Léxico

HAGIOGRAFÍA

Apenas han transcurrido los primeros siglos del cristianismo en que la apologética de su doctrina preocupa exclusivamente a sus escritores, comienza la era de los cronistas, biógrafos y narradores eclesiásticos. Mas, prescindiendo de los autores de historias de la Iglesia, de los siglos IV al XI, como los griegos Eusebio de Cesárea y su continuador Sócrates, Teodoreto de Ciro, Filostorgio, Sozomeno y Palladio y los latinos Juvencio, Cassiodoro, S. Gregorio de Tours con su Historia Francorum, S. Isidoro de Sevilla con su Historia gentis Visigothorum, S. Beda con Historia ecclesiastica gentis Anglorum y Pablo Diácono con Historia gentis Longobardorum, ya en el primer cuarto del siglo V, Severo Sulpicio escribe la Vita Sti. Martini y S. Jerónimo De Viris illustribus, Altfrido en el IX la Vita Sti. Ludgeri, Radbodo de Utrecht en el X nos da las de S. Suitberto, Amelberga, Lebuino y Servasio, y el griego Simeón Metafraste inicia ya la historia general de los santos y mártires cristianos. En los siglos XIII y XIV, S. Buenaventura compone la Vida de S. Francisco; Joinville la Historia de S. Luis, rey de Francia, y Jacobo de Vorágine da forma literaria y contornos atrayentes a las Vidas de los santos, que merecerán el calificativo de Leyenda áurea. Con la edad moderna entra la hagiografía en su fase más cumplida y luminosa, extendiéndose a toda la Iglesia y pugnando por dar a sus estudios la autoridad de una crítica documental cada día más perfecta. En 1570, Surio publica en Colonia seis volúmenes en folio De probatis Sanctorum vitis; Lavius, su Vitae Sanctorum, en 1618; el monje celestino francés Gonon da al público las Vitae Patrum Occidentalium en 1625, y Les illustres pénitents et les charitables envers les pauvres, en 1641, en Lyon; salen a luz en Amberes, en 1643, los primeros tomos de la obra del jesuita belga Juan Bolland, y sus colaboradores los Bolandistas, titulada Acta Sanctorum quotquot toto orbe coluntur; el benedictino Mabillon da a la estampa en París, año de 1668, nueve volúmenes de Acta sanctorum Ordinis Sancti Benedicti; el Padre Heredia, en Madrid, 1685, Vidas de santos de la Orden de S. Benito, y 4 años más tarde, Ruinart hace imprimir en París las Acta primorum martyrum sincera et selecta, obra de gran valor histórico, sin que pretendamos tomar en cuenta el cúmulo de datos hagiográficos diseminados en los 282 volúmenes de la Patrología grecolatina de Migne (París, 1844-1857), en los 13 de Monumenta Germaniae historica (Berlín; 1877-1898) y en las biografías de los Sumos Pontífices de Duchesne, Watterich y Pastor. En parangón con estas obras monumentales, fruto de una investigación de primera mano o de magnifica recolección bibliográfica, poco significan los escasos Santorales editados en lengua castellana, de los cuales los anteriores al siglo XVI parecen "mera traducción de la Leyenda áurea", y los posteriores, sin exceptuar los Flos sanctorum de Alonso de Villegas (Toledo, 1568) y del P. Pedro de Rivadeneira (1599-1601) "explotan ya otras minas, principalmente el Sanctorum catalogus de Pedro de Natali o Natalibus; Sanctorum priscorum vitae, de Lipomano y De probatis Sanctorum historüs, de Surio, por quienes se comunica la tradición hagiográfica oriental de Simeón Metaphrastes".