Museums

Museo Diocesano de Arte Sacro. Bilbao

El Museo Diocesano de Arte Sacro cuenta con una colección integrada por más de 2.000 piezas -468 en exposición, el resto en el depósito- . Esta cifra está en progresivo aumento gracias a las nuevas donaciones y depósitos.

La calidad media de este conjunto es destacable, alcanzando en algunos casos cotas muy elevadas: alabastros góticos ingleses -la colección pública más amplia del estado-, esculturas de los Beaugrant, pinturas de Jordán, Carnicero o Paret... Hay que destacar la orfebrería, uno de los mejores conjuntos de toda la península.

En cualquier caso, hay que recordar que se trata de objetos retirados del culto. No se ha pretendido entresacar de los templos las más destacadas obras de arte religioso vizcaíno, sino reunir las más distinguidas de aquellas actualmente no aplicadas a la liturgia. Es decir, que si bien el Museo da una muestra cabal de la riqueza de nuestro patrimonio a través de piezas muy variadas y de notable calidad, aún quedan en los templos obras de primer orden. La existencia del Museo no ha supuesto un vaciado artístico de nuestras parroquias, sino una alternativa para la diversificación de la muestra al público de su patrimonio.

Cerca de tres cuartas partes de esta colección la integran obras de escultura y pintura, ordenadas de acuerdo a un criterio cronológico-estilístico.

La Edad Media tiene una representación desigual. El románico es escaso y modesto, como corresponde a un ámbito geográfico marginal en los tiempos en que se desarrolló este estilo. Pero el gótico -especialmente en su última etapa- es abundante y de calidad, incluyendo piezas directamente importadas de Flandes, como el retablo de Gizaburuaga. El auge del comercio atlántico permitió a aquella Bizkaia del 1500 ponerse al día en materia artística.

El renacimiento, por contra, parece haber dejado menor huella. Aunque hay obras sobresalientes, como las debidas al taller de los Beaugrant.

Pero es el barroco el estilo más generosamente representado en el Museo. Las piezas más antiguas se someten a principios austeros que nos remiten al clasicismo escurialense. Pero pronto se irán agitando las formas, humanizando las expresiones, avivando los colores... bien representadas en las obras de Carmona, Jordán, Carnicero o Paret.

Tras el esplendor del barroco llegó una nueva etapa discreta: el neoclasicismo es en Bizkaia un estilo apagado. Pero el panorama cambiaría a fines del siglo XIX. Si en general los estilos contemporáneos no han dejado una gran huella en el arte religioso, en Bizkaia la situación fue algo diferente. La burguesía se convirtió en la principal patrocinadora de la producción artística del momento, y bajo su influencia autores como Huerta, Torre, Asorey... fueron solicitados para ornar los templos.

Tras el "parón" artístico de la postguerra, desde los años 50 artistas como Ramil, Larrea, Muñoz o Ramos Uranga rompieron con las formas más tradicionales, plasmando en estilos vanguardistas temas de raigambre religiosa.

La sección de platería es sin duda uno de los ejes básicos del Museo Diocesano de Arte Sacro. Acoge una colección más que notable, en la que junto a piezas salidas de obradores vizcaínos pueden verse importantes obras llegadas desde otras tierras, sobre todo desde América. Y es que el legado de los vizcaínos emigrados es fundamental en esta parte del Museo.

La calidad de este conjunto ha logrado el reconocimiento de los especialistas, y algunas de sus obras han sido reclamadas para exposiciones temporales en Nueva York (Metropolitan Museum), Méjico (Centro Cultural de Arte Contemporáneo), Madrid (Museo de América), Sevilla (Expo 92 / Pabellón de la Santa Sede)...

Cronológicamente las piezas se extienden desde el siglo XIII, con algunas cruces del gótico incipiente, hasta los primeros años del siglo XX.

Finalmente, los ornamentos -vestiduras litúrgicas- conforman otra sección del Museo.

Realizadas con materiales nobles y adornos dignos de las celebraciones religiosas, sus formas y colores constituyen un distintivo del rango del sacerdote o del tipo de celebración.

Aunque conservamos piezas desde la época renacentista, también en este caso es la barroca la más generosa: la pompa en la liturgia desarrolló un bordado con un derroche absoluto de materiales e hilos ricos. En el XVIII, además, se dejó notar la influencia de los floreados modelos franceses. Además en esta centuria se reforzaron las relaciones comerciales con las colonias americanas y, a través de éstas, con Extremo Oriente, lo que llevó a incorporar a las ropas litúrgicas los motivos chinescos y los bordados mejicanos y peruanos, de impactante colorido y motivos de flora y fauna exótica.