Léxico

GOLILLA

Historia. Desde antiguo el distintivo del Concejo de San Sebastián fue el traje de golilla, que consistía en zapato bajo con hebilla de plata, medias negras de seda, calzón corto, chaqueta ajustada con aldetes y vuelillos en los puños, capa de mucho vuelo con cuello alzado y sombrero algo ancho de felpa de seda con dos plumas; moda masculina caballeresca a todas luces, del XVII. Pero no sin obstrucción y algunas perturbaciones, pudo mantenerse en el seno de la Corporación donostiarra aquel vestuario tan singular hasta más acá del primer tercio del siglo próximo pasado, época tan renovadora en la vestimenta. Porque ya el año 1738 un alcalde se había opuesto, contra la voluntad de los Regidores, a vestir en las ceremonias públicas aquel indumento consagrado como de rigor en la Corporación, y esta disparidad de opiniones dio lugar a que la población se dividiese en dos bandos, repitiéndose anomalía semejante en 1766 cuando dos ediles militares pretendieron suplantar con sus uniformes el traje oficial de golilla. ¡Era el tiempo en que los caballeros junteros guipuzcoanos, al son de clarines clamorosos, se presentaban solemnes a las Juntas Generales de Guipúzcoa, espadín al cinto, con uniformes negros, "estándoles prohibidas las telas", para dejar a la entrada del recinto parlamentario los espadines en señal de quietud y paz. Según D. Joaquín de Ordóñez, había en San Sebastián a mediados del siglo XVIII doce tejedores, más de sesenta sastres, otros tantos maestros de obra prima, que unos y otros vestían y calzaban a las mil maravillas así a hombres como a mujeres, y también zapateros remendones. "Por lo tocante a trajes, el Corregidor (que siempre es un togado como en Bilbao), Alcalde y Alguaciles, andan de golilla de día y de noche; los Regidores, los días en que salen de la ciudad en forma con sus Maceros; los caballeros gastan buenos vestidos, ricas chupas bordadas o con muchos galones de oro y plata con todos los cabos a este tenor y pelucas de la última moda; los demás ciudadanos y comerciantes les imitan en lo más, y se equivocan; vése que aquí todos son nobles por naturaleza excepto los forasteros, que necesitan acreditarlo; el vestido militar es aquí tan común que no hay quien salga a la calle de otra forma, y con buenas pelucas y espadines de plata, y, lo que es más, los labradores que viven en el campo en la soledad de sus caseríos y entre riscos, para ir a misa y venir a la ciudad en días festivos, usan del mismo traje militar, buenos espadines y de plata, algunos con peluquín y los más con pelo propio; todos los chicos y niñas andan muy decentes, especialmente los días festivos, con vistosas chupas los unos y con sus baticas o chambras las otras y batas largas según las clases". Pero subsistió aquel vestuario secular de los representantes populares de la ciudad de San Sebastián hasta 1841, en que -atendiendo a que algunos alegaban el carecer de traje de golilla como razón fundamental para no hacer acto de presencia en las ceremonias públicas- se modificó el traje corporativo de etiqueta adoptándose resueltamente el uso del frac, prenda que los Concejales exhiben actualmente con guantes blancos, corbata blanca y medalla-insignia al ojal del frac, mientras el Alcalde y los Tenientes añaden a estos detalles la vara y el tricornio, que les son peculiares como signo de autoridad, cuando el Ayuntamiento va en corporación precedido por erguidos tamborileros, clarineros y maceros de vistosos y elegantes trajes ancestrales en señal de dignidad y excelencia. En un álbum de Guipúzcoa editado en San Sebastián el año 1857, leemos: "El Ayuntamiento de San Sebastián ha vestido hasta hace muy poco tiempo la golilla, traje a la antigua española. Hace algunos años que ha dejado esa costumbre, pero los ministros o alguaciles conservan aún ese traje, que es muy respetable y llama la atención de cuantos le ven. Cuando la corporación va reunida en un día de ceremonia, se hace preceder de dos maceros vestidos con túnica damasco carmesí, muy elegante, y de los tamborileros que, para tales casos, gastan calzón corto, casaca con botón de plata, chaleco encarnado y tricornio". En Donostia-San Sebastián, Tolosa, Hondarribia, conservan los Ayuntamientos aún en nuestros días para sus bandas de txistularis esa antigua tradición de distinguida indumentaria de gala: calzón corto, zapato bajo con hebilla de plata, chaleco encarnado o azul oscuro con botonadura de plata, frac de este color y bicornio; atavío clásico de abolengo, digno de los Regidores que le implantaron para sus juglares en tiempos pasados.