Historia. Bayona. No queremos hablar aquí sino del ámbar gris, que se encontraba antiguamente en gran cantidad en las costas del golfo de Vizcaya. El ámbar gris se empleaba como perfume o bien para sazonar ciertas preparaciones. Era muy estimado en Bayona; se le atribuía una virtud afrodisíaca, y lo hallamos mencionado frecuentemente en los inventarios, después de acabado el principio del siglo XVI. Se conservaba en bolas o frascos de perfume de plata cincelada, perforados con pequeños agujeros. Se encontraba igualmente en las tiendas de los boticarios, ultramarinos y en casa de las ricas familias de burgueses. Los extranjeros mismos que pasaban por Bayona no olvidaban de hablar del ámbar gris que se recoge en las orillas del mar. Andrés Navagero, embajador veneciano que atraviesa el país en 1528, habla algo acerca de ello y añade incluso una fábula lo bastante divertida para que la reproduzcamos aquí: "En la playa, cerca de Bayona, se encuentra una gran cantidad de ámbar gris, que no es malo, aunque de una calidad inferior al que nos viene de Levante. Parece que los zorros buscan este ámbar a lo largo del mar, y en cuanto lo encuentran, lo tragan, pero al no poderlo digerir, lo devuelven y lo entierran. En estos últimos casos se encuentra mucho, pero no es tan bueno como el que no ha sido tragado por los zorros". El ámbar gris fue tan estimado en Bayona que sirvió a menudo para ser ofrecido como presente con motivo del paso de reinas y princesas. Así la bella Ana de Austria recibió, a su entrada en el Palacio de la calle Montaut, en el que fue alojada, una diputación del concejo, en la que le ofrecieron un magnífico trozo de ámbar gris contenido en un cofre de plata cincelada que llevaba en esmalte las armas de Francia, España y Bayona. Parece que la hermosa reina se extasió ante la belleza y el tamaño del trozo de ámbar que le fue ofrecido tan graciosamente. Las adquisiciones de ámbar gris se encuentran muy frecuentemente en las cuentas de la ciudad de Bayona, y de esta forma, aunque bastante abundante, parece costar bien caro. Así, el trozo que le fue ofrecido a Ana de Austria pesaba trece onzas y fue comprado al Sr. de San Martín, por la suma de 630 libras. En 1608 se menciona una suma de 342 libras, pagada al Sr. Pierre Veillet, comerciante y burgués, por dos trozos de ámbar gris, cuyo peso no se indica. Por último, cincuenta años más tarde se compra todavía a Dominique Daguerre, comerciante de Bayona, un trozo de ámbar gris de diez onzas de peso por 700 libras, lo que parece poner la onza a casi 80 libras. La ciudad de Bayona había comprado al duque de Albret el Señorío y la alta, media y baja propiedad de Saint-Etienne d'Arribe-Labourt por cierta cantidad, y el homenaje de una onza de ámbar gris que la ciudad debía pagar a los señores de Albret cada treinta años, y a cada cambio de señor. Algunas veces se les enviaba un emisario, como Pierre Leverger, presidente de la Cámara de los Condes de Navarra. En 1667 son los bayoneses quienes se desplazan y envían a Nérac al burgués Larrezet, cuyos pormenores de gastos de viaje son muy interesantes. Con la desaparición de los cachalotes del golfo de Vizcaya, el ámbar gris no se recoge más y apenas se menciona en el transcurso del siglo XVIII. Ref. Edouard Duceré: Dictionnaire historique de Bayonne, 2 vols, Bayonne, 1911-1915.
