Military

Muñoz de Mantilla, Pedro

Oficial español, agente de la Corona en Francia. A comienzos del año 1651, el conde de Gramont, gobernador hereditario de Bayona (Lapurdi), había traído a la ciudad como lugarteniente del rey a su pariente y amigo, Henry de Montesquiou, caballero y señor de Artagnan. Tan pronto como se enteró del comienzo de las hostilidades con España, mandó entrar en la ciudad el regimiento de Toulonjon, del que había sido durante algún tiempo teniente coronel. Gracias a sus cuidados, las calles habían sido evacuadas, los fosos profundizados, la guarnición perfectamente ejercitada, ya que no pasaba día sin que él mismo la hiciese maniobrar imaginando a menudo falsas alarmas, con el fin de mantenerla siempre alerta y asegurarse que cada uno estaría en su puesto en el momento del peligro.

Se habían colocado fuertes empalizadas alrededor de la ciudad. Mousserolles en el bastión St. Jacques, la torre de Menous hasta el camino del río Nive alrededor de la torre de Sault hasta el cuerpo de guardia de la cortina St. Léon, en las proximidades del Cháteau Vieux, del Cháteau Neuf, en el bastión del Norte y de allá hasta el Piédmont, cerca de las cadenas del Adur. M. d'Artagnan organizó un sistema de señales que ponía en comunicación a todas las puertas y castillos fortificados, desde la frontera extrema con el Cháteau Vieux, que era donde él vivía. Fue en medio de estas circunstancias cuando un tal Pedro Muñoz de Mantilla o Mentilla, antiguo oficial al servicio del rey de España, se presentó ante el barón de Vateville, gobernador de San Sebastián, y le hizo partícipe de su proyecto de sorprender a Bayona.

El barón, conociendo perfectamente la fuerza de la ciudad y el número de soldados y habitantes que la guardaban, pareció encontrar la tarea poco fácil, pero ante las insistencias del traidor, le entregó un salvoconducto. Mantilla vino a alojarse a Bayona, en el barrio de Lachepaillet, en una pequeña posada. No tardó en hacer conocimiento con un herrero cuyo taller estaba allí cerca. Después de haber inspeccionado cuidadosamente las murallas y las defensas de la plaza, acabó por descubrir que el Cháteau Vieux era todavía el punto más débil, o por lo menos el peor guardado y que debía centrar allí todos sus esfuerzos. En tiempos de paz, la guarnición del Château Vieux se componía, además de un capitán, un lugarteniente y un portero, de 14 hombres de armas con sus 14 arqueros y 13 soldados morte-paye antiguos, es decir, que debían ser elegidos entre los burgueses cualificados.

Su paga está así regulada: el capitán recibía 100 libras al mes, el lugarteniente 50, el portero 10, y cada soldado morte paye 10, cada hombre de armas con su arquero comprendido, también 10 libras al mes. Pero los hombres de armas y sus arqueros no hacían más que un servicio de alarde que se limitaba a llevar por turno la palabra de la patrulla nocturna al lugarteniente y asistir a las revistas cuando venía algún personaje importante. Eran, sin embargo, puestos muy solicitados, ya que proporcionaban a sus titulares alojamientos militares y el servicio de la guardia burguesa. Además de los 13 soldados morte-paye, antiguos, que eran franceses, había 63 soldados morte-paye, nuevos o de nueva cosecha, como se les llamaba; éstos podían ser extranjeros o hijos de extranjeros.

Aparte de las facilidades de aproximación que le daban varias construcciones establecidas cerca del foso de este lado, entre otras el jardín y el juego de pelota, pertenecientes a M. de Niort, antiguo magistrado, tenía la ventaja, sorprendiendo a la guarnición del castillo de apoderarse casi sin disparar un tiro, de esta parte importante que dominaba toda la ciudad y que era la clave. Sin embargo, estudiando mejor el terreno, debió llevar a cabo varias modificaciones en su plan, debido a la dificultad de engañar a los vigilantes del cuerpo de guardia vecino, llamado Lous Lumbs. Desde entonces, se quedó definitivamente con el proyecto de invadir la plaza directamente por el bulevard del Château Vieux. Después de haber fabricado fuertes ganchos de hierro provistos de sólidas y largas cuerdas, aprovechó una noche de ausencia de luna y de tiempo cubierto; se deslizó en los fosos de la puerta Tarride y siguiendo a lo largo del nuevo muro construido por Francisco I en 1521, llegó en medio del silencio más grande, después de haber hecho 150 pasos, a la pequeña puerta del castillo. Allí, después de varias tentativas infructuosas, consiguió finalmente lanzar un garfio para atarlo sólidamente a los barrotes del puente levadizo, sobre el que trepó con ayuda de su cuerda con nudos y de cadenas; pero, durante su ascensión, un falso movimiento hizo que su sombrero cayese en el foso.

Mantilla, sin embargo, continuó trepando con precaución y habiendo llegado al travesaño, se dejó caer en el otro lado del puente levadizo, ayudándose del mismo medio. Una vez allá, se encontraba entre las dos puertas; no queriendo hacer fuego para no llamar la atención de los centinelas, consiguió, sin embargo, encontrar la cerradura, de la que tomó una huella, así como otra del resorte, gracias a la cera blanda de la que se había provisto. Tan pronto como hubo fabricado las llaves necesarias para sus propósitos, tomó todas las disposiciones para que las tropas españolas pudiesen llegar fácilmente al pie del Château Vieux. Diez pinazas del puerto de Guetaria y cuatro fragatas que se encontraban en Pasajes, deberían transportar a las tropas del desembarco. Estos 14 navíos debían calcular sus movimientos, de forma de que pudiesen entrar en el río Adur hacia la medianoche, deberían anclar frente al molino de Salbase, en la orilla izquierda. Las tropas desembarcarían y dirigidos por sus oficiales, marcharían en el mayor de los silencios por Anglade y el molino de Niort. Allá deberían introducirse, dirigidos por el mismo Mantilla, en los fosos del castillo por la cordelería de Naguille que estaba contigua.

El conspirador, trepando entonces por las cadenas del puente levadizo, les abriría las puertas. Afortunadamente una carta interceptada y la inquieta penetración de una tal María Garay, en cuya casa Pedro Muñoz se alojaba en San Juan de Luz, descubrió toda la maquinación. Se encontró en la habitación del pérfido español las huellas, las llaves ya fabricadas y la copia de una carta escrita al barón de Vateville. Fue arrestado y se dictó sentencia de condenación el 24 de marzo de 1651. Decía que Mantilla, descalzo y en camisa, sería transportado ante la iglesia de Notre Dame con el fin de pagar allí sus fechorías expuesto a la vergüenza pública durante una hora, después sería paseado por la ciudad en un carro de bueyes y luego conducido a Palaytz, lugar ordinario de las ejecuciones, para ser sometido al suplicio de la rueda. Después se cortaría su cabeza y se ataría en la rampa del Château Vieux del lado de España, para que sirviese de ejemplo al ejército.

Ref. Edouard Duceré: Dictionnaire historique de Bayonne, 2 vols, Bayonne, 1911-1915.