Princesa de Montpensier
El 17 de febrero de 1720, con la paz entre Francia y España, el rey Felipe V soñaba con aproximarse al regente que podía ser para su joven hijo un poderoso protector. Proyectó casar al rey Luis XV, aún de once años, con la mayor de sus hijas, la infanta Ana María Victoria, de tres años de edad. Al mismo tiempo se negociaba otra unión, la del príncipe de Asturias, infante D. Luis, nacido en 1707 hijo mayor de Felipe V y de Gabriela de Saboya, su primera mujer, con una de las más jóvenes hijas del regente, la señorita de Montpensier, Luisa Isabel, de catorce años de edad. Se dieron órdenes de las medidas a tomar en Baiona para su paso. La correspondencia que se intercambió a este respecto, daba una triste idea del estado de la ruta de París a Madrid. Podía contarse con un paso de, por lo menos, seiscientos o setecientos caballos. Un destacamento de los guardias de la corporación había sido enviado delante de la infanta y, con el fin de dar a los españoles una idea ventajosa de la caballería francesa, se había decidido que los dos regimientos de Chartres y de La Tour se dirigieran al Bidasoa. Entre tanto; la princesa de Orleáns se acercaba a Burdeos.
El 19 de diciembre abandonó esta ciudad. La ciudad de Baiona había hecho grandes preparativos. Ya el 8 de diciembre de 1721, el primer magistrado informó a la Corporación de la ciudad sobre el próximo paso de la princesa. Como las rentas se habían gastado "por las cargas corrientes", exhortó a los otros magistrados para que abriesen sus bolsas e hiciesen adelantos para estos gastos. Pero el magistrado Dulivier propone hacer él solo estos adelantos a condición de que le fuesen devueltos con las primeras entradas, lo que fue pronto aceptado. Al mismo tiempo M. Dadoncour, lugarteniente del rey, advirtió a la corporación de la ciudad que había recibido órdenes para abastecer de los muebles necesarios las barracas de la isla de la Conference, donde debía tener lugar el cambio de las princesas. La ciudad le pagaría después todo. El 7 de diciembre se informó a la corporación de la ciudad de los honores que debería ofrecer. El regente quería que se ofreciesen los mismos honores a la infanta que cuando el rey de España visitaba sus estados, es decir, una guardia de 160 hombres, dos capitanes a pie y los oficiales con una bandera.
En cuanto a la señorita, bastaría con ofrecerle una compañía de guardias con una bandera, pero a su entrada y a su salida haría falta hacer estallar todos los cañones de la plaza. Las tropas que debían ir a las orillas del río Bidasoa, empezaron a pasar el 24 de diciembre y fueron acompañados del segundo batallón del regimiento de Touraine y de Richelieu, y el 25, del regimiento de caballería de Chartres y del de La Tour. Fue preciso preparar para toda esta gente los alojamientos de las etapas y los forrajes. El viernes 2 de enero de 1722, los magistrados se presentaron vestidos de rojo ante la puerta de St. Esprit, donde fueron presentados por M. Desgranges. El primer magistrado fue admitido en honor de aranguero de la princesa; "ella se mostró sensible a las demostraciones de alegría y de respeto que la ciudad le ofreció y respondió con infinita bondad".
Hizo su entrada en Baiona acompañada de cañonazos y atravesó la ciudad cuyas calles estaban tapizadas y bordeadas por las tropas de la guarnición y las compañías burguesas bajo las armas. Se alojó en el palacio Episcopal, donde se había preparado su apartamento y los magistrados hicieron transportar allí los regalos de la ciudad. Consistían en doce grandes cestas llenas de vinos de todas clases, de jamones y de cajas de confituras. La corporación de la ciudad pasó después al departamento de la duquesa de Ventadour, presentó sus respetos y le ofreció sus regalos. La princesa se marchó el 5 de San Juan de Luz y fue despedida por los magistrados a la salida de la ciudad.
Ref. Edouard Duceré: Dictionnaire historique de Bayonne, 2 vols, Bayonne, 1911-1915.
