Religiosos

AYALA, Martín de

Sacerdote, hijo o descendiente del caballero Avalos de Ayala y de la indígena Curi Ocllo, nacido probablemente en el Cuzco (Perú) hacia 1555, medio hermano del cronista Huamán Poma de Ayala, figura recordada con veneración por éste.

Huamán Poma en su Crónica da una serie de rodeos para explicar la filiación de su hermano uterino. Dice en una parte, que era "entenado" de Huaman Mallqui, en otra que era hijo de Juana Curi Ocllo y en otra que Luis Avalos era "padre de dicho santo hermitaño Martín de Ayala". En ningún momento nombra juntos a su madre y al capitán Ayala, para evitar humillaciones. El mestizo Martín de Ayala "hijo de un caballero principal y nieto de Topa Inga Yupanqui" (733), se distinguió desde niño por su vocación religiosa y tendencias ascéticas.

A los siete años comenzó a servir en el Hospital de Naturales del Cuzco y a los doce, recibió el hábito de ermitaño. En la época del Virrey Enríquez (1582) entró a la conquista de los Chunchos y Andesuyos de Manari, con Martín Hurtado de Arbieto con el deseo de ser mártir, pero escapó a la matanza de los indios, que se sublevaron. Fue sacerdote y clérigo de misa en Huamanga de cuyo hospital fue capellán. Según Huamán Poma repartía grandes limosnas, amaba y auxiliaba a los indios y limpiaba a los enfermos, "en las noches le enseñaba a su padrastro don Martín de Ayala y a su madre, y a sus hermanos penitentes el santo mandamiento".

El obispo del Cuzco, fray Jerónimo de Montalvo, impuso, sin embargo, al padre Martín de Ayala, la obligación de servir un curato en el pueblo de Gran Canaria, próximo a Huamanga, donde los indios tenían contiendas con el encomendero don Jerónimo de Oré. El padre Ayala se negó a ir por no dejar a sus enfermos del hospital, pero amenazado de excomunión, tuvo que cumplir la orden episcopal.

Sólo estuvo unos meses, como interino, en el pueblo de Canaria y entre voces y llantos de los indios se regresó a Huamanga a su hospital y capellanía donde murió, "a los pocos meses" , en 1591, a los cuarenta años de su nacimiento. Le enterraron en la iglesia de San Francisco en la capilla de Nuestra Señora de la Limpia Concepción, donde más tarde fueron enterrados sus padres. Su retrato, junto con el del piadoso Administrador don Diego Beltrán de Caicedo, fue colocado en el Hospital.

Archivo AUÑAMENDI