Nombre antiguo con el que seguramente se designaba una parte del actual término de Argaray, Pamplona (Nav.). De sus componentes obi, fosa, y eta, sufijo abundancial: las fosas, se desprende casi con seguridad, que este término venía a coincidir con un antiquísimo cementerio explorado por don Florencio Ansoleaga en los campos de la Medialuna o Argaray. Vicente Galbete volvió a tratar de este cementerio en las columnas del «Diario de Navarra», con ocasión de unas sepulturas aparecidas en las obras de reforma de la casa número 4 de la calle de Amaya. Ver OBIETAGAÑA. Ver ARGARAY. Ref Elías Martínez de Lecea
