Bandoleros

Dubedat

Célebre capitán corsario, nacido en Baiona, en la calle Pannecau, hacia la mitad del siglo XVIII. Capitaneó un gran navío que fue equipado en Burdeos, la Citoyenne Françáise -la Ciudadana Francesa-, que llevaba 26 cañones de 6 y 12 en sus baterías y 6 obuses en los castillos. Cuando salió de la Gironda, Dubédat tenía bajo sus órdenes al lugarteniente Rigal. El navío cruzaba entre las Canarias y Cabo Verde, cuando una vela fue avistada hacia las 4 de la tarde. Corría el mes de mayo de 1793. El mismo día Dubédat había capturado un buque y una galeota hamburguesa y los había mandado a Francia, cosa que había hecho disminuir la fuerza de su tripulación. Pronto el navío sospechoso se encontró cerca, y se vio entonces, que tenían que vérselas con una fragata de primer orden. A pesar de esto la lucha se entabló inmediatamente. Dubédat maniobró de tal manera que vino a colocarse verga con verga con el enemigo.

En seguida comenzó un fuego terrible que cubrió todo el puente de metralla y de proyectiles. La corta distancia tornó las consecuencias del cañoneo desastrosas. A bordo de la fragata inglesa las jarcias fueron destrozadas, las velas convertidas en girones y el juanete arrancado con una parte del mástil de cofa. En los dos navíos la gente se deslizaba en medio de la sangre. En las primeras andanadas llegadas del barco inglés, el capitán Dubédat había recibido una bala de cañón en pleno pecho. Los corsarios no se habían dado cuenta de la pérdida de su jefe. El lugarteniente Rigal tomó el mando de la Citoyenne -la Ciudadana-, y el combate, lejos de aminorar, continuó con nuevo empuje. La batalla duraba ya cerca de tres horas, cuando el lugarteniente Rigat ordenó ir al abordaje. La fragata, medio desmantelada, había perdido una parte de su bauprés y de su trinquete; a pesar del mal estado de su arboladura, logró aprovechar el viento y confió a la huida la única posibilidad de salvación que le quedaba.

El buque bordelés siguió su estela, y los hombres que lo ocupaban lanzaban gritos de victoria; pero la Citoyenne no había salido mejor parada que la fragata; sus mástiles estaban rotos, sus velas y sus aparejos flotaban al viento hechos girones. Tuvieron, pues, que renunciar a la esperanza de alcanzar al navío inglés, que no tardó en desaparecer en el horizonte. El 3 de junio del mismo año, la Citoyenne Française ancló delante de Burdeos. Los rumores de combate heroico que había sostenido le habían precedido. Era la época en la que se decidía, en la Convención, la suerte de los Girondinos. Burdeos era presa de una gran inquietud. El triunfo de Robespierre sembraba d espanto por todas partes. Estos temores generales fueron, sin embargo, olvidados durante algunas horas y una muchedumbre considerable fue a los muelles para ver este navío cuyos mástiles medio desarbolados y el velamen desgarrado por la metralla, daban testimonio de sus sublimes esfuerzos. Los bordeleses recibieron el premio de .su valor.

El 22 de junio siguiente cuando Barère, invocando el plan desastroso de Thénier, expuso en la Convención que el Estado necesitaba 11.000 marineros y que era preciso poner en práctica un embargo general de todos los navíos de la marina mercante, una sola excepción fue admitida: la que se hizo en favor de la Citoyenne Française, de Burdeos, de la que se quiso recompensar el valor y que de esta manera, fue la única que, durante dos años, tuvo el privilegio de comerciar. Ref. Edouard Duceré: Dictionnaire historique de Bayonne, 2 vols, Bayonne, 1911-1915.