Lexicon

SEDA

En Pamplona no parece haber existido gremio medieval o moderno de sederos. Sin embargo este fino tejido era confeccionado por los tafetaneros como materia prima para sus tafetanes, ya que las Ordenanzas de este gremio nos dicen que "ningún género de telas, obras o tejidos no se puedan tramar, ni se tramen, con tramas ni con pelo de seda cruda... por cuanto las dichas tramas crudas son rústicas y muy dañosas para las obras y, para los compradores, engañosas...".

En Gipuzkoa hubo un intento en 1878 que no logra llegar al s. XX. La industria textil del país era más artesana que otra cosa. Gregorio Lopetedi Lecumberri, fue quien lo intentó mediante el gusano de seda del roble (Bombix o Attacus pernyie), conocido en Europa desde 1865 y originario de China, publicando un folleto en 1880 con instrucciones para su cría. Las sedas que se ensayaron en Lyon con ese mismo punto de partida habían prosperado. Lopetedi puso una fábrica de hilandería en el barrio de Gros, en San Sebastián, bajo el nombre "Lenbizicoa". Los criaderos de gusano en los robles y aun castaños, fueron cubiertos de lonas para evitar que los insectos destruyeran la cría de gusano. Tuvo una subvención de la Diputación de 3.000 ptas. (de su tiempo) para fomentar esa naciente industria. La explotación se fundó en Usurbil, en los montes de Irisarri, y algunos años llegaron a recolectar varios millares de capullos. En 1878 se recolectaron en Goyar-aundi, término de San Sebastián, 18.800. Animado por los resultados que preveía, se trasladó al extranjero recorriendo los países productores de seda, instalándose primero en una fábrica del departamento francés de Ardeche y luego en otra de Isere, estudiando la filatura de la seda. Pocos meses después volvía con conocimientos para hilar el capullo de morera, habiendo dado con el método de hilar el capullo de roble. Decidido a montar la fabricación de sedas, la inició con la filatura de capullos de ambas especies. Para vencer la dificultad de formar a un núcleo de operarias, trajo del departamento de Isere dos acreditadas maestras de filatura, que dirigidas por el señor Lopetedi, e iniciadas en la filatura del gusano de roble, nueva para ellas, consiguieron en tres meses formar cuatro nuevas maestras hijas del país, núcleo del que se sirvió para ir educando a las operarias hasta el número de cincuenta, que pronto trabajaban en la empresa. De Lyon trajo una maquinaria completa, una máquina de vapor de seis caballos de fuerza, una caldera capaz de producir el vapor suficiente para el triple objeto de alimentar el motor, una cámara para la asfixia del capullo y las máquinas hilanderas. Establecida la filatura, se encontró con la dificultad de recoger cantidad suficiente de capullos para la marcha no interrumpida de la fábrica, teniendo que recurrir a Aragón, Valencia, Lyon y Marsella. En sus talleres, con 32 hilanderas, producía anualmente 1 .728 kilos de seda en rama. Era muy curiosa la sala de retorcidos y sedas de coser, con máquinas de donde salía la primera materia preparada para el tinte. No fueron las cosas tan bien como se pensó en un principio, ya que a los pocos años la fábrica textil de Gros se vio obligada a cerrar. Lopetedi no logró prolongar su industria sedera más allá de 1890. [Ref. Gárate Ojanguren, M.ª Montserrat: El proceso de desarrollo económico en Guipúzcoa, San Sebastián, 1976; Bustinduy, Nicolás de: La industria guipuzcoana a fin de siglo, San Sebastián, 1894].

Bernardo ANAUT