Religiosos

EULOGIO

Hagiografía, II. Luego ofrecí satisfacer á vuestra petición, y me constituí deudor de esta oferta. Y partiéndome de vos, con apresurado viaje Begué á Zaragoza, por causa de mis hermanos, de quienes la común fama publicaba haber Begado en compañia de unos mercaderes, que bajaban de la Francia Ulterior. Y acercándome á la ciudad, me encontré con los mercaderes; y por relación de ellos supe, que mis peregrinos estaban desterrados en Moguncia, ciudad nobilisima de la Babiera. Y que esta relación fuese cierta, súpelo, volviendo con el favor de Dios tiempo después de la Galia interior mis hermanos. Habiéndome detenido algún tiempo con el anciano Pontífice, que con santas costumbres regía aquella ciudad, bajé á Alcalá, pasando de rebato por Sigüenza, en que á la sazón era obispo el prudentísimo varón Sisemundo. Y habiendo sido recibido con mucha honra de Venerio obispo de Alealá, después del quinto día, llegué á Toledo, á donde hallé vivo todavía á nuestro santísimo viejo Wistremino obispo, hacha del Espíritu Santo y luz de toda España. Cuya santidad de vida, que á todo el orbe ilustra, todavía abriga el rebaño católico con la rectitud de costumbres y altos merecimientos. Muchos días me detuve con él, gozando de su angélica compañia. Y habiendo en fin llegado á mi casa, á todos hallé con salud, conviene é saber á mi madre y dos hermanas, y á nuestro hermano menor, José: al cual la cruel indignación del tirano había derribado de su dignidad por aquellos días. Recibió con gozo á su peregrino la familia desamparada: y como si hubiera resucitado del sepulcro, se alegra de ver á su señor después de tan larga ausencia. Y yo, en todos mis coloquios os celebraba, Padre, y en todas las conversaciones familiares hacia memoria de vuestra beneficencia: y revolviendo en mi corazón el afecto de vuestra caridad, la estreché conmigo con los brazos de mi alma. Pero, porque prolijos intervalos de tierras, y tan largos espacios intermedios nos apartan, atravesándose también otro mayor y más cruel caos de confusión, por el cual yo puesto en Córdoba, gimo debajo del impío yugo de los árabes, cuando vos en Pamplona gozais la dicha de ser amparado debajo del señorío del Príncipe, que reverencia á Jesucristo, los cuales guerreando siempre entre si con graves conflictos, cierran el paso libre á los caminantes. De ahí es, el que no hayamos pagado antes á vuestra bondad el debido reconocimiento, y no hayamos satisfecho á vuetro piadoso deseo, enviando las reliquias, no teniendo por seguro encomendar a cualquiera, tal y tan gran riqueza. Pero ahora disponiéndolo Dios, el señor Galindo Iñiguez está de vuelta á su casa, y desea ver su tierra. Por su mano os remitimos las reliquias del sobredicho Mártir; y también las de S. Acisclo, aunque no las pedisteis· para que cumpliendo felizmente vuestro deseo, y erigiendo basílica á le bienaventurada memoria de ellos, nuestra obediencia halle con el favor divino su patrocinio, para el perdón, pagándolos Jesucristo, y recompensándoos lo que con nosotros habeis obrado; pues no se le esconde el gran favor, que nos hicisteis, y tiene caudal para retornarle con pía remuneración de ciento por uno; habiendo dicho: El que á vosotros recibe, á mi recibe y el que á vosotros desprecia. á mi desprecia. Y el que recibe al profeta en nombre de profeta, recibirá galardón, como de profeta; y quien recibe al justo en nombre de justo, recibirá galardón. como de justo. Todas las cosas os quedan ó Padre, aseguradas, y de repuesto en Dios; todas salvas y sin menoscabo, como debidas á vuestros piadosos trabajos, para recibirlas de él á su tiempo, cuando viniere el justo Juez, para dar á cada uno, según la calidad de sus empleos, ó el premio ó el castigo. Finalmente, Beatísimo Padre, no quiero que ignoréis la tribulación, que estos días estamos padeciendo, ocasionándolo nuestros pecados; para que defendiéndonos con más fervor con el acostumbrado escudo de la oración, merezcamos salir del profundo laberinto de nuestros tedios, por el mérito de vuestra intercesión, que no padecerá repulsa, y confiamos vale mucho en la estimación de Dios. Porque en este año presente, en que se cuenta la era ochocientas y ochenta y nueve encendiéndose contra la Iglesia de Dios el furor cruel del tirano, todo lo ha devastado y esparcido arrojando en las cárceles á los obispos. presbíteros, abades, levitas y todo el clero. Y á cuantos ha podido hechar mano en esta ocasión, amarrándolos con hierros, como si fueran cuerpos muertos, los ha arrojado en las cuevas subterráneas. Entre los cuales, yo pecador, vuestro amado, también he sido aprisionado· y juntos todos estemos padeciendo los horrorosos ascos de los calabozos. Ha dejado viuda á la Iglesia, despojándola de tos ministerios sagrados, privándola del oráculo, enajenada de los oficios divinos. Y en este tiempo ni tenemos oblación ni sacrificio ni lugar de primicias, con que podamos aplacar á nuestro Señor; sino que con las almas contritas y espíritu humillado pagamos á Jesucristo los deseos de alabanzas: de suerte, que faltando en esta congregación la música de los salmos resuena en los retretes de los calabozos el murmullo santo de los himnos. Todo lo cual el señor Galindo, con prudente relación, os podrá contar más por menudo. Porque yo, parte por el ahogo de la tristeza, y parte también por evitar el fastidio de una oración mal limada, he estrechado esta escritura, temiendo, que la brevedad de caria, no se pasase á comentario. Pero atendiendo á los siglos de las generaciones venideras, y porque no ignoren del todo nuestras tribulaciones y calamidades, de muchas, tocaré siquiera algunas pocas. Algunos de los presbíteros, diáconos, monjes, vírgenes y legos, armados de un repentino celo de la Divinidad, saliendo á la plaza pública hecharon de ella al enemigo de la fe, detestando y maldiciendo á su nefando y malvado profeta Mahoma. Y esforzando su animoso espíritu, dando testimonio exclamaron. Este hombre á quien vosotros reverenciáis con suma veneración, y cuya secta sembrada de hechicerías, inspirada por instigación de los demonios con tanto honor abrazáis, sabemos que fué mago, adúltero, embustero: y os protestamos, que sus secuaces serán metidos como esclavos en los lazos de eterna perdición. Por qué razón pues vosotros, que sois hombres prudentes, os hacéis participes de tan grandes sacrilegios, y no volvéis los ojos á la verdad del Evangelio? Predicando con su confesión estas y semejantes cosas, según se las dictaba el espíritu en presencia de los reyes y príncipes, todos fueron pasados á cuchillo; cuyos cuerpos hechos pedazos pusieron en palos y después de algunos días los quemaron, y sus cenizas hecharon al río. Y muchos de los cuerpos, sin darles sepultura, dejaron delante de las puertas del palacio, para pasto de las aves y los perros, poniendo guardias de soldados, para que ningún cristiano movido de humanidad, diese sepultura á los cadáveres ya secos y sin carne, según está escrito: Pusieron los cuerpos muertos de tus siervos para cebo de las aves del cielo, y las carnes de tus santas á las bestias de la tierra. Derramaron su sangre, como si fuera agua, en torno de Jerusalén, y no había quien los sepultase. Cuyos nombres y días del martirio, al fin de la carta pondremos por orden. Por esta misma causa quedo ya preso y con grillos, atribuyendo á consejos y exhortación mía, lo que ellos por divina ilustración obraron. Por lo cual os ruego, que apliquéis para mi defensa, el socorro de vuestras oraciones, y dispongáis se sepa en todos vuestros monasterios mi cárcel y prisiones y que encarguéis, que velen con humildes y piadosos ruegos: así acabada la lucha de este mundo os veáis gozosos en el eterno premio. Los oficios de salutaciones, que por mucho tiempo en otras hemos omitido, ahora con humilde reconocimiento pagamos, pidiendo á Dios, que gocéis mas felices tiempos, y rogándoos, que salva la reverencia de vuestro honor, tengáis por bien de saludar en nuestro nombre á nuestros amables y charisimos padres, conviene á saber, á Fortuño abad del monasterio de Leyre con todo su colegio. A Atilo, abad del monasterio de Cillas con todo su colegio. A Odoario abad del Monasterio Cisariense con todo su escuadrón. A Jimeno abad del monasterio de Igal con todo su colegio. A Dadilano abad del monasterio de Urdaspal con todo su colegio. Saludamos también á todos los demás padres, que en nuestra peregrinación tuvimos por tutores y consoladores. Y á toda la escuela del Señor con ósculo santo. En el nombre del Señor, reinando para siempre nuestro señor Jesucristo, en el año de su Encarnación 850, en la era 888, el día 18 de Abril Perfecto presbítero padeció martirio. En el año siguiente, que ahora corre, y es la era 889 á 3 de Junio Isaac monje fue martirizado. Después del cual Sancho lego del pueblo de Alava á 5 de Junio de esta misma era, triunfó con muerte de mártir. Y después Pedro presbítero, Walabonso diácono, Sabiniano, Wistrebundo, Habentio y Jeremias, monjes, en un día y una misma hora á 7 de Junio fueron martirizados en la era sobredicha. Sisenando diácono en la misma era, á 16 de Julio padeció martirio. Paulo diácono padeció á 20 de Julio de la misma era. Teodemiro monje á 23 de Julio de la misma era fue muerto. Estos son los que entregaron sus cuerpos á la muerte, para dar testimonio de la verdad, y vivir eternamente. Asimismo á dos Vírgenes de Jesucristo, Flora y María, por la misma confesión, á una con nosotros han encerrado ahora en el calabozo, y cada día nos amenazan con la muerte. Fué dada la carta á 15 de Noviembre por mano del ilustre varón, Galindo Iñiguez, en la era 889. (Traducción de Moret).

Bernardo ESTORNÉS LASA