La encrucijada de los Cinq-Cantons de Bayona no es, propiamente hablando, una plaza pública, sino más bien una de esas encrucijadas de formación muy frecuente en la edad media. Se encontrará en la historia de la puerta Mayou, que se levantaba en ese punto, cómo esta encrucijada se formó en el centro de la nueva ciudad, especie de unión entre la ciudad alta y los barrios construidos recientemente. Los Cinq-Cantons se citan en nuestros antiguos libros durante toda la última parte de la edad media y bajo el antiguo régimen. Era también uno de los principales puntos señalados por el clamor público y la publicación de las ordenanzas de policía. Esta plaza ha sido durante mucho tiempo el lugar de cita de los mercaderes de fuera, equilibristas y otros saltimbanquis, y esto a pesar de las ordenanzas que les prohibían el acceso severamente. En efecto, encontramos en 1696, un tal Rogier, comerciante, perseguido por un alboroto del que había sido causa en los Cinq- Cantons. En 1745, una ordenanza del intendente Caze de la Bove exige, en el más rápido plazo, el derribo de la antigua puerta que hacía de esta encrucijada un verdadero callejón, impidiendo el construir nada que pudiera interceptar el paso. Los dos principales adornos de la encrucijada eran: un reloj público y una fuente, que parece datar de una gran antigüedad. Varios escritores bayoneses han dejado descripciones del Cinq-Cantons llenas de vida y de movimiento. Ref. Edouard Duceré: Dictionnaire historique de Bayonne, 2 vols, Bayonne, 1911-1915.
