Vino dos veces a Bayona. La primera como embajador de Francia en Madrid, y después como gobernador de la provincia. La primera vez, llegó el domingo 17 de junio de 1642. Fue recibido en St. Esprit, después de haber sido acogido en Ondres por los diputados de la Corporación, Augier de Sorhaindo y Bertrand de Lalanne, magistrado y jurado. Cincuenta burgueses a caballo le escoltaron y atravesó el puente de St. Esprit en medio de una fila de mosqueteros y lanceros. M. de Gramont, gobernador de Bayona, estaba colocado a su derecha y M. de Lalanne, primer magistrado, a su izquierda. Un séquito de más de 300 gentilhombres acompañaba a M. de Mayenne. No nos podemos hacer hoy una idea de lo que eran estas fastuosas recepciones. El embajador traía 180 mulos cargados con el equipaje, 50 oficiales de su casa, pajes en número de 42, y los gentilhombres formaban su séquito en número de 300.Algunas cortas relaciones impresas en 1612 nos han conservado sus nombres. Mientras que toda esta gente desfilaba por las calles, alfombradas y tapizadas, el cañón de la ciudad y los de los castillos se oían por todas partes dando la bienvenida al noble visitante.
La relación de la que hemos sustraído estas líneas indica sin embargo, no sin cierta amargura, que el duque de Mayenne se alojó en el Château Vieux, residencia del gobernador, pareciendo que desdeñó un alojamiento más modesto que la ciudad le había preparado a costa de muchos gastos, pero no se negó a aceptar un magnífico regalo de jamones. El 22 del mismo mes, el embajador reemprendió el viaje y fue acompañado hasta Behobia por el conde de Gramont y algunas personalidades de la ciudad. No hay ninguna mención en nuestros archivos del regreso del duque de Mayenne después de su embajada. Volvió a Bayona el 10 de diciembre de 1618, pero esta vez en calidad de gobernador de la provincia. La Corporación de la ciudad, habiendo recibido aviso de su próxima llegada, tuvo una sesión con el fin de preparar el orden y la marcha de la recepción. Pronto se apresuraron a reunir a los principales burgueses y se decidió que se enviaría un emisario ante el duque, con el fin de saber el número de personas que componían el séquito. El lugarteniente de alcalde debería trasladarse a St. Vincent u otro lugar, en el que el duque pasaría la noche que precediese a su llegada. El lugarteniente particular iría a saludarle de parte de los oficiales del rey.
La entrada se haría con los burgueses en armas y las calles tapizadas. El duque sería recibido en el puente, fuera de la puerta St. Esprit, donde se encontraría un pailhet o tribuna de arengas. La puerta debería estar adornada con un arco de triunfo y se colocarían otros tres arcos: uno contra la casa de la Barrière, en los Cinq-Cantons, el segundo en el extremo de la calle Argenterie, y el tercero contra la casa de M. de Sorhaindo, antes lugarteniente general, y contra la de M. de Prat. La milicia burguesa estaría al mando del señor de Vergés, llamado de Joanis, que era capitán el día de la última Consagración, con su lugarteniente y alférez. Estas tropas se compondrían de lanceros y mosqueteros. Se rogó al señor de Montaut que autorizase a la ciudad para poner su casa a disposición del duque de Mayenne. Se reservaron para su séquito 3 barricas de vino de Bayona, seis de Boucau y otras 3 de Navarra. Se haría al gobernador un regalo de un caballo de España, de una pieza de ámbar gris, de dos docenas de guantes de España y de dos docenas de lanzas, ahusadas y doradas. Se habían destinado otros regalos a los sirvientes del duque, sus gentes se alojarían en la ciudad. Se colocaron divisas sobre los arcos de triunfo, con su escudo y sus armas. Finalmente se prepararía un palio de raso blanco, galoneado con flecos y oropeles de oro.
El 21 de diciembre, los diputados de la ciudad se trasladaron a St. Vincent para saludar a este príncipe y al día siguiente, 22 de diciembre de 1618, hacía su entrada en Bayona. La milicia burguesa, en número de unos 1.000 hombres, armados con lanzas y mosquetes, estaban colocados en fila a lo largo del puente St. Esprit y hasta los Cinq-Cantons. El duque llegó a las cuatro de la tarde acompañado por varios señores y gentilhombres. Se apeó ante la puerta St. Esprit, subió a la tribuna bien tapizada y habiéndose sentado sobre una silla recubierta de un tapiz blanco, fue saludado por las autoridades. Después volvió a subir al caballo y habiéndosele presentado el palio, se negó a colocarse debajo y se puso en marcha. Encontró las calles muy bien tapizadas y fue a apearse delante de la catedral. El clero le recibió "ofreciéndole una hermosa arenga". Mayenne, después de haber hecho sus oraciones ante el altar mayor, montó en el caballo y conducido por el conde de Gramont, fue hasta la puerta del Cháteau Vieux. Entonces las compañías de la guardia burguesa desfilaron ante él; les encontró muy bien armados y equipados. La Corporación de la ciudad, habiéndole dado a entender que esperaba se alojase en el apartamento que le había preparado, se despidieron de él y se retiraron al ayuntamiento. El 26, el duque se marchó a Hendaya a visitar el lugar elegido para levantar un puente. El 2 de enero de 1619, volvía a Bayona y se alojó en la casa de Montaut, que la ciudad le había preparado.
Ref. Edouard Duceré: Dictionnaire historique de Bayonne, 2 vols, Bayonne, 1911-1915.
