Lexicon

PROSTITUCIÓN

Nuevas tendencias en la segunda mitad del siglo XX. En este último período del s. XX la mayor parte de las democracias occidentales han seguido el camino trazado por la Convención de las Naciones Unidas de 1949. Las directrices, de acuerdo con la corriente abolicionista en vigor, propugnaban la persecución y penalización de las actividades de quienes inducen o se lucran de la prostitución, la ilegalización de la reglamentación y la prevención de la entrada de las mujeres en el mundo de la prostitución. También se pretendía facilitar la salida del medio a las mujeres a través de alternativas válidas de trabajo. Sin embargo, estos objetivos no se han cumplido y la prostitución continúa ejerciéndose, pero sin cobertura legal, sanitaria ni social alguna de las mujeres. Siguen existiendo, como a lo largo de la historia, múltiples formas de ejercicio de la prostitución. La procedencia social de las mujeres que viven de ella es tan amplia como la de sus clientes, desde el escalafón más bajo que, como siempre, gira en torno al ghetto hasta la que tiene como protagonistas a mujeres de alto nivel cultural. Los problemas derivados del consumo de estupefacientes han forzado la entrada en el mundo de la prostitución de un gran número de mujeres con problemas de drogodependencia; el temor al contagio del sida ha venido a introducir, asimismo, una nueva y tan desconcertante variable como, en su época, lo fue la sífilis. Lo que caracteriza la situación del último cuarto del s. XX es la aparición de nuevas reflexiones con respecto al papel de la prostitución. Se critica, así, el contenido moralista de muchas actitudes condenatorias de la prostitución, incluso entre quienes denuncian la explotación de estas mujeres. En este sentido se ha sugerido, desde ciertos sectores, que el movimiento abolicionista estaba impregnado de la moral victoriana imperante en la Inglaterra de su tiempo, donde, si cabe, la situación de las prostitutas era de menor riesgo que la de las mujeres empleadas en la industria o de las extenuadas por continuas maternidades. Confluyen a este debate abierto puntos de vista que cuestionan la visión androcéntrica que históricamente ha condicionado el análisis, ya que la reflexión sobre el papel de la prostitución en la sociedad se ha hecho siempre en función de unas necesidades masculinas consideradas irrefrenables. En la actualidad no se mantiene que son las prostitutas las encargadas de preservar la seguridad del resto de las mujeres ni cabe un discurso que asigne a las mujeres papeles estáticos y definidos. Por primera vez son las propias mujeres prostitutas quienes reclaman un protagonismo en el debate. En la línea de apoyo a su propia experiencia del trabajo y a sus reivindicaciones, han tenido lugar encuentros e incluso va abriéndose paso un incipiente movimiento asociativo. Entre sus principales reclamaciones se encuentran: cobertura sanitaria, de la que en la actualidad carecen, y derecho a prestaciones básicas, como jubilación e incapacidad laboral. En Euskadi, en el campo de asistencia y solidaridad con la prostitución marginal y en un intento pionero de atender a las propias demandas de las mujeres prostitutas, trabajan asociaciones como Askabide, en Bilbao, o Gizarterako, en Vitoria. Entre el movimiento feminista y desde asociaciones de prostitutas han surgido voces que reivindican también la prostitución como un trabajo más sobre el que no debe recaer tipo alguno de condena. Tres aspiraciones fundamentales son ahora reclamadas por una gran parte de las interesadas: respeto a sus derechos de ciudadanas, no culpabilización y, en su caso, búsqueda de alternativas laborales válidas.