville la leyó, respondió que la Corporación había hecho mal ateniéndose a estas órdenes a las que no debía haber prestado ninguna atención, pues debía saber que un gobernador ausente no tiene ningún derecho a darlas, y que por otra parte la provisión de gobernador del duque de Gramont, que debía estar en los registros de la ciudad, así como la comisión acordada a M. de Amou, en calidad de lugarteniente del gobernador de Baiona y regiones vecinas, dejaban de lado el título de estas autoridades sobre Baiona.
El conde de Hérouville expresó también su descontento por el silencio que la Corporación había guardado sobre su nombramiento, que había tenido la atención de comunicarle añadiendo sin embargo que no le guardaba rencor, y que pensaba que no había habido mala voluntad por su parte, y que él estaría a su disposición si llegaba la ocasión no queriendo hacer uso de su autoridad más que en servicio del bien público, y exhortaba a los magistrados a secundar sus propósitos. La Corporación municipal le dio las gracias y en su sesión del 28 de julio decidió que se le ofrecería una bolsa de 100 luises, 30 pistolas a su secretario y 5 luises a su doméstico, además de una presente de vino. Así pues, aunque la entrada no fue oficial, no costó menos de 2.960 libras.
Ref. Edouard Duceré: Dictionnaire historique de Bayonne, 2 vols, Bayonne, 1911-1915.
