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EUSKARA (PUNTOS DE VISTA PARA EL ESTUDIO DEL EUSKARA)

Configuración. La situación del euskara en Euskalerria ofrece una configuración condicionada por la sociocultura entornante. Antes de nada, ha de consignarse que el hecho euskérico es originario, por lo menos en lo que atañe al tiempo histórico, y, extremadamente remoto y probablemente originario, nativo, en cuanto al pasado prehistórico. El euskara, por lo que hace a los tiempos protohistóricos e históricos, ocupa un área lingüística compacta cuyos confines no es muy fácil precisar. Horizontalmente, ocupa la base del país, pero de un país mucho más extenso que el actual y cuyo eje central sería el Pirineo, por lo menos desde el Valle de Arán hasta la Encartaciones vizcaínas, comprendiendo dicho eje ambas vertientes pirenaicas, norte y sur. El problema de la delimitación externa y lingüística es más complejo de lo que parece a primera vista, pues debemos estudiar esa área lingüística en sus límites sociales, territoriales y nacionalitarios. Históricamente aparecen el latín y sus herederos, los romances, como lenguas de una cima social foránea o foraneizada en la que se da, además, el fenómeno político de la oficialidad. Quiere esto decir que en la cúspide de algunas formaciones sociales y políticas aparece una lengua foránea en competición con el idioma nacional vasco. El gráfico siguiente puede aclarar esa configuración socio-política:(Véase imagen). Los limites externos del euskara en la sociedad vasca serían euskara-erdara, de abajo arriba, siendo este erdara el latín, los romances, el árabe, etc., según lugares y tiempos. En la delimitación lingüística territorial hemos de distinguir entre idioma vasco y lenguas foráneas, contenidas en sus límites o desbordadas hacia adentro o hacia afuera. El latín y los romances, territorialmente, o son extraños o son periféricos, y, esto, es muy importante. Sabemos que por el Sur confinaba el euskara antes de llegar los romanos, con el celtíbero, por el Norte, con lenguas celtas como el galo, que por Oriente nos asediaba el ibero y por Occidente, ciertos dialectos más o menos indoeuropeos. (véase imagen). A esta de-limitación territorial hay que añadir los islotes sociales y oficiales del interior del área euskérica. El asedio al euskara se ha venido haciendo desde las llanuras hacia el interior de los valles y, por tanto, los primeros impactos erdéricos tuvieron lugar en nuestro Ager Vasconum, en nuestras tierras de olivo y de vid, tanto del lado del Garona como del lado del Ebro, el llamado "río de los vascones". El repliegue hacia el Saltus Vasconum, hacia nuestra montaña, es un fenómeno de mera disposición geográfica. No se trata de nada consustantivo, sino de quién se halla más hacia la llanura y quién, más alejado de ese entorno hostil. Es por estos motivos inadmisible hablar del euskara y del erdara como lenguas del país sin hacer previamente una tajante distinción entre lengua propia y lenguas advenedizas o simplemente periféricas, pero, atención, que lo periférico no se da solamente en el mapa territorial. A la periferia horizontal, geográfica, han de añadirse las periferias sociales y políticas que, en nuestro caso, existen desde muy antiguo, particularmente en Navarra a la sombra de la institución monárquica. A estas delimitaciones en la sociedad, en el país y en la nacionalidad, habría que añadir los contactos culturales, orales y escritos, que se dejan ver en la vida de relación, por un lado, y en las publicaciones, documentos y libros, por otro. La situación del euskara, ya señalada, se refleja en la dualidad cultural en la que el euskara oral limita con el erdara escrito, aunque éste, presionado desde abajo, rezume vascuence en nombres de personas, lugares y vasquismos léxicos. Y, llegando al terreno individual, nos encontramos con el hecho bilingüe, es decir, con la persona que habla tanto euskara como erdara, uno presionado por lo popular, el otro amparado e impuesto por lo oficial. El limite euskara-erdara, en este caso, es el límite de lo materno y de lo extraño. Y, si consideramos que ciertas personas, por la índole de su profesión o de su temperamento, viajan, emigran y, a veces, vuelven, podemos observar que el vasco que se destaca en algo ha de ser a través de las cimas institucionales propias y erderizadas o a través de las extranjeras. Entonces da su medida personal en el medio en donde vive y se destaca, latín, romance, francés o español moderno, etc. como es el caso de Prudencio, Rodrigo Ximénez de Rada, Loyola, Huarte de San Juan o Jesús Zubiri. Este hecho, explotado malévolamente por algunos nacionalistas españoles, no tiene nada de particular si nos atenemos a situar al vasco en medio del asedio implacable y masivo, lingüístico, se entiende, que le ha tocado vivir desde hace siglos. Mírese por donde se mire, latín, romances, español y francés modernos, son siempre lenguas originariamente periféricas (en la sociedad, en el espacio y en la oficialidad). Delimitar externamente al euskara es delimitar lo "nuestro" y lo "ajeno".

Euskara y raza vasca.
Las ideologías racistas de nuestro tiempo, tan en boga entre nazis y simpatizantes, han repercutido estúpidamente en el terreno de la investigación huyendo del factor raza por temor a ser considerado de racista quien así lo hiciere. Nada de eso; la raza es un factor biológico tan real como puedan serlo el territorio, la economía o la literatura, cada cual en su campo respectivo. Aunque casi nunca raza y lengua se correspondan en el mundo, en el caso vasco también nos hemos de encontrar con que son gemelas, hermanas. En el presente estudio investigaremos el esquema de la lengua vasca y la fórmula adoptada. El euskara es hoy de tan imprecisable origen como lo es la fórmula serológica de la raza vasca. El repertorio de hechos lingüísticos es el mismo en todas las lenguas; lo que varía es la fórmula adoptada. Del mismo modo el repertorio de factores raciales es el mismo en todas las razas y lo que difiere es, precisamente, la fórmula. Y tan desconcertante es la del euskara entre el cúmulo de lenguas conocidas, como es la de la raza vasca en el seno de la humanidad. El descubrimiento del euskara por los lingüistas europeos no fue tan impresionante como el de la sorpresiva fórmula racial y no sólo en lo que concierne a los grupos sanguíneos, sino en cuanto al porcentaje de Rh negativo. Los primeros y fantásticos apologistas de la lengua vasca, que la ponían en boca de Dios y de su primera criatura Adán, hubieran estado de enhorabuena en caso de haber vivido hoy. Algunos exaltados ya han llamado a Vasconia "cuna de la raza blanca". Según los antecedentes históricos y prehistóricos hoy conocidos podemos asegurar que área proto-euskérica y área proto-vasca han coincidido, más o menos, durante los últimos milenios. Es sabido que los linderos raciales, lo mismo que los lingüísticos, son siempre imprecisos, pasando por una zona de transición hacia los núcleos de otras razas y otras lenguas, y hasta el interior encerrado por esos linderos difuminados se ofrece siempre formando gamas dialectales y raciales. Otro dato importante es el probable comienzo de la raza vasca en ese mismo territorio como una evolución del hombre paleolítico. Casi simultáneamente aparecen también los primeros vestigios de la lengua vasca, originada, quizá por evolución del habla de ese pueblo. Cabe pensar, pues, que las actuales lengua y raza vascas son gemelas, aun en el caso poco probable de tener en Europa orígenes distintos. El euskara, como tal, hijo de otra lengua, sea cual fuere, se origina y forma aquí, en el Pirineo, a una con la raza vasca. La misma relación que el francés y el español guardan con el latín, guardará el euskara con la lengua anterior, el protoeuskara de los paleolíticos o del pueblo que fuere. Sus antecedentes remotos habría que buscarlos mediante el estudio comparativo, tal como lo hacen los lingüistas más eminentes. La investigación del parentesco "real" con las diversas lenguas del mundo podría dar la clave para una filiación verdadera del euskara.