El plano da idea de la extensión de las altísimas murallas. De ellas, la cortina meridional era la principal y más defendida, por ofrecer su frente al campo, reforzada en su centro con el enorme cubo imperial que tenía a su pie la Puerta de Tierra, muy suficiente para el paso de grandes diligencias, con sus puertas chapeadas de hierro y fuerte empalizada en su interior. En su bóveda estaba el cuerpo de guardia, y encima del ingreso, en su interior y sobre balconadura de madera, un crucifijo que se venera hoy en Santa María. Al extremo de esta cortina, la Puerta del Muelle. En el foso, formando ángulo con el cubo, estaba el Juego de pelota, embellecido con seculares olmos, y cerca un hermoso paseo de acacias. Pasada la Puerta de Tierra y el puente levadizo sobre la Huerta del Gobernador, el cruce para las dos avanzadas; a la derecha el camino de Hernani y a la izquierda el de Irún, y más allá el de Hornabeque. Ref. A. Pirala, San Sebastián en el siglo XIX (Madrid 1900)
