La corona navarro-aragonesa y la conquista de Valencia. El intervencionismo castellano favoreció las campañas del Cid que conquistó Valencia en 1094, ejerciendo su soberanía hasta su muerte en 1099. Según recoge la Crónica Pinatense, en ocasión de hallarse el Cid Rodrigo Díaz en grandes dificultades en Valencia ante el acoso de los sarracenos que habían acudido en gran número del otro lado de la mar, decidió el rey Pedro de Aragón y de Navarra correr en su ayuda, y sin hacer caso de algunas gentes de Aragón y de Navarra, que, empleadas en la reorganización de los territorios arrebatados a los moros a raíz de la conquista de Huesca, le desaconsejaban la empresa, dejando algunos contingentes para la defensa de Huesca, se marchó con sus tropas de aragoneses y navarros hacia la ciudad del Turia, prestándole una ayuda sustancial al Campeador contra los sarracenos. Cfr. Crónica de San de la Peña. Versión latina e índices preparados por Antonio Ubieto Arteta, Valencia 1961, pp. 66s. La viuda del Cid, Jimena, resistió los ataques almorávides durante tres años pero acabó cayendo la ciudad en poder de éstos en 1102. Con la subida al poder de Alfonso I el Batallador, rey de Pamplona y de Aragón, se decidió a intervenir en el Levante hispano con una serie de acciones militares. El rey soñaba con una salida al mar para poder abrir una ruta marítima desde su reino a Jerusalén. Estas cruzadas influyeron no poco en Roma en la elaboración de bulas generales de Cruzada tan importantes en el espíritu de la época. Los antecedentes hay que buscarlos en las cofradías Militia Christi de Belchite y de Montreal de Valencia. Lo cierto es que el Batallador se puso en contacto con cristianos residentes en Granada y en otras partes de Andalucía. Le prometían la ayuda de hasta 12.000 combatientes si entraba en son de conquista por sus tierras. El preámbulo a la expedición fue la toma de Peña Cadiella en 1124-1125 que aseguraba el paso hacia el interior. Desde el oeste de Teruel, dos expediciones se dirigieron una a Andalucía y otra a Valencia. En 1125 Alfonso I el Batallador atacó infructuosamente Valencia durante varios días. En enero de 1126 ya estaban las huestes aragonesas, pamplonesas y gasconas a la vista de Granada pero los cristianos no abrieron como habían prometido las puertas de la ciudad. La ayuda fue en todas partes escasa. El Batallador se dedicó entonces a recorrer los campos de Córdoba y Málaga. Venció en Aranzuel o Arinzol, cerca de Lucena, a un ejército llegado desde Sevilla al mando de Abu Bakr, hijo del Emir, alcanzando finalmente la costa cerca de Vélez Málaga. Durante la marcha iba recogiendo mozárabes que se incorporaban a su ejército, que con el tiempo iba situando en diversas poblaciones de la cuenca del Ebro. El recorrido de ida y vuelta había sido impresionante: Monreal del Campo, Teruel, Valencia, Játiva, Murcia, Baza, Granada, Motril, Granada por segunda vez, Lucena, Córdoba, regresando a su reino por Alcaraz, Cuenca y Albarracín e invirtiendo en esa marcha desde agosto de 1125 hasta junio de 1126. Una segunda expedición culmina con el asedio de Valencia, en mayo de 1129, por parte de las tropas del Batallador. Valencia sería definitivamente conquistada para los cristianos por Jaime I de Aragón en 1238.
