El triunfo de los partidos de derecha en las elecciones del 19 de Noviembre de 1933 -en las que los tradicionalistas obtuvieron un número apreciable de escaños- no supuso, ni mucho menos, el fin de la conspiración antirrepublicana de los seguidores de Alfonso Carlos. Se llegó, por intermedio del Conde de Rodezno, a una estrecha relación con los grupos monárquicos alfonsinos, relación que en alguna ocasión bordeó la clara tendencia fusionista. Así fue como el 31 de marzo de 1934 una comisión de fuerzas antiparlamentarias monárquicas compuesta por Antonio Goicoechea de Renovación Española -partido monárquico ultraconservador-, general Barrera por el sector monárquico del ejército, y, Rafael Olazabal y Antonio Lizarza por la Comunión Tradicionalista, se entrevistó con Mussolini en Roma. El Duce prometió a la comisión la ayuda italiana en armas y efectivo a cambio del cumplimiento de cuatro condiciones:
- Derrocamiento de la República
- Instauración de una Monarquía Orgánica
- Pacto de amistad con Italia
- Denuncia del pacto franco-español existente.
Las armas se introducirían por Portugal, costa levantina y sierra de Urbasa, previéndose asimismo el entrenamiento militar de oficialidad requeté en Libia y Cerdeña mediante ocultamiento de la verdadera personalidad.
