Biografías

HAUDAUDINE

Célebre personaje que merece una mención en la historia de Baiona; nació en el número 28 de la calle de los Vascos. Después de la batalla de Cholet, el estrecho emplazamiento ceñido por el Loira, estaba lleno de más de 100.000 fugitivos de la guerra de la Vendée, mujeres, ancianos y niños. Entre los cinco mil prisioneros republicanos se encontraba un joven negociante bayonés, Haudaudine, que fue encargado por los jefes de la Vendée de ir a Nantes a hacer proposiciones de intercambio. Y él juró volver a dar la respuesta, favorable o no, de las autoridades de Nantes. Al parecer en esta época los hombres eran de bronce, y nada humano alentaba en su pecho. Una vez delante de los comisarios del gobierno, Haudaudine impuso silencio a la voz humanitaria que podía conmover sus corazones y no dejó hablar más que la voz de la política: "Toda transacción con los rebeldes sería un acto de debilidad y debe ser descartado", dijo. Quisieron combatir sus argumentos, pero, a fuerza de energía, Haudaudine les obligó a tomar la decisión de rechazar el intercambio propuesto. "Ahora que he logrado mi propósito -dijo-, no me queda más que ir a dar a conocer vuestra decisión a los jefes sublevados". En vano las plegarias de su familia, las instancias de sus amigos intentaron quebrantar su inflexible resolución; en vano los administradores del distrito pretendieron liberarlo de su juramento ridiculizando una tal lealtad para con unos bandidos. "La moral que predicáis en esta ocasión no es la que me dicta mi conciencia. Cualquiera que sea la suerte que me espera, volveré al lugar de donde vine, y no autorizaré, por faltar a mi palabra, la matanza de mis compañeros de armas". Los cinco mil cautivos estuvieron a punto de ser exterminados por los de la Vendée y sólo se salvaron por la clemencia de Bonchamp; las palabras que éste pronunció al morir, para salvar a los suyos del horror de una carnicería semejante, libraron más tarde de la muerte a su mujer, pues Haudaudine hizo certificar ante el tribunal revolucionario que ella había obtenido de su marido, en su lecho de muerte, la gracia de los cinco mil prisioneros. M. de Bonemere termina así el relato de este curioso hecho: "Qué cosa tan extraña es la gloria entre los hombres. Tenemos aquí un jefe de los insurrectos que al morir, dijo, y puede, incluso, que no lo dijese, unas palabras para impedir la matanza de cinco mil de sus semejantes; y el nombre de este personaje vivirá en la historia. A su lado tenemos un ciudadano, soldado por azar, que lleva el respeto de la palabra dada hasta el extremo de desafiar una muerte que parecía cierta. Salvado por milagro, tiene la osadía de hacer firmar en una época en que la ley de los sospechosos convertía en crimen la simple piedad, en todas las ciudades de Bretaña un atestado falso para salvar, con riesgo de su propia vida, a una mujer justamente condenada por las leyes. Y el nombre de este Régulo nantés no encuentra eco en la memoria de los hombres. Un escultor inspirado, David -de Angers-, ha inmortalizado a Bonchamp, un adversario político que otorgó el perdón a los prisioneros republicanos, pero no hay ni un solo pintor que plasme a Haudaudine viniendo a traer, a la iglesia de Saint- Florent, la fatal noticia y a compartir la suerte de los cinco mil prisioneros. Este hombre no merecía tal olvido, pues su vida está llena de hechos gloriosos. Nacido en Bayona, abandonó esta ciudad a los veinte años, después de haber dejado a sus hermanas su parte de la herencia de la familia, diciendo que el deber de un hombre era bastarse a sí mismo y elevarse con su trabajo. Vino a Nantes, donde entró como un simple empleado en casa de un negociante del que se hizo socio y amigo, y murió en 1840, a la edad de noventa años. Durante la Revolución, consiguió a bajo precio los bienes de una Sra. de Montaigne. Y desde el momento en que los emigrados pudieron entrar en Francia, se puso a buscar a esta dama, llegando a descubrir que vivía miserablemente en Inglaterra. Le escribió para que volviese a Francia, y a su llegada, le devolvió su propiedad, que había administrado durante su emigración y cuyo valor habla hecho aumentar considerablemente. No aceptó de madame de Montaigne más que la devolución del dinero que le había costado y le remitió la suma a que ascendían las rentas acumuladas, así como los títulos de las inversiones que había realizado. Con él tenemos, pues, un hermoso nombre digno de ser inscrito en las páginas del Libro de Oro de Baiona. Ref. Edouard Duceré: Dictionnaire historique de Bayonne, 2 vols, Bayonne, 1911-1915.