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VERGÜENZA (DERECHO)

Consecuencias de la pena de vergüenza pública. La exposición a la vergüenza es una pena infamante, ya que privaba públicamente al condenado de su honra y siempre quedaría en la comunidad memoria del día en que fue paseado en burro o expuesto en la picota. Si con la pena capital se imponía al reo una muerte física, con la pena de vergüenza la muerte social. Una persona infamada y deshonrada sufría automáticamente graves consecuencias en sus relaciones con los miembros de su comunidad vecinal y con la administración, se creaba en torno a ella una distancia o vacío social. Los vecinos evitaban su trato, ya que en caso de no hacerlo, incluso ellos mismos podían quedar contaminados por la infamia de esa persona; quedaban excluidos por ley de ocupar cargos públicos; y su palabra carecía de crédito ante los demás. Entre las preguntas realizadas en el pleito de Otaola (1507-1510), recogido en la Colección documental de Santa María de Cenarruza, la sexta inquiría sobre "sy saben que los testigos por parte del dicho abad e canónigos presentados son personas de buena fama, vida, trato e conversaçión, e de mucha legalidad e honestidad, perro(chianos) muy honrrados, ricos, properos y avonados, diretos, temerosos de Dios e a sus cosas, e tales que por miedo nin por dádiva nin por promesa nin otra afeçión particular non saldrían nin eçedirían sobre juramento de la misma verdad". La deshonra de una persona estaba lejos de afectarle a ella exclusivamente; se extendía, en primer lugar, hacia su familia y descendientes, y en segundo lugar, y en determinados casos muy graves, al resto de la comunidad, al ser la honra vecinal la suma del total de honras individuales. En San Sebastián, a finales del s. XV, una vecina fue acusada de realizar prácticas homoeróticas, y aunque tras el proceso judicial fue declarada inocente, el alcalde ordinario determinó que fuera desterrada de la villa, ya que semejante insinuación ponía en cuestión la honorabilidad de todos los vecinos de la misma. Otro ejemplo nos lo proporciona el proceso contra los herejes de Durango expuesto en una de las iglesias de la villa, y en el que se incluían los nombres de los condenados. La exposición pública del proceso hacía las veces de un padrón de infamia para los durangueses, por lo que en el s. XIX un alcalde ordenó destruir ese documento. Además, los vecinos de Durango estaban sometidos a la burla y escarnio de otros pueblos cercanos, que les llamaban "tronperri", esto es, "pueblo de las trompetas", en alusión a la costumbre de los herejes de reunirse con su toque.