Fiesta tudelana que tiene lugar el domingo de Resurrección. Consiste en el descenso, por medio de una fuerte cuerda sujeta a ambos lados de la plaza de un chico de seis a nueve años que se dirige por los aires hacia la figura de la Virgen. Llegado ante ella, el niño saluda con una banderola y quita el velo de luto a la figura comenzando con ello los festejos de la Resurrección. Según refiere Iribarren en De Pascuas a Ramos esta festividad dejó de celebrarse sólo en tres ocasiones: desde 1809 hasta 1813 -ocupación napoleónica-; en 1869, debido a una densa nevada y, entre 1932 y 1936.
