Léxico

ALMIRANTAZGO

Historia de Bayona. Los registros del Almirantazgo de Bayona forman todo lo que subsiste aún de los viejos archivos de este establecimiento de nuestra antigua marina, que comenzó a funcionar bajo Francisco I, para desaparecer con la Revolución.

El Almirantazgo de Bayona era un cuerpo administrativo y judicial encargado de hacer ejecutar las ordenanzas del almirante y de velar por el respeto de sus derechos. El Almirantazgo tenía en sus atribuciones la policía de los puertos, de las radas y de las costas, el mando de las milicias guarda-costas, la entrega de las licencias de mar y autorizaciones de mando para los capitanes de marina y de comercio, los reglamentos de las presas, restos y naufragios, el armamento de los navíos de guerra o de comercio fletados en nombre del almirante, el percibo de las rentas marítimas, etc. El Almirantazgo formaba como tribunal, con la condestalía y la senescalía, las tres jurisdicciones del Cuadro de Mármol. Era competente tanto en lo civil como en lo criminal en todas las causas que afectaran a la marina y al comercio marítimo, tales como las infracciones a los reglamentos marítimos, policía de puertos, disciplina de a bordo, y juzgaba las impugnaciones entre particulares en causas relativas al comercio marítimo.

La apelación de las decisiones del Almirantazgo eran llevadas ante los Parlamentos. Las salas de audiencia que el Almirantazgo poseía en los puertos y cerca de los Parlamentos, se dividían en salas particulares y salas generales, constituyendo así una jurisdicción de dos grados. El principal cargo del Almirantazgo era el de teniente general, que fue ocupada por la familia Laborde-Noqués y la de Laborde-Lissalde. Estaba asistido por un teniente particular, abogados, secretario, ujier y alguaciles. Los titulares estaban nombrados por el Almirante y le pagaban una renta. Las atribuciones del almirantazgo variaron con los derechos y los poderes conferidos a la dignidad del almirante. Colbert aportó numerosas restricciones al reglamentar el servicio de las presas; haciendo obligatorias las entregas de las licencias de mar por los oficiales del almirantazgo, hizo que no pudieran percibir sino derechos fijos, creando oficiales especiales e independientes de los almirantazgos para la vigilancia de la pesca y sobre todo al desarrollar la importancia del cuerpo de los comisarios de marina, en detrimento del almirantazgo.

Hacia el fin del siglo XVI y comienzo del XVII, la hidrografía estaba singularmente descuidada entre nosotros. El ardor que se había notado durante tanto tiempo en Dieppe no se había propagado. Es verdad que Francia había pasado por duras pruebas y que incesantes guerras le habían apartado de los cuidados de la marina. El gobierno competía con los progresos de los holandeses. No obstante existía desde hacía tiempo, en las ordenanzas del reino, un pequeño artículo que podía rendir inmensos servicios. Fue invocado sólo a mediados del siglo XVIII. Helo aquí:
>BR>"Los diarios y declaraciones de todos los viajes a larga distancia debían de ser enviados, a la vuelta de los barcos, a los oficiales del almirantazgo del lugar".

Así, la experiencia de los navegantes no se perdería en una época en que la mayoría de los viajes producía un descubrimiento; los hijos podían encontrar, en el océano, la estela borrada de los navíos de sus padres. Esta sabia ordenanza no fue observada siempre; no obstante a ella debemos el relato auténtico del viaje de Goneville al Brasil (1503), que el señor de Avezac tan afortunadamente ha encontrado y comentado. Estos preciosos archivos han perecido en algunos lugares, en Dieppe, por ejemplo, en 1690, y no nos han llegado más que algunos extractos traducidos y desnaturalizados por escritores poco juiciosos, como Desmarquets, pero en muchos otros lugares aún existen. Se encontraban estos mapas primitivos: "pour route et distance" e igualmente para distancia y altura, cuya fácil teoría nos explica completamente el P. Fournier.

"Tal es, dice al terminar su exposición, el arte por el que una infinidad de personas curiosas de recoger los planos de cada país en particular y muchos pilotos han descrito en sus registros las costas o puertos donde habían arribado. En Dieppe he visto cantidad de ellos en esos papeles-periódicos de nuestros antiguos pilotos tan ingenuamente representados, y con mucho arte y detalles; y no hay ningún puerto célebre donde no se encuentren cantidad de documentos parecidos".

Sin embargo nada análogo existía en el Tribunal de Comercio de Bayona, heredero directo y legítimo del antiguo almirantazgo. En verdad hemos encontrado, si no en su totalidad, por lo menos en parte, los registros de las declaraciones de los capitanes que pueden suministrar excelentes elementos de investigación en la historia de nuestros corsarios durante el siglo XVIII, pero todo lo relacionado con los años anteriores había desaparecido. Ahora bien, no se puede creer que los marinos vascos tan valientes y aventureros, no hayan tenido diarios de a bordo, relatando sus viajes e indicando los lugares a donde habían arribado. Estos preciados documentos han sido depositados sin duda en el archivo del almirantazgo de Bayona, pero parecen haber desaparecido para siempre. Debemos pues perder toda esperanza de poder hallar el secreto de estos navegantes que habría arrojado una gran claridad en la historia marítima de nuestra tierra. Ref. Edouard Duceré: Dictionnaire historique de Bayonne, 2 vols, Bayonne, 1911-1915.