Léxico

APARTAMENTO

Historia de Bayona. Aunque propiamente hablando un apartamento se compone de varias piezas que tienen un lugar común de reunión, comprendemos en este artículo la descripción de las habitaciones que formaban el apartamento bayonés en diferentes épocas.

Los antiguos títulos no nos han dejado nada muy especial acerca de la disposición de los apartamentos, y lo que sabemos sobre la edad media no sería nada si los inventarios que datan de comienzos del siglo XVI, no vinieran a aclararnos un poco. La casa bayonesa no contaba entonces sino con un piso por encima del piso bajo, y los cuentos antiguos nos muestran en qué extraña promiscuidad vivían, no solamente la nobleza y los grandes señores, sino aun los príncipes y los reyes. La planta baja se componía generalmente de una tienda estrecha y sombría ("obredey"), separada de la cocina por un patio húmedo, en medio del que se encontraba a veces una cloaca; en el piso superior una habitación bastante amplia daba a la calle y estaba destinada a los dueños de la casa; otra habitación para los niños y los criados. Todo estaba decorado con muebles macizos bastante esculpidos. Los tapices, entonces poco usados, dejaban ver las paredes desnudas, pintadas con leche de cal y decoradas con algunas bastas imágenes coloreadas. En el comienzo del siglo XVI, los apartamentos habían variado poco, solamente en sus adornos. La mayoría de las habitaciones que daban a la calle tenían dos ventanas en la fachada y en el ángulo más alejado se encontraba la cama, ancho mueble monumental con un dosel sobrepuesto, a menudo soportado con columnas o bien rodeado de cortinas de diferente telas. Un tapiz se extendía ante la cama, al menos en las casas ricas; una mesa redonda o cuadrada ocupaba el centro de la habitación con sillas plegables o fijas. La mesa misma era a menudo plegable, lo que permitía desplazarla con facilidad. Las chimeneas tenían grandes tapetes y a menudo había armas colgadas. Un esmalte o una pintura sobre madera representando temas religiosos, colocados a la cabecera de la cama, mientras que las paredes, cuando no estaban revestidas de roble, disimulaban su desnudez bajo largos y amplios tapices representando temas bíblicos o escenas de caza. El viento que se deslizaba a través de las juntas de las puertas mal cerradas de nuestras casas bayonesas y que hacía mover estos tapices, parecía dar vida a estas figuras fantásticas y no debía ser un espectáculo sin interés el ver a una de estas familias bayonesas en el comienzo del siglo XVI, sentada alrededor de un gran fuego, al resplandor de algunos cirios que daban vida a estos personajes, mientras esparcían torrentes de humo. Los ventanales, en las casas ricas, estaban cubiertos con telas bordadas; escabeles colocados en un lado y en otro completaban el mobiliario. Los armarios, salvo raras excepciones, no estaban propagados como en nuestros días, los baúles los remplazaban; en todos los casos, cofres alargados adornaban las paredes; las tapas servían de banquetas para los visitantes y algunas veces estaban recubiertas con cojines; los baúles mismos, decorados con esculturas y a veces flor de lisados, servían para guardar la ropa blanca, la plata, los vestidos, el calzado e igualmente las joyas; eran de varios compartimientos y cerrados con cerraduras complicadas, ejecutados con esa perfección común a todos los obreros de los antiguos tiempos. Un espejo, lujo reciente, se colocaba a veces sobre el muro, entre los brazos de dos candelabros de cobre o de plata. Las otras habitaciones no estaban tan ricamente amuebladas: una cama y algunas sillas, un baúl, un tapiz y es todo. Es verdad que algunas servían habitualmente para los niños, para los empleados y para los sirvientes, y que no se podía exigir de ellos un lujo parecido al que se desplegaba en el apartamento de los dueños de la casa.

En el siglo siguiente el interior de los apartamentos bayoneses es, en verdad, menos artístico y menos pintoresco, pero tiende a volverse más confortable. Las habitaciones de un primer piso están siempre separadas por un patio interior, pero el pasillo que les comunica está algunas veces cerrado. Además, en cierto número de casas que datan de esta época, se comienza a hacer al lado del apartamento principal, que da siempre a la calle, una especie de pequeño gabinete que sirve también de lencería y que está alumbrada por una ventana. Poco a poco la fisonomía del apartamento se transforma. Las relaciones que se establecen entre las familias tienden a dar una mayor importancia al salón y al comedor, mientras que la habitación adquiere un carácter más íntimo. Este estado de cosas dura todavía largos años y, hasta el comienzo del siglo XIX, la fisonomía interior de los apartamentos bayoneses es siempre poco más o menos la misma y se presenta con el mismo tipo uniforme. Es poco más o menos el mismo reparto en todos los pisos, que terminan por construir coincidiendo unos con otros. La parte del apartamento que da a la calle presenta un salón bastante amplio, de aspecto frío y decorado con algunos grabados y muebles antiguos. Dos ventanas alumbraban esta pieza, la principal de la casa. Al lado se hallaba un pequeño gabinete, también alumbrado por una ventana, algunas veces más estrecha que las otras, sin duda con el fin de romper, con alguna originalidad, una monotonía demasiado triste. Una amplia puerta de dos batientes con vidrieras daba a una alcoba. En el pasillo que conducía al salón, se encontraba una habitación que servía de comedor, cuando los dueños de la casa no tomaban sus comidas en la cocina. Esta última pieza daba a la escalera por un gran hueco de vidriería, oscurecido con pequeños vidrios verdosos. Al otro lado del largo pasillo que reunía las dos partes del alojamiento se encontraba una gran habitación; después, por último, una cocina que daba al patio de atrás.

Desde el comienzo del siglo XIX, gran número de nuevas construcciones han hecho desaparecer poco a poco estas disposiciones incómodas y anticuadas, para remplazarlas con apartamentos a la vez más higiénicos y más confortables. Ref. Edouard Duceré: Dictionnaire historique de Bayonne, 2 vols, Bayonne, 1911-1915.