Conjunto de armas defensivas con que recubre su cuerpo el guerrero medieval y de la temprana edad moderna: armak, harmak, harmadura, tresnak.
Son conocidas gracias a algunos ejemplares conservados en los museos y colecciones particulares y a sus representaciones en sellos céreos, relieves, miniaturas, grabados, etc. sobre todo a partir del siglo XV.
El vasco, habituado, como nos dicen los autores antiguos, a combatir con la cabeza descubierta y ligero de ropas y armas, debió vestir en ocasiones las armaduras cuando las armas ofensivas lo fueron exigiendo. Este vasco es el señor y el hombre importante. Los hidalgos combaten sin más defensas que la espada, un broquel, un puñal, la lanza y azkona al hombro y una ballesta en la mano de varias saetas.
La armadura se inicia, con una loriga o cota (a base de mallas entrelazadas), en el siglo XIII. Un yelmo cubre la cabeza y parte de la cara. El estribo se introduce en la caballería del siglo VIII pero la caballería era escasa en tierra vasca. A partir del siglo XIII comienzan a protegerse con piezas metálicas las distintas partes del cuerpo. Se distingue ya el arnés de guerra y el arnés de justa. En la batalla de Nájera (1367) comienzan a usarse las novedades traídas por ingleses y franceses. Pero ya en 1358 el infante navarro D. Luis hacía venir de Burdeos a obreros especializados para fabricar armaduras. Al caballero navarro N. Armendáriz le costó un jupón 4 florines, una cota de acero, 22, el jaque 25, las agujetas de seda guarnecidas de plata para el jaque dos florines, el bacinete 18, una espada de Burdeos 6, o sea un total de 77 florines. En el siglo XV el arnés blanco o armadura de hierro, mediante piezas unidas por correas pero cubierto totalmente el cuerpo, se extiende por todas partes.
En el Museo Provincial de Arqueología y Armería de Vitoria hay varias salas donde se exhiben armaduras y arneses de distintos modelos sobre todo de los siglos XV, XVI y XVII. La ciudad de Bayona poseía más de 60 armaduras completas para jinetes y 400 para hombres a pie, a prueba de bala y de pica. La adquisición de una de estas bellas armaduras que permitía a su feliz propietario el desafiar los ataques de ballesta más aguzados y los proyectiles de una mosquetería aún en su infancia, arruinaban a menudo a los hidalgos que dudaban a veces en cambiar una pingüe granja o una hermosa viña por algunas placas de acero bien ajustadas. Pero la ciudad de Bayona, preocupada por la vida de sus hijos y sus defensores, no había reparado en el gasto y nuestros archivos nos conservan aún huellas de tratos, algunas veces onerosos, realizados en diversas épocas para la provisión de estas armaduras de hierro, con los mejores maestros armeros conocidos. La ciudad poseía en sus arsenales, numerosas armaduras; algunas de entre ellas habían sido facilitadas por Mathieu Destrade, armero de Bayona. Cuando las armas de guerra fueron entregadas, más tarde, a la autoridad militar, la ciudad conservó estas armaduras, que eran de su propiedad, y las colocó en la sala principal del Ayuntamiento de la que fueron ornato. Pero en 1759 el ministro de la guerra, M. de Crémilles, las reclamó de repente. La ciudad, dolida de esta reivindicación mal fundada, escribió al rey y al ministro y terminó por ganar el pleito. Habían sido vendidas a peso de hierro, es decir a 9 libras 10 soles el quintal.
Refs. Edouard Duceré: Dictionnaire historique de Bayonne, 2 vols, Bayonne, 1911-1915; Altadill, J.: Arneses, armaduras y objetos de armería confeccionados en Navarra. "Boletín de la Comisión de Monumentos de Navarra", 1934, XVIII, p. 324; Museo Provincial de Álava. Armería. Vitoria, 1967.
Bernardo ESTORNÉS LASA
El vasco, habituado, como nos dicen los autores antiguos, a combatir con la cabeza descubierta y ligero de ropas y armas, debió vestir en ocasiones las armaduras cuando las armas ofensivas lo fueron exigiendo. Este vasco es el señor y el hombre importante. Los hidalgos combaten sin más defensas que la espada, un broquel, un puñal, la lanza y azkona al hombro y una ballesta en la mano de varias saetas.
La armadura se inicia, con una loriga o cota (a base de mallas entrelazadas), en el siglo XIII. Un yelmo cubre la cabeza y parte de la cara. El estribo se introduce en la caballería del siglo VIII pero la caballería era escasa en tierra vasca. A partir del siglo XIII comienzan a protegerse con piezas metálicas las distintas partes del cuerpo. Se distingue ya el arnés de guerra y el arnés de justa. En la batalla de Nájera (1367) comienzan a usarse las novedades traídas por ingleses y franceses. Pero ya en 1358 el infante navarro D. Luis hacía venir de Burdeos a obreros especializados para fabricar armaduras. Al caballero navarro N. Armendáriz le costó un jupón 4 florines, una cota de acero, 22, el jaque 25, las agujetas de seda guarnecidas de plata para el jaque dos florines, el bacinete 18, una espada de Burdeos 6, o sea un total de 77 florines. En el siglo XV el arnés blanco o armadura de hierro, mediante piezas unidas por correas pero cubierto totalmente el cuerpo, se extiende por todas partes.
En el Museo Provincial de Arqueología y Armería de Vitoria hay varias salas donde se exhiben armaduras y arneses de distintos modelos sobre todo de los siglos XV, XVI y XVII. La ciudad de Bayona poseía más de 60 armaduras completas para jinetes y 400 para hombres a pie, a prueba de bala y de pica. La adquisición de una de estas bellas armaduras que permitía a su feliz propietario el desafiar los ataques de ballesta más aguzados y los proyectiles de una mosquetería aún en su infancia, arruinaban a menudo a los hidalgos que dudaban a veces en cambiar una pingüe granja o una hermosa viña por algunas placas de acero bien ajustadas. Pero la ciudad de Bayona, preocupada por la vida de sus hijos y sus defensores, no había reparado en el gasto y nuestros archivos nos conservan aún huellas de tratos, algunas veces onerosos, realizados en diversas épocas para la provisión de estas armaduras de hierro, con los mejores maestros armeros conocidos. La ciudad poseía en sus arsenales, numerosas armaduras; algunas de entre ellas habían sido facilitadas por Mathieu Destrade, armero de Bayona. Cuando las armas de guerra fueron entregadas, más tarde, a la autoridad militar, la ciudad conservó estas armaduras, que eran de su propiedad, y las colocó en la sala principal del Ayuntamiento de la que fueron ornato. Pero en 1759 el ministro de la guerra, M. de Crémilles, las reclamó de repente. La ciudad, dolida de esta reivindicación mal fundada, escribió al rey y al ministro y terminó por ganar el pleito. Habían sido vendidas a peso de hierro, es decir a 9 libras 10 soles el quintal.
Refs. Edouard Duceré: Dictionnaire historique de Bayonne, 2 vols, Bayonne, 1911-1915; Altadill, J.: Arneses, armaduras y objetos de armería confeccionados en Navarra. "Boletín de la Comisión de Monumentos de Navarra", 1934, XVIII, p. 324; Museo Provincial de Álava. Armería. Vitoria, 1967.
Bernardo ESTORNÉS LASA
