Lexicon

GRIPE

Enfermedad epidémica con manifestaciones catarrales, gripe (B, G, AN), gripa (L, BN, S); coger la gripe, gripatu (L, BN, S).

Diccionario Auñamendi
Aunque al hablar de gripe se suele hacer referencia a la epidemia de 1918, ya con anterioridad se cita la epidemia en 1853. En el libro de Gonzalo Bilbao a mediados del siglo XIX se reproducen trozos de cartas de aquella fecha, uno de los cuales dice así: "Aquí medio pueblo o todo él está con la gripe, y de este número somos nosotros, que todavía no estamos bien, pues esta enfermedad tiene eso, que tarda mucho en desaparecer enteramente. Estos días no se habla más que de muertos y enfermos, que ha habido y hay muchísimos de gravedad". Después de enumerar una serie de personas fallecidas, concluye: "Todo se atribuye al tiempo demasiado bueno que tenemos, pues es extraordinario que no hayamos sentido el frío todavía, así es que estamos deseando que empiece el invierno y con él la salud, pues estos días estamos aterrados". Respecto a la epidemia de gripe de 1918, Jimeno Jurio ha reunido un conjunto de datos sobre Navarra que sirven de muestra para lo que ocurría en toda Euskalerria. Dice así: "Al final de la primera guerra mundial, la humanidad se vio atacada por un virus que llegó a producir en algunos países una mortandad del 1,50 por mil. Carecemos de un estudio que permita valorar la magnitud de la epidemia, sus causas, desarrollo e índices de mortandad en el País Vasco. Navarra se vio estremecida por el dantesco drama. Los primeros casos fueron detectados en Goizueta el 3 de setiembre, mes en que muchos pueblos celebraban sus fiestas patronales en honor de la Virgen, Santa Cruz o San Miguel. Al poco, la prensa donostiarra y madrileña denunciaban con tonos alarmantes la existencia del foco epidémico. El ministro de la Gobernación conferenció con el gobernador civil de Navarra. El mismo día 9 por la tarde, Queipo de Llano se trasladó a Goizueta y Baztán, con el inspector provincial de Sanidad, Dr. Jimeno. Autoridades y prensa restaron importancia al caso. La alarma era infundada. Existían en aquella villa doscientos atacados, pero no pasaban de media docena los muertos: el mal era benigno. Para el día 18 se habían registrado numerosos casos en casi toda la provincia. La Valdorba quedó invadida y crecían los enfermos en la capital. A finales de mes, la gripe se había enseñoreado de la población, desde Valcarlos a la Ribera. Cundió la alarma. Los pueblos comenzaron a requerir la presencia de médicos, por hallarse enfermos sus titulares. En Iruña pasaban de ochocientos los contaminados. En las cendeas de Cizur y Olza hubo pueblos, como Noain e Izcue, con enfermos en cada casa. La prensa publicaba casos tremendos y llamadas de socorro. En Los Arcos, con una población ligeramente superior a los 2.000 habitantes, existían más de ochocientos afectados, entre ellos el médico y el boticario; en treinta horas habían muerto una docena de personas. Algo parecido sucedía en Lerin, donde fueron detectados algunos casos de tifus, muriendo el 7 de octubre once vecinos. El médico D. Benedicto Labat se multiplicaba, pero estaban en cama farmacéuticos y practicantes. La mortandad creció durante la primera semana de octubre. En el hospital militar apenas había camas libres y pasaban de ochenta los enfermos en el manicomio. El obispo fray José López de Mendoza fue viatificado en Zaragoza, regresando sano a Pamplona el 4 de noviembre. En la capital se registraron cuarenta defunciones durante el mes de setiembre, 109 en octubre y 61 durante la primera quincena de noviembre. Para esta fecha contaban con más de cincuenta muertos Etxarri-Aranatz (1.472 habitantes, 74 defunciones, 5,03 por ciento), Mendavia (2.781 habitantes, 59 defunciones, 2,12 por ciento), Artajona (2.541 habitantes, 52 defunciones, 2,05 por ciento) y Estella (5.144 habitantes, 63 defunciones, 1,22 por ciento). Entre las víctimas hubo varios médicos y sacerdotes, como los párrocos de Artariáin, Beorburu, Eslava, Ilúrdoz y Sarría. La gripe desapareció a finales de noviembre, dejando una terrible secuela de muertos y familias enlutadas".

Bernardo ANAUT