En la ciudad fronteriza de Irun, ubicada en la provincia de Gipuzkoa, durante el mes de junio y después de las hogueras de San Juan, comienzan las fiestas mayores, cuyo eje principal se conoce como Alarde de San Marcial. Este evento rememora la batalla en la que el ejército luchó contra las tropas francesas, que fueron derrotadas en los aledaños de Gaztelu zar y laderas de la Peña de Aldabe el 30 de junio de 1522 (día dedicado a la advocación de san Marcial), y que contiene elementos propios de un Alarde militar (revista o exhibición de soldados y armas). Con motivo de esta batalla, se hizo voto (promesa) a San Marcial de celebrar todos los años la victoria y se impuso el nombre del santo al monte en el que la misma tuvo lugar, y en el que el 31 de agosto de 1813 tuvo lugar otra batalla de vital importancia para el fin de la guerra de la Independencia.
Los ciudadanos de Irun llevan celebrando el voto subiendo procesionalmente año tras año al monte San Marcial el día 30 de junio. Esta peregrinación se conmemora desde hace unos cinco siglos y hace dos que evolucionó paulatinamente, hasta llegar al Alarde tal y como lo conocemos ahora, en el que la presencia de la música y sus cantineras son unos de los elementos más importantes.
Como es habitual, la evolución de las prácticas de festejos y ceremonias es paulatina y constante; normalmente pasa desapercibida, pero en ocasiones es causa de polémica. El Alarde de Irun no es una excepción, ya que ha ido cambiando no sólo en lo que a la indumentaria concierne, sino también en cuestiones relacionadas con las unidades que lo conforman, con su estructura, con su reglamentación, etc. Además, su celebración se ha visto interrumpida puntualmente en el pasado por cuestiones políticas, bélicas y en la actualidad por la pandemia del Covid-19, a pesar de lo cual su legado se ha transmitido hasta nuestros días. Cada pueblo tiene su identidad festiva y la de Irun es el Alarde de San Marcial, junto con su música y sus cantineras[1].
En este momento es apropiado explicar cómo define el Diccionario de la Lengua Española[2] el término «alarde»:
- Desfile, principalmente militar.
- Formación militar en que se pasaba revista o se hacía exhibición de los soldados y de sus armas.
- Lista o registro en que se inscribían los nombres de los soldados.
En la acervo popular de la comarca del Bidasoa, tanto en la ciudad de Irun como en la de Hondarribia, se celebran Alardes de armas, donde en cada compañía destaca una figura, “la cantinera”. Pero ¿Qué eran realmente las cantineras? ¿Formaban parte del ejército? ¿Estaban sujetas al reglamento militar? ¿Tenían su propio uniforme?
Sagrario Arrizabalaga en su libro Alarde de San Marcial: origen y evolución, nos habla sobre la primera crónica de la folclorización del Alarde con fecha de 1849, donde podemos apreciar la aparición de la Cantinera en el mismo y sobre qué estilo iban vestidas:
El día de hoy asiste la autoridad municipal de esta Villa seguida del pueblo al alto donde se halla situada la ermita de San Marcial.
Dos hechos históricos, distantes uno del otro, celebra en este día el vecindario de Irun y renuevan sus sentimientos patrióticos: 1522 y 1813, son dos épocas[3]. En 1522 los habitantes de Irun, ayudados de otros guipuzcoanos de los pueblos inmediatos, arrojaron de las posiciones de San Marcial a los franceses y alemanes que invadieron nuestro territorio, y el monarca concedió a la villa el derecho de celebrar todos los años el 30 de junio su función cívica, y hacer un alarde de armas con otras distinciones. En 1813 se dio en los altos de San Marcial la sangrienta acción en que el ejército español obtuvo una victoria gloriosa echando de nuestro suelo a las huestes enemigas, y fue la noble y decidida conducta del vecindario de Irun en aquel día memorable, que el Rey don Fernando VII honró a la villa con los hermosos títulos de benemérita y generosa que ostenta en el escudo de sus armas.
La juventud de Irun al recordar estos hechos se posee de un entusiasmo puro y se entrega a la alegría más jovial. Hoy hemos visto formadas tres compañías de esos jóvenes con un piquete de caballería, vistosamente uniformado, y otro de artillería con un cañón de madera perfectamente trabajado por un vecino de Irun. Tampoco faltaban dos cantineras vestidas al estilo francés y la banda de música militar de aficionados del pueblo daba mayor realce a la función. No entraremos en detalles minuciosos porque esta clase de festejos son conocidos. Diremos sí, que en esa juventud se encontraban reunidos los que no ha muchos años militaban en campos opuestos, porque cuando se trata de conservar el lustre de nuestros fastos municipales tan enlazados con la gloria de la patria, nuestro sentimiento es unánime y no podemos menos de considerar lo que fue antes nuestro régimen municipal y lo que es hoy.
Todo lo que en este día se ha hecho en Irun tiene un origen municipal; nuestros antiguos no conocieron otro gobierno, y con sus alcaldes a la cabeza hicieron tantas proezas de valor. La villa de Irun siguiendo sus tradiciones, ha visto mandados a sus hijos con arreglo a ordenanza municipal por el teniente de alcalde don José Ignacio Sorondo, que llevaba los galones de coronel. La bandera de la villa de hallaba en manos del síndico, y acompañaban otro concejal y secretario, así que el físico y capellán del ayuntamiento.
Así mandaban en otro tiempo nuestros abuelos los valientes guipuzcoanos, y a este tenor era en otras cosas la importancia del régimen municipal que hoy ha quedado reducido a la nada.
Han presenciado la función los señores jefe superior político y el comandante general de la provincia. Nada decimos sobre el orden que ha reinado, porque el buen juicio y compostura de los guipuzcoanos son proverbiales[4].
En el texto citado se hace referencia a dos cantineras vestidas al estilo francés y curiosamente en los Alardes de Irun y Hondarribia, las Cantineras que salen en las distintas compañías van delante de la tropa y detrás de los músicos, ¿esto está reflejado en algún escrito? Pues sí, en el Grand Dictionnaire du XIXe siècle, de Pierre Larousse se dice lo siguiente:
…Qui ne connait la cantinière de regiment? Après le tambour-major, c'est sur elle que se porten tous les regards. Ella marche derrière la musique, quelques pas en avant de l'état-major. On voit bien qu'elle sait ce qu'elle vaut. Aussi, comme elle cherche à prendre les allures, le chic des corps dont elle fait parite[5]…
Lo que debemos tener claro es que la presencia de la mujer en los ejércitos tradicionales era algo aceptada por costumbre, pero las referencias oficiales con respecto a estas mujeres es bastante tardía como estamos viendo. Este hecho de la invisibilidad femenina es algo recurrente a lo largo de la historia y abarca a todos los ámbitos sociales, algo que en la actualidad parece estar cambiando, debido a que la presencia de la mujer es mucho más visible en todos los ámbitos en comparación con las épocas pasadas.
Alejandro Mohorte Medina en su artículo de titulado La mujer en la guerra: Las cantinières y los seguidores de los campamentos, dice lo siguiente:
Si hasta hace relativamente poco la mujer que no vivía en su casa familiar era sospechosa, sobre todo las actrices y sus supuesta “vida libre”, las que vivían en los campamentos militares rodeadas de hombres lo eran mucho más. Además era un colectivo frecuentemente nómada, en un mundo donde la gran mayoría de la población nacía, vivía y moría sin apenas haber salido de su lugar de nacimiento. Al igual que sobre las actrices sobre ellas hemos heredado toda una serie de prejuicios peyorativos, cuando en realidad estas personas eran en su mayoría simplemente familia de los soldados a los que acompañaban en campaña: esposas, madres, hijas, hermanas, viudas[6]…
En la Francia revolucionaria la Convención aprueba el “Decret congédier des armées les femmes inutiles” de 30 de abril de 1793 que reduce la presencia femenina por batallón a cuatro “blanchisseuses” o lavanderas y un número indeterminado de “vivandiéres” o abastecedoras autorizadas a vender comida y bebida a la tropa, que deberán tener un documento de autorización firmado por el jefe de cuerpo revisado por el comisario de guerra y llevar una señal distintiva, expulsando a todas las demás. En las distintas reglamentaciones se hace referencia a que las mujeres casadas daban menos problemas, ya que estaban sometidas al control de las autoridades militares y al control de sus maridos, por lo que representaban un riesgo menor. Si alguna de estas mujeres enviudaba se consideraba ese nuevo estado como una legítima independencia femenina. También durante mucho tiempo las mujeres que vivían en los campos militares, pasaban desapercibidas debido a que se camuflaban vestidas de hombre, porque el ejército quería reducir el número de mujeres y fueron introduciendo la obligatoriedad de bigote, barba, etc. Esto hizo que a finales de la década de 1840, tanto la figura masculina como la femenina estuvieran más definidas, ya que a partir de este momento las mujeres militares se ponen su uniforme, adquiriendo ya una visibilidad y legitimidad en el ejército, llegando a ser combatientes en el campo de batalla.
Hacia 1804 ambos términos de “blanchisseuse” y “vivandière” habían sido desplazados por el de “cantinière” o cantinera centrada en la segunda función. También entonces empezaron llevar un “tonnelet” o barrilito con los colores azul-blanco-rojo y el número de la unidad o regimiento como identificación, como contratistas civiles del ejército sujetas a regulación.
Como podemos ir apreciando, la mayoría de estas mujeres eran familiares de soldados, altos mandos, etc., y como se indica en el párrafo anterior hacia finales del siglo xviii comenzó a regularse sus funciones en las unidades del ejército, ya que su presencia era aceptada por costumbre, aunque las referencias oficiales no irán apareciendo hasta fechas bastante tardías, como por ejemplo en los últimos años de las guerras napoleónicas. De hecho la oficialización de la cantinera en el ejército español corre paralela al francés. En la guerra de Marruecos 1859-1860, las cantineras de Infantería de Línea españolas llevaban sombrero, pantalón bombacho con falda sobrepuesta y delantales cortos y corpiño. Al establecer el traje de rayadillo se cambió el uniforme a guerrera ceñida, pantalón y polainas del mismo género, falda corta, delantal y gorro. En la imagen de la derecha se puede apreciar el dibujo de esta descripción, pero también hay documento gráficos de ellas como se puede ver en la fotografía del año 1855 de una Cantinera francesa que se encuentra en la siguiente página.
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| Figura 1: Cantinera de un Regimiento de Infantería. España, 1859-1860. Dibujo de José María Bueno. | Figura 2. Cantinera en traje de rayadillo 1909. Dibujo de Delfín Salas. |
En España encontramos la siguiente normativa sobre los seguidores de campamento, publicada en el periódico oficial del gobierno Gazeta de Madrid del jueves 7 de septiembre de 1815 (después de la batalla de Waterloo entran en territorio francés tropas británicas y prusianas desde el norte, austriacas y rusas desde el este y españolas desde el sur para asentar al rey Luis XVIII en su trono frente a los bonapartistas) se puede leer lo siguiente:“Barcelona 29 de agosto (de 1815). Bando mandado publicar por el Excmo. Sr. Capitán general D. Francisco Javier Castaños, general en jefe del ejército de los Pirineos Orientales, al entrar con las tropas de su mando en el territorio francés… 2. Los dependientes no militares, o de armas tomar de todos los ramos del ejército, los criados, vivanderos y cualesquiera otros individuos que sigan a las tropas, quedan sujetos a las mismas penas, sin excepción, que los individuos militares para todas las faltas y delitos relativos a los artículos señalados en las Reales Ordenanzas con los títulos siguientes: ultraje a lugar o cosas sagradas, injuria o insulto a ministros de justicia, robo de cualquiera especie, sedición, desórdenes cometidos en las marchas, violencia a mujeres, muertes o heridas, contra la disciplina, incendiarios, infidencia, alboroto, insulto a salvaguardia, daños en los campos o las casas, consentimiento o abrigo de un delito, ilegalidad de los dependientes de víveres, comerciantes y vivanderos”… “14. No se consentirá sigan el ejército otras mujeres que las que tuvieren permiso especial del general en jefe, y las propias desde sargento inclusive abajo, o de los individuos no militares de clase correspondiente; y en caso que cometiesen desórdenes quedarán sujetas y sufrirán las penas que conforme a sus excesos se juzgue conveniente imponerlas. Cualquiera otra mujer que en desprecio de este artículo, con perjuicio de las buenas costumbres siguiese al ejército, será aprendida y conducida a encierro por primera vez, y por segunda se la aplicará la pena correspondiente a su desobediencia”[7].

Figura 3. Oficios, instrucciones y bandos referentes a la entrada en Francia del Ejército de los Pirineos Orientales al mando de Francisco Javier Castaños. (Archivo Histórico Nacional).

Figura 4. Traje de cantinera francesa 1853.
(fuente:www.loc.gov/resource/cph.3b16246/)
En el libro Los españoles pintados a sí mismos, hay un capítulo dedicado a las Cantineras, escrito por José de Grijalba[8]. Menciona que cualquier persona que se acercase a los campamentos militares o a sus alrededores podía ver sus puestos y en algunas ciudades estas mujeres tuvieron su propio recinto. También que para tener derecho a su puesto tenían que tener autorización del Teniente de rey de la plaza y del comandante de batallón, y que si eran pilladas en fraude, eran disciplinadas duramente y a sus maridos podían enviarlos durante seis años al presidio de África con grilletes incluidos.

Como podemos ir viendo, estas mujeres conformaban parte del paisaje de las ciudades y eran muy conocidas por toda la población que hasta la música también las representa: Giusepe Arena (1713-1784) compuso Artaserse. Drama per musica (1741); Tommaso Taretta (1727-1779) compuso Enea. Drama per musica (1760); Gaetano Donizzeti (1797-1848) compuso la ópera La figlia del reggimento (1840); el ballet La Vivandière o Markitenka (1848) como se le conoce en Rusia, con música de Cesare Pugni (1802-1870) y coreografía de Saint-León (1821-1870) y Fanny Cerrito (1817-1909); Offenbach (1819-1880) compuso una opereta en un acto con el título Las vivandières de la Gran Armée (1859) y una ópera La fille du tambour major (1879); Herrman S. Saroni (1824-1900) compuso el gran vals para piano La Viavandière (1839?) Henryetc Maylath (1827-1883) compuso la marcha para piano La belle Vivandière publicada en 1871; H. J. Schonacker (1842-1912) compuso la marcha militar para piano La Vivandière publicada en 1880; Benjamin Godard (1849-1895) compuso la ópera cómica La Vivandière (1895); Edw. J. Abraham[9] compuso la canción militar para piano y voz La Vivandière, op. 14 publicada en 1882, Kölling, Charles (1831-1913) compuso la Mazourka billante para piano La Vivandière[10], op. 98; etc.
Las que nunca tuvieron medallas (aunque algunas de ellas sí que fueron condecoradas), hicieron una gran labor donde sirvieron. Las cantineras del Alarde de Irun son, pues, un reflejo de las milicias de los ejércitos de la época[11]. Pero ¿quiénes eran estas mujeres que formaron parte de la Grande Armée del ejército de Napoleón y de nuestro ejército?
Cantinières, vivandiéres et blanchisseuses
La cantinera o cantinière normalmente era la esposa del cantinero, quién ayudaba a su esposo en la cocina y lo más habitual es que hubiera una por batallón. El cantinero generalmente solía ser un suboficial del ejército al cargo de la cantina.
A parte de la cantinera, en el ejército imperial se permitían otros dos tipos de mujeres: las vivandiéres y las blanchisseuses. El número de estas mujeres también estaba estrictamente regulado, ya que se permitía un máximo de cuatro por batallón, dos por escuadrón, por ejército o cuartel general de la división.
Las blanchisseuses se ocupaban de la línea de los soldados, para poder llevar su equipo estaban autorizadas por las regulaciones de 1809 a tener un caballo de carga. Generalmente son las esposas de los soldados y como personal militar no combatiente tenían derecho a una tarjeta de seguridad (que justifica su función), alojamiento y pan, también llevaban una medalla reglamentaria.
Las vivandières tenían permitido vender comida, bebida y utensilios para los soldados, por lo que solían tener un carro tirado por dos caballos. El número de estas mujeres estaba limitado por la misma regulación que las blanchisseuses. Las vivandières no tenían derecho a sueldo, pero al ser personal militar de manera oficial tenían que tener una tarjeta emitida por las autoridades militares, también tenían derecho al hospital militar en tiempos de guerra y tenían que estar presentes cuando los comandantes de columna realizaban el toque de llamada.
Al estar sujetas al reglamento y disciplina militar, si no estaban presentes cuando se les llamaba se arriesgaban a una multa la primera vez, una sanción de prisión si desobedecían por segunda vez y a la tercera vez se procedía a la confiscación de sus caballos y del carro. Si se les acusaba de haber saqueado o favorecido dichos saqueos, particularmente las vivandières que ocultaban los objetos robados para revenderlos, se les quitaba el carro para quemarlo con todos su efectos dentro, era llevada al campamento vestida de negro. Pero durante la campaña española, si una mujer seguía al ejército sin permiso el castigo era duro y humillante, porque desnudaban a la mujer, la afeitaban entera, la forzaban a marchar delante de las tropas y era expulsada.
A pesar de que tenían que padecer estas humillaciones cuando eran “disciplinadas”, las vivandières pertenecían a la formación de la Grande Armée de Napoleón. Durante las marchas estaban correspondientemente protegidas, su carromato estaba situado entre la columna y la retaguardia. Estas mujeres se convirtieron en un icono de la historiografía del ejército imperial, debido a que su presencia en una institución tan masculinizada mejoraba la vida de los soldados con sus cuidados, productos y su pequeño barril de brandy, cuando iba en ayuda de los soldados en el campo de batalla.
Una de las vivandières más conocidas es Marie Tête-de-Bois. Esta mujer se casó con un granadero en 1805, pero su esposo fue asesinado en París en 1814; en este mismo año en la batalla de Montmirail ella fue herida mientras buscaba el cadáver su hijo. Esta vivandière tan valiente estuvo en 17 campañas, encontrando la muerte en el campo de batalla durante los Cien Días de Napoleón en 1815. Otra vivandière es Catherine Balland del 95.º regimiento de infantería de línea, fue inmortalizada por el pintor francés Louis-François Lejeune (1775-1848) en el cuadro de la Batalla de Chiclana (Cádiz, 5 de marzo de 1811) y en 1813 fue condecorada con la Legión de Honor.
Estas mujeres no solamente lavaban la ropa, cuidaban de los hijos y realizaban sus tareas “domésticas” en unos campamentos en los que la intimidad brillaba por su ausencia, sino que también realizaban las funciones de enfermeras a las órdenes del cirujano del regimiento y de soldados cuando era necesario; por ese motivo en algunos grabados y fotografías antiguas las podemos ver portando un fusil.
De hecho en el Grand Dictionaire du XIXe siècle, de Pierre Larousse engloba tanto a las vivandiéres y blanchisseuses dentro de la definición de cantinière, donde se puede constatar que esta figura era muy conocida en los ejércitos y era valorada y apreciada en los mismos, haciendo referencia a los distintos trajes que llevaban pero en cuanto entraban en batalla, ya no había diferenciación entre ellas y eran reconocidas por su heroísmo:
… La cantinière de la ligne, avec son chapeau ciré à la marinière, ne le ressemble pas plus à la cantinière des zouaves que le plus naif. Dumanet au plus déluré des zouzous. Méme différence dans les troupes à cheval entre la cantinière des hussards ou des guides et celle des cuirassiers ou des dragons; mais ce n'est là qu'une affaire d'unniforme. Que vienne la guerre, et les cantinières se transforment si bien qu'elles ne se distinguent plus. Ce sont mémes sentiments, même patriotisme, même bravoure. A la caserne, la cantinière était blanchisseuse, cuisinière, marchande. En campagne, elle est aussi tout cela, quand elle en a le temps; mais, de plus, elle est infirmière, soeur de charité, combattant même, s'il le faut. Nos annales militaires sont remplies d'exemples de cantinières dont l'heroisme et l'abnegation on égalé, souvent surpasse l'heroisme et l'abnegation, des hommes les plus braves et les plus dévoués. Sous le premier Empire, comme depuis, pluisieurs cantinières ont même été nommées chevalières de la Légion d'honneur, obtenant ainsi une distinction qui n'avait pas été précisement instituée pour leur sexe. [12]…
Esta definición refleja lo anteriormente expuesto sobre la valentía de estas mujeres y de cómo eran condecoradas, algo muy poco común en aquella época. Pero de ¿dónde les ha podido venir a estas mujeres tan valientes y sacrificadas esta mala reputación?
Prostitución y amores de campaña
En la Grande Armée de Napoleón no hay constancia de que existieran burdeles. Las mujeres que se dedicaban a la prostitución, solían seguir de cerca a las tropas para ofrecer sus servicios. Debido a que eran los principales focos de enfermedades venéreas, este tipo de conducta no era bien recibida por los médicos militares, como queda reflejado en la orden del general Friant del 18 de septiembre de 1811 que dice “d’arrêter les coureuses qui s’introduisent dans les camps”. Pero a pesar de todo durante los tiempos de guerra los soldados frecuentaban los burdeles y desgraciadamente muchas de estas mujeres se veían obligadas a ejercer la prostitución para poder sobrevivir en tiempos de guerra.
También hay que aclarar que muchas de estas relaciones de campaña terminaron en matrimonio; ya que a partir de 1808, los soldados deben obtener de la junta directiva de su regimiento el derecho a casarse con su amada (los oficiales deben obtener una autorización del Ministro de Guerra).
El traje de las cantineras
El traje de las cantineras es una amalgama entre guerrera uniforme, delantal de cocinera y el barrilete que la define como tal. El escritor Pérez Fernández D’Arlas escribió[13] acerca de cómo encontró en Aude, localidad cercana a Narbona (Francia) imágenes de guerreros medievales, entre las que se encuentra un gran panel que representa a una extraña cantinera tocada con un fez y enfundada en una casaca.
Al pie de la imagen se lee la siguiente inscripción: «Pupille de la Garde Imperial». «Cantiniere des zouaves». Representaba por tanto a la primera mujer que, de modo oficial, ingresaba en la plantilla del Ejército como guardia imperial. Al parecer, fue durante la conquista de Argelia en 1830 cuando se les dio oficialidad con el título de Cantiniere a las mujeres francesas que durante la Revolución francesa, y posteriormente en las guerras napoleónicas, realizaban servicios de suministro de víveres, vinos, licores e incluso labores de enfermería con el nombre de Vivandières. Se les exigía para ello tener uniforme similar al del regimiento en que servían y estar casadas con algún subalterno de la unidad. La Cantiniere fue adaptándose a los ejércitos de Europa como el de Garibaldi e incluso en el español, llegando incluso a América, donde eran conocidas como «Hijas del regimiento». En su recuerdo existe en Virginia una asociación con el nombre Cavaliers cantinieres.
El traje que llevan las cantineras cada 30 de junio en Irun está descrito en las ordenanzas del Alarde, que se pueden leer a continuación:
Cantineras: Boina roja, cuerpo de terciopelo negro con botones y galón dorados, bombachos y falda corta plisada (ambas prendas de franela blanca), y la última con ancha franja del mismo color del cuerpo, delantal pequeño de terciopelo negro bordado, bandolera blanca con su barrilito, guantes blancos, bota alta de lona blanca y abanico.
Por excepción, las cantineras de Caballería y Artillería vestirán corpiño azul celeste la primera y azul pastel la segunda; falda blanca con ancha franja del mismo color del cuerpo, bota de montar negra y fusta, siendo comunes el resto de los elementos del uniforme, excepto la bandolera que en Caballería será de color rojo.
El traje que llevan las cantineras cada 8 de septiembre en Hondarribia está descrito en las ordenanzas del Alarde, que se pueden leer a continuación:

Figura 11. Grupo de cantineras en el monte San Marcial, 2016 (fuente: sanmarciales.com)
Cantineras: El vestido de las Cantineras que marchen a pie será el siguiente, a excepción del corpiño, el mandil y el ribete de la falda, cuyo color se establecerá en los respectivos Reglamentos de Régimen Interior: Guerrera con pequeño mandil del color que se establezca, y con doble ribete dorado. Falda plisada blanca con una cinta del color que se establezca en su parte inferior, y pololos blancos. Banda de color blanco cruzando el pecho y la espalda y en su centro un dibujo alegórico, figurando también el nombre de la Compañía o Unidad y el de la Cantinera, además de la fecha. Del extremo de la banda cuelga un pequeño barril que servirá de apoyo a una de las manos. Guantes blancos y abanico. Boina roja, excepto la Cantinera de Done Pedro Itsas Gizonen Kofradia, que llevará boina negra. Botas de caña alta, blancas, con trenzado delantero. El vestido de las Cantineras que vayan a caballo será el siguiente: Guerrera de color granate la de la Escolta de Caballería y azul marino la de la Batería de Artillería. Falda larga plisada blanca con una cinta del color de la guerrera en su parte inferior, y pololos blancos. Banda de color blanco cruzando el pecho y la espalda y en su centro un dibujo alegórico, figurando también el nombre de la Unidad y el de la Cantinera, además de la fecha. Del extremo de la banda cuelga un pequeño barril. Guantes blancos y fusta Boina roja. Botas de montar de caña alta, negras, con trenzado delantero. El caballo irá ensillado con montura de amazona.

Figura 12. Grupo de cantineras en la Plaza de Armas, 2016 (fuente: veteranosescoltadecaballeria.com)
A modo de conclusión, a lo largo de este pequeño artículo, hemos podido ver como la figura de las cantineras era bastante conocida por la población y en los Alardes de Irun y Hondarribia quedó integrada como parte de la fiesta popular, vestidas a la manera francesa, otra influencia más del país vecino, como ya ocurre con algunas de las piezas que se interpreta el día de San Marcial en Irun, donde se ha podido constatar la influencia de música napoleónica en alguna de ellas.
Lidia Arregui Gurruchaga
BIBLIOGRAFÍA
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Gil Mihaley: L’effacement de la cantinière ou la virilisation de l’armée française au XIXe siècle. Fondation Napoleon. (2016). www.napoleon.org.
Larousse, Pierre. Grand Dictionnaire du XIXe siècle. Tomo III, París 1867.
Mohorte Medina, Alejandro: La mujer en la guerra: Las cantinières y los seguidores de los campamentos. Internet: La-mujer-en-la-guerra-Las-cantinières-y-los-seguidores-de-campamento.pdf (museoliber.org).
Pigeard, Alain: Dictionnaire de la Grande Armée. Tallandier, 2002.
— Histoire de la Grande Armée 1805-1815. Ed. Bisquine, 2015
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Silguero, J. Irun y sus bandas de música (Tres siglos de historia). Irun: Luis de Uranzu Kultur Taldea, 2008.
VV. AA.: Los españoles pintados por sí mismos. Madrid, Gaspar y Roig editores, 1851.
IMÁGENES
Figura 1. Cantinera de un Regimiento de Infantería. España, 1859-1860
Figura 2. Cantinera en traje de rayadillo 1909.
Figura 3. Oficios, instrucciones y bandos referentes a la entrada en Francia del Ejército de los Pirineos Orientales al mando de Francisco Javier Castaños.
Figura 4. Traje de Cantinera francesa 1853.
Figura 5. Offenbach Opereta La Fille du tambour major.
Figura 6. Traje de Cantinera francesa de Infantería de Línea 1856.
Figura 7. Vivandière Catherine Balland del 95 regimiento de infantería de línea, fue inmortalizada por el pintor francés Louis-François Lejeune (1775-1848) en el cuadro de la Batalla de Chiclana (Cádiz, 5 de marzo de 1811).
Figuras 8. Cantinera española del batallón ligero de Voluntarios de la Habana. Hacia 1880.
Figura 9. Traje de cantinera.
Figura 10. Batallón de Colón o de Txapelgorris como era conocido. España, hacia 1870.
Figura 11. Grupo de cantineras en el monte San Marcial, 2016.
Figura 12. Grupo de cantineras en la Plaza de Armas, 2016.
NOTAS
[1] El presente artículo está protegido en propiedad intelectual bajo el título Las Cantineras©.
[2] Diccionario de la Lengua Española. Real Academia Española. 23.ª Edición, 2014.
[3] Nota de aclaración: No se celebran dos hechos históricos el día de San Marcial, solamente se conmemora la batalla del año 1522, aunque después de la segunda Batalla del 31 de agosto de 1831, se renueva el voto en el mismo lugar, pero lo que se conmemora cada 30 de junio es la primera Batalla.
[4] Arrizabalaga, S. Alarde de San Marcial: origen y evolución, cit., p. 158. Véase la nota nº482, p. 159 y el periódico El Clamor Público del 10 de julio de 1849, Nº 1.546, martes 10 de julio de 1849, pág. 4.
[5] Larousse, Pierre: Grand Dictionnaire du XIXe siècle. Palabra Cantinier, Tomo III, 1867, p. 290.
[6] Mohorte Medina, Alejandro. La mujer en la guerra: Las cantinières y los seguidores de los campamentos. Artículo p. 2. Internet: La-mujer-en-la-guerra-Las-cantinières-y-los-seguidores-de-campamento.pdf (museoliber.org).
[7] Archivo Histórico Nacional: Oficios, instrucciones y bandos referentes a la entrada en Francia del Ejército de los Pirineos Orientales al mando de Francisco Javier Castaños. Diversos-Colecciones, 144, N. 50 y Gazeta de Madrid del jueves 7 de septiembre de 1815.
[8] Los españoles pintados a sí mismos. VV. AA. Madrid, Gaspar y Roig editores, 1851, pp. 104-109.
[9] Fecha de nacimiento y fallecimiento del compositor, por el momento desconocida.
[10] Fecha de la publicación, por el momento desconocida.
Silguero, J. Irun y sus bandas de música (Tres siglos de historia), cit., pp. 127-131.
Larousse: Op. Cit. P. 290.
[13] En la revista El Irunés, núm. 94 (junio de 2006).


