Migración. La propiedad que tienen las aves de volar hace que la migración sea para ellas algo fundamental en su devenir como grupo zoológico. El fenómeno que de manera rutinaria e inexorable acontece en una gran mayoría de especies dos veces por año hace que muchos millones de individuos trasieguen por los mismos lugares las dos veces al año, es decir, que se cree un flujo repetido periódicamente a lo largo de siglos. Hay algunos lugares en la Tierra en que las migraciones son particularmente notorias. El País Vasco es uno de esos lugares. Su situación en el S. de Europa y en el extremo de una cordillera de la importancia de la pirenaica hace que los enormes contingentes de aves se canalicen por pasillos muy constreñidos, el espacio de tierra baja que queda entre la mar y los primeros contrafuertes montañosos. Este fenómeno es el que tradicionalmente ha venido dinamizando nuestro panorama avifaunístico y en las últimas décadas su importancia relativa ha aumentado al suministrarnos, siquiera sea por algunos momentos, especies o contingentes que nuestro hoy maltrecho medio natural ya no puede acoger o, sencillamente, nunca los llegó a poseer. La citada afluencia regular de aves por lugares muy precisos hizo que con la aparición de ciertos artilugios, las armas de fuego, surgiera una cultura popular basada en la captura de parte de estos migrantes. Al hilo de esta práctica se fueron acuñando una serie de nombres de nuestra geografía en los que el ejercicio de esta actividad era especialmente productiva: Etxalar, Lindux, Alzania, etc., collados donde una especie, la paloma torcaz, que por razones que no llegamos a comprender enteramente, es particularmente codiciada, migra a baja altura. Lamentablemente esta cultura popular hace ya tiempo que se trocó en incultura.
José RIOFRIO AIZPURUA
José RIOFRIO AIZPURUA
