Casa de. Reinó en Nav. entre 1234 y 1274. Fueron tres reyes: Teobaldo I (Tibalt I), entre 1234 y 1253; Teobaldo II (Tibalt II), entre 1253 y 1270), y Enrique I, desde 1270 a 1274, año en que entra a gobernar la Casa de Francia. D. Teobaldo I, sobrino carnal de Sancho el Fuerte, estuvo en Nabarra durante algún tiempo, entendiendo en la gobernación del Reino, sin duda por enterarse de los usos, costumbres y necesidades de los futuros súbditos. Pero el sobrino, joven, poeta, músico, elegante, pacífico y jovial, y el Rey, viejo, huraño, misántropo y guerrero, no congeniaron. Sancho decía de Teobaldo: «Nos ha devuelto mal por bien, y se porta tan mal con Nos, que ha llegado a conspirar con nuestros hombres de Nabarra, para destronarnos y alzarse rey». Le apartó de sí, y quiso privarle de la sucesión a la corona, prohijando a Jaime I. Muerto Sancho, fue proclamado y jurado en la Catedral de Pamplona el Conde de Champagne, y además, según los usos de Francia, ungido. Los nobles, que durante el reinado anterior se confederaron para la defensa de sus privilegios, acudieron al rey nuevo alegando de agravios. Teobaldo, opuesto al aumento de la clase nobiliaria, porque disminuía el número de los pecheros y personas sometidas a los impuestos, procuró dificultar las pruebas de hidalguía, demasiado fáciles según las costumbres vigentes. De ahí numerosos contrafueros, reales o imaginarios, que el Rey excusó con las siguientes palabras: «Nos, como home nuevo que non entendiamos encora las costumes ni los feytos sabiamos de Nabarra...» Renovaron los nobles sus hermandades, que el pontífice Gregorio IX, en 1235, por sacar adelante su proyecto de cruzada quiso disolver, dando encargo de ello a los abades y prelados de Iranzu, Roncesvalles, Tudela y Pamplona, y por fin ellos concertaron con el Rey que ambas partes sometiesen el pleito a la decisión del Papa, obligándose expresamente cincuenta de ellos a que «ternan et agardaran por siempre el mandamiento del Apostóligo», aunque los demás no lo acatasen. Con esto quebrantóse la fuerza de los infanzones jurados y pudo el Rey proveer a su expedición a Tierra Santa, la cual dio ocasión a que ganasen imperecedera gloria, en el paso del monte Tauro, Teobaldo y sus nabarros. La cruz que éste tomó no fue parte a que el obispo de Pamplona, D. Pedro Jiménez de Gazólaz se retrajese de excomulgarle en 1246, por cuestiones de índole temporal. Teobaldo I atendió solicitamente al fomento de la agricultura y al aumento de la población; trajo de Champagne colonias de labradores y artesanos y nuevas especies de árboles frutales. Dieciocho años de edad contaba Don Teobaldo II cuando comenzó a reinar. Fue regente suya madama Margarita de Borbón, mujer de mucho seso y prudencia. Los nobles se habían juramentado en Olite para no acatar como rey a Teobaldo si no les juraba enmendar los contrafueros. Consecuencia de esa liga fue la nueva fórmula de juramento que prestó el Rey en el acto de su coronación. Madama Margarita estrechó la alianza aragonesa y desbarató con ello los designios hostiles de Alfonso el Sabio. En una entrevista que celebraron Jaime I y Teobaldo II (año 1254) prometió éste no tomar por esposa a hija ni hermana del Rey de Castilla sin el beneplácito de aquél. Teobaldo casó el año 1258 con madama Isabel de Francia, Hija de San Luis: el santo Rey, al despedirse de los jóvenes desposados, les regaló una espina de la corona del Salvador que trajeron consigo a Pamplona. Teobaldo, acompañado de su esposa, tomó parte en la desdichadísima octava cruzada. Los nabarros se distinguieron en la batalla del Estaing, uno de los pocos sucesos prósperos de la expedición. Al regresar murió Teobaldo, y antes de arribar a Marsella pasó a mejor vida la reina Isabel, agobiada por la inmensa pena de haber visto morir a su padre el rey Luis en Cartago, y a su marido, en Trápani. Enrique I reinó tres años próximamente. Procuró robustecer la autoridad regia por medio de convenios con los grandes para la reversión a la corona de ciertos señoríos. Sólo tuvo tiempo de comenzar obra tan difícil. Cometió el yerro de consentir se rompiese la unión de la ciudad y los barrios de Pamplona. Nube que se formó en éste y descargó sobre el inmediato reinado.-A. Campión.
