Ya se sabe que el alcalde de Bayona (Laburdi) era coronel general de la milicia burguesa, pero entre sus privilegios había uno que constituía el máximo orgullo de los alcaldes bayoneses que supieron siempre respetarlo hasta la caída del ancien régime. En ausencia del gobernador y del lugarteniente del rey, el alcalde de Bayona ejercía el cargo de sargento primero, o sea el que quedaba al mando de la plaza. Debía dar el santo y seña y custodiar las llaves de la ciudad amén de ocupar en las ceremonias públicas el puesto que ocuparía el gobernador o su lugarteniente. Se comprende que durante los siglos XVI y XVII, esto encontrase resistencia entre los mayores y coroneles de los regimientos en guarnición que no podían soportar la idea de ver al alcalde de Bayona sobre ellos. Hacia 1630 la condesa de Gramont trató de jugar una mala pasada a la Corporación Municipal dando ella misma el santo y seña a pesar del reglamento que lo atribuía al teniente de alcalde en ausencia del gobernador y de su lugarteniente. A fin de hacer valer sus derechos, la Corporación Municipal pidió información sobre lo que se hacía en las otras ciudades francesas, entre las que podemos citar Calais y Langres. Los registros de la ciudad están llenos de violentas querellas por este derecho, entre el alcalde de Bayona y los oficiales de la plaza. Finalmente a partir de principios del siglo XVIII el alcalde ejerció sin discusión su cargo de sargento primero, y, sin duda, para que no hubiese dificultades, se transcribió cuidadosamente una especie de diario de sus actos, durante todo el período de su mando militar, en los registros de las deliberaciones. Ya en diversas ocasiones el alcalde había ejercido el mando pero en el mes de octubre de 1768, al marchar el conde de l'Hôpital para Burdeos el 27 de septiembre por la mañana, el ayuda del mayor acudió en seguida a la residencia del alcalde con su cabo de ordenanza que llevaba las llaves de la ciudad así como el santo y seña para toda la semana con algunas instrucciones relativas al mando. El alcalde podía perfectamente cambiarlo, y de hecho ya había sucedido a menudo, pero en esta ocasión no lo juzgó oportuno. A la puerta del alcalde se había colocado una garita y el ayudante del mayor mandó poner un centinela. Después el magistrado siguió con el mando militar, pasando revista a las tropas de la guarnición y ejerciendo, en una palabra, el mando militar en toda su extensión, hasta el regreso del conde de l'Hôpital. Estas vacantes en el gobierno de la plaza se producían a menudo y veremos que en cada ocasión el alcalde de Bayona ejerce su derecho hasta 1789. Ref. Edouard Duceré: Dictionnaire historique de Bayonne, 2 vols, Bayonne, 1911-1915.
