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LA PRECIOSA

Sala de la Catedral de Pamplona donde se celebran desde mediados del s. XVI las Cortes de Navarra. Aparece en los documentos como «Sala de la Librería Nueva». Como anota Huici Goñi, «la estructura de estos departamentos ha cambiado desde entonces y no se puede decir que la sala en que se congregaba la Asamblea fuera la misma a que hoy se llega por la puerta Preciosa». La sala acogió, asimismo, a la Diputación del Reino hasta la construcción del actual edificio en 1847. El P. Isla la inmortaliza en su Día grande de Navarra de 1746: «Lo cierto es, que el día 11 (tan impaciente estaba la fidelidad, y tan codiciosa de aprovechar los instantes) se juntó la Diputación plena en su sala llamada la Preciosa. Cosa más bien llamada no se ha llamado desde Adán acá, esto es, desde que el primer padre de los hombres fue también el primer padre de los nombres, con tanto acierto, que no le erró el nombre a cosa alguna: Omne enim quod vocavit Adam, ipsum est nomen ejus. Preciosa por la hermosura, preciosa por la fábrica, preciosa por el destino, que no es menos (ahí es un grano de anís) para ser la sala consistorial, donde se junta el Reino pleno cuando se convocan Cortes en la imperial corte de Pamplona. Una sala donde caben tantas y tan grandes capacidades, y todavía hay capacidad para más, necesariamente ha de ser una sala muy capaz. Y siéndolo tanto lo material, ¿qué será lo formal de ella? Yo lo diré: en todo lo que toca a lo material, es la preciosa por excelencia; y aunque el mismo Rey entrara en ella, no dudaría yo llamarla pretiosa in conspectu Domini; pero en lo formal deja de ser preciosa, porque no tiene precio. Solo hallo un modo de valorarla, entendida en este sentido, y lo diré como pudiere: ¿Cuánto va que no sabes cuánto vale Aquella celebrada sala hermosa, Que por no tener precio que la iguale. Se llama por antífrasis Preciosa? La cuenta no hay que echarla (que no sale) Por pesos, por doblones ni otra cosa. Mira bien los que coge entendimientos, Y echa despues la cuenta por talentos. Uno dijo, y lo dijo grandemente, Que no estribaba el precio en la estatura; Precioso es el diamante, y es poco ente, Más precioso el carbunclo, y no es figura. La regla es general; pero consiente Su excepción de esta sala en la estructura. Cada piedra que de ella se desmande Es preciosa y no deja de ser grande.»

Idoia ESTORNÉS ZUBIZARRETA