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TOLEDO

Perdida la capital Tolosa (Aquitania), año 507, por los godos, pasa la capitalidad sucesivamente por Barcelona, Sevilla, Mérida, para establecerse definitivamente en Toledo con Atanagildo después de diversas luchas por el poder.
Los obispos vascos y los Concilios de Toledo (años 589-693). Una vez que se salió del caos de la ocupación bárbara se ven las diócesis perturbadas por el vaivén de las dominaciones de godos o vascos, y luego, de los árabes. Así sucedió con la de Oca, en los confines de los autrigones, pero abarcando su jurisdicción a todos ellos desde las márgenes del Ibaizabal-Nervión hasta los límites de los turmódigos por el S. Como Oca (Auca) estaba ocupada por los godos se ve a sus obispos, entre ellos a Asterio, acudir en 589 al concilio de Toledo, pero con la invasión de los árabes, desaparece en 716 hasta que, conquistada por el asturiano don Alfonso, se reanuda la serie de los obispos. Pero dura poco esta restauración, pues ya en 804 se traslada su residencia a Valpuesta, pero como obispo de Oca siempre, y sin salir de territorio autrigón. Asistieron los obispos de Iruña (Pamplona) al tercero Toledano del año 589, al segundo Cesaraugustano de 592 (obispo Liliolo), al Concilio cuarto de Toledo de 610 (obispo Juan). Sus vicarios se ven presentes en el décimo de Toledo de 683 (obispo Atiliano) y en el decimosexto toledano de 693 (obispo Marciano).

Vincomalus diaconus agens Atilani Pampilonensis. Vincomalus diaconus agens vicem Domini mei Marciani Pampilonensi episcopi subscrips (Aguirre, Collectio conciliorum Hispaniae. 1694).

El rey nombra a los obispos y convoca a los concilios por sí mismo y sin previo conocimiento del papa. En estas grandes reuniones de nobles y eclesiásticos se trataba no solamente lo concerniente a la fe católica, sino de todo, sin excepción. En el de Toledo de 633 se trató de la exclusión de la corona del destronado Suintilla. El rey Sisenando, al convocarlo, buscaba el visto bueno y la rúbrica de la Iglesia a su acción. Por el mediodía se presentaba otro problema a los obispos de Oca, Segia, Calahorra y Pamplona. Si estaban estas ciudades ocupadas por el godo invasor asistían a los Concilios de Toledo. Por el contrario, si permanecían libres, dejaban de hacerlo, como es lógico. A veces la contrariedad de asistir a un concilio toledano se manifestaba por el obispo de Pamplona en los raros casos en que estuvo dominada por los godos, enviando a su vicario como representante personal. Los obispos de Oca y Calahorra asisten más asiduamente, como puede comprenderse fácilmente, por estar estas dos ciudades casi siempre dentro del reino godo. En cambio Pamplona no asistió sino a dos o tres de los treinta y seis concilios y a otros dos indirectamente enviando a los vicarios. Jaurgain comenta: "Los concilios de Zaragoza (592), de Barcelona (599), de Egara (616), prueban que la posición vasca sometida a los reyes visigodos no se extendió nunca de una manera permanente más allá del territorio comprendido en el obispado de Calahorra, y, como vamos a verlo, su dominio sobre el país eúskaro alcanzó en Olite su límite extremo en 621" (Edic. Auñamendi, I, p. 74). Los obispos eran con toda probabilidad vascos, nativos, originarios del país. El que se llamen Juan, Liliolo, Atilano, no dice nada, como tampoco el que los jefes vascos se llamen Lupo, Fortum, Eudón, Céntulo, Ximeno o Hunaldo. Los nombres personales suelen ser propios de amplísimas áreas geográficas.
Según recoge la Crónica Pinatense. El rey Sancho Ramírez el Restaurador se halló con sus tropas al lado de Alfonso VI en Toledo, cuando la conquista de la ciudad a los moros, y señala la fecha de 1085 para tal intervención (cfr. Crónica de San Juan de la Peña. Versión fauna e índices preparados por Antonio Ubieto Arteta, Valencia 1961, pp. 57).
En esta ciudad se firmó la paz entre Castilla y Navarra en 1436. Según la cual Navarra recuperaría los terrenos ocupados durante la guerra, y la hija de Juan II contraería matrimonio con Enrique, heredero de la corona de Castilla.

Bernardo ESTORNÉS LASA