Perfil biográfico
Pedro Víctor Gallastegui Villar, nació el 6 de marzo de 1863 en el barrio de Mártires (Osintxu) y fue bautizado el día 7 en la parroquia de Santa Marina [1] , hijo de Esteban Gallaztegui Lizarralde, herrador y herrero de profesión y de Marciala Villar Tellería
Casó con Benita Ibiricu Iceta, el 23 de febrero de 1892 [2] en la parroquia de Azkoitia, de donde era natural la desposada.
Falleció a los 52 años, el 30 de octubre de 1915, su funeral se celebró en la bergaresa parroquia de Santa Marina.
Su viuda, Benita Ibiricu e Iceta, solicitó el 9 de diciembre de 1915, una ayuda económica al Ayuntamiento, resolviéndose favorablemente en sesión de 20 de diciembre de 1915, asignándosele la cantidad de 166,66 Pts. "que es lo que cobraría su marido en el ejercicio de su cargo, en los meses de noviembre y presente diciembre" [3].
Formación
Cursó la carrera en la Escuela Superior de Veterinaria de Zaragoza, en la que ingresó en octubre de 1882, finalizando sus estudios el 23 de junio de 1888 [4].
Actividad profesional
Azkoitia (Gipuzkoa).
En julio de 1889, dirigió una instancia al alcalde de Azkoitia (Gipuzkoa), don Fermín Odriozola Caminos, solicitando se le nombrara Inspector de Carnes, argumentando que, siendo veterinario, poseía una titulación superior a la de la persona que en aquel monumento desempeñaba el cargo (Iturbe Casteig); el escrito que fue leído en la sesión del 21 de julio de 1889 [5] , quedó sobre la mesa.
En la sesión del 4 de agosto [6] , presidida por el alcalde Fermín Odriozola, que contó con la asistencia de los concejales Narciso Arambarri, Antonio Arana, José-Francisco Arteche, Vicente Echaniz, Antonio Gárate y Miguel Olariaga, este último presentó un voto particular que hizo constar en acta, argumentando que el albéitar Manuel Ignacio Iturbe Casteig, Inspector de Carnes, fue nombrado como tal por el Gobernador civil de la provincia el año 1865 y que el Ayuntamiento de Azkoitia volvió a encargarla la Inspección de Carnes en sesión celebrada el 31 de octubre de 1880 [7] en propiedad, posesionándole del cargo el señor Presidente del Ayuntamiento el 21 de noviembre de 1880, desempeñando su cargo, el dicho Iturbe, sin queja ni reclamación alguna y a completa satisfacción de todos, en los años sucesivos y en el actual y que, según su opinión, la importancia que otorga el Reglamento da a la categoría debe entenderse sólo en el acto del nombramiento y entre los que presenten la instancia solicitando la vacante.
Todos los corporativos se adhirieron a la razonada propuesta, excepto don Vicente Echaniz, quedando aprobado el acuerdo por mayoría de votos.
Recurrió el acuerdo nuestro protagonista ante el Gobernador civil y una providencia de éste que se leyó en la sesión del 19 de setiembre de 1889 [8] , daba la razón a Pedro Gallastegui. Todos los corporativos, excepto el Sr. Echaniz acordaron recurrir la providencia ante el ministro de la Gobernación y una Real Orden que se comunicó el 27 de octubre del mismo año, confirmaba en todos sus puntos la providencia del Gobernador, de forma que, se acordó [9] que los corporativos José-Francisco Arteche y Narciso Aramburu, suscribieran con Pedro Gallastegui la escritura de compromiso, por el período de un año.
No parece que con sus primeras actuaciones pretendiera causar buena impresión a la parroquia, porque el 8 de diciembre de 1889, 292 vecinos de la Villa, todos contribuyentes, presentaron un escrito [10] en la Alcaldía manifestando que el Inspector de Carnes exigía por el reconocimiento del ganado vacuno que se sacrificaba para el consumo público, el 2% de su valor y una peseta por cada cabeza de porcino, contraviniendo la tarifa aprobada por Real Orden de 17 de marzo de 1864, considerando además, el vecindario, que nada debía percibir, pues ya cobraba un sueldo anual, por ese menester, por parte del Ayuntamiento.
En la sesión del 17 de diciembre de 1889, el concejal Olariaga, como era su costumbre, presentó su voto particular razonado, por escrito, que se adhirió al acta [11] , manifestando que a Gallastegui no le asistía derecho alguno, recordando la mencionada Real Orden y otra de 9 de julio de 1889 sobre reconocimiento de animales para la venta y proponiendo, no sólo que dejara de cobrar sus particulares honorarios, sino que devolviera los ya percibidos, bajo pena, en caso de no hacerlo, de iniciarle un expediente de separación. Con el voto contrario del corporativo Echaniz, que anunció un recurso, el resto de los concejales y alcalde votaron a favor de la propuesta de Olariaga.
Recurrió nuevamente nuestro joven veterinario ante el Gobernador, afirmando que todo respondía a las maniobras del albéitar Iturbe, que no eran ajenas a un trasfondo político; que, entre los firmantes de la carta de protesta, algunos eran amigos de éste, muchos se habían retractado por haber sido víctima de engaños, incluso algunos de ellos apoyaban con su firma el mismo recurso y de otros manifestaba que no eran contribuyentes sino personas de nula influencia y escasa relevancia social. Decía también que en ningún momento se había salido de la legalidad y que se había limitado a aplicar las tarifas que ya aplicaban los veterinarios de las localidades del entorno; las tarifas más altas se referían a los ganados inspeccionados en el propio caserío, muchos de ellos situados muy lejos del casco urbano y sugería un incremento notable de los emolumentos municipales, para proceder a la devolución de lo percibido a los ganaderos y no aplicar tarifa alguna en el matadero [12].
Una providencia del Gobernador rechazaba el recurso, ordenaba al Ayuntamiento la formalización de un contrato con incremento de sueldo y al veterinario que devolviera lo cobrado indebidamente.
Un nuevo recurso ante el ministro de la Gobernación, acordó con la misma resolución, si bien matizaba debía devolver, únicamente lo percibido en el matadero.
Gallastegui no se trasladó oficialmente a Azkoitia, porque el Censo Electoral de Guipúzcoa de 1890 [13] , lo contempla como residente en Bergara.
A pesar de la ausencia de su localidad natal, el alcalde vergarés, Pedro Unamuno seguía contando con él como integrante de la Junta municipal de Sanidad de Bergara convocándole a la sesión de 28 de junio de 1890, pero nuestro protagonista no compareció, haciéndolo en su lugar, su antecesor; lo mismo ocurriría en las convocatorias de diciembre de aquel año y de junio de 1891 y como consecuencia, al producirse el relevo de los componentes de la Junta, no se nombró a ningún veterinario, seguramente porque ya era notoria la ausencia de Gallastegui y Sánchez Arrosarena atravesaba un mal momento de salud corporal y anímica.
En diciembre de 1890, el Ayuntamiento azkoitiarra recibió la denuncia [14] del vecino don Antonio Larrea quien manifestaba que Pedro Gallastegui no comparecía en el matadero municipal para cumplir con sus labores de inspección. Se acordó iniciar un expediente para comprobar la denuncia, pero no existe constancia de su resolución hasta que a raiz de otras denuncias, la Corporación que entonces presidía el primer teniente de alcalde, don Ignacio Irízar, en sesión de 4 de abril de 1892 [15] , le amonesta formalmente por sus repetidas ausencias, lo que no sirvió para que cambiara el vergarés su conducta, de manera que el 25 de mayo se recibe otra denuncia por parte del corporativo José Miguel Arocena.
Bergara (Gipuzkoa). En la sesión de 21 de abril de 1892, la Corporación se enteró de que sólo se había recibido la instancia de don Pedro Gallastegui y Villar, vecino de Azkoitia, veterinario, acordándose nombrarle Inspector de Carnes de esta villa con el sueldo de 500 pesetas anuales, por tiempo de un año, notificando el acuerdo al Gobernador Civil. En la sesión de 1 de octubre de 1892, el alcalde D. Ricardo Aramburu, informó que se había formalizado el arreglo convencional por término de un año con don Pedro Gallastegui.
Gallastegui no era un desconocido en el Ayuntamiento de Bergara y desde el 1 de julio de 1889, siendo alcalde, don José Joaquín de Egaña, había sido designado por el gobernador civil, a propuesta de la Alcaldía, para el bienio que finalizaría el 30 de junio de 1891, como componente de la Junta municipal de Sanidad en su condición de veterinario; curiosamente, se le nombraba vocal titular, mientras que a José Mª Sánchez Arrosarena se le designaba como veterinario suplente [16].
En la sesión celebrada el 5 de julio de 1893 bajo la presidencia del alcalde en funciones, Ignacio Aldasoro, vuelve a aparecer nuestro protagonista como vocal veterinario; un año más tarde, en abril de 1894, asiste a la sesión de la Junta Municipal de Sanidad acompañado del subdelegado Veterinario del Distrito, Francisco Izaguirre.
El 28 de junio de 1894, ejerciendo como alcalde don Jorge Arteche, don Pedro Gallastegui solicitó un incremento de sus honorarios por el reconocimiento de reses, desestimándose la solicitud unos días más tarde.
En la sesión del 11 de agosto de 1894, convocada y presidida por el segundo teniente de alcalde, Jorge Arteche, a la que asistió nuestro veterinario, se trataron asuntos concernientes a la higiene pública que el munícipe tenía mucho interés en impulsar; así, se acordó redactar un bando en el que se hiciera constar la expresa prohibición, dentro del casco urbano, de sacar a la calle al ganado de cerda, después de las 6 de la mañana, desde abril a octubre y desde las 7 desde noviembre a marzo; también se prohibía la venta de pescado hasta las 8 de la mañana, fuera del lugar establecido al efecto y siempre con el previo reconocimiento del inspector del ramo.
El 30 de agosto de 1894, el concejal Sr. Sarasola recordó a la Corporación que había expirado el plazo de un año establecido en el contrato al Inspector de Carnes y que procedía la provisión de la plaza de forma definitiva y el 22 de setiembre se acordó la separación del servicio del Sr. Gallastegui.
Los Sres. Múgica y Alberdi fundamentaron su desacuerdo con la postura mayoritaria argumentando que, aunque hubiera transcurrido el tiempo de un año, no existían desacuerdos importantes. Además, el Inspector de Carnes no había manifestado su disposición a cesar en el cargo y, por último, no se le había incoado expediente alguno, ni existían faltas en el servicio. En vista de todo ello, estos concejales propusieron su nombramiento como veterinario interino, una vez finalizado el contrato.
El 29 de setiembre de 1894, la Corporación se informó sobre las demandas del veterinario, que pretendía recurrir su cese unilateral y en la sesión de 17 de noviembre, se daba cuenta de una Resolución del Gobernador civil, anulando el acuerdo del cese.
En la misma sesión se analizó una instancia del veterinario con residencia en Vergara don Víctor Perosterena e Idígoras, encargado de la inspección de carnes tras el cese de Gallastegui, que denunciaba la actividad profesional que venía desarrollando Gallastegui en el reconocimiento de los cerdos en los sacrificios domiciliarios. Los corporativos desestimaron la solicitud en virtud del al acuerdo del 22 de setiembre y aprovecharon la ocasión para comunicarle su cese como Inspector de Carnes interino.
El 8 de diciembre de 1894, actuando como Alcalde el primer regidor, don Félix Azcarate-Ascasua, a petición del concejal Sebastián Alberdi, se trató nuevamente la instancia de Pedro Víctor Gallastegui de 24 de noviembre, solicitando se le abonara el sueldo devengado durante el tiempo que se le tuvo, indebidamente, separado del servicio, solicitud a la que era favorable el concejal ponente, en contra de la opinión del concejal Ramón Iñarra que manifestaba que no habiendo trabajado, no procedía abono de ninguna clase, máxime cuando se había recurrido en alzada, ante el ministro de la Gobernación, la decisión de readmisión dictada por el Gobernador Civil. Sometido el asunto a votación, de los cinco corporativos asistentes, cuatro votaron a favor y uno en contra.
En 1900, Pedro Víctor Gallastegui firma en su condición de subdelegado de Veterinaria del Distrito de Vergara.
El 18 de marzo de 1903, el Ayuntamiento presidido por Ramón Urmeneta, se entera que por encargo del mismo, el Director del Laboratorio Químico Municipal de San Sebastián, señor Vidaur, realizó las gestiones para adquirir un microscopio que acababa de llegar a Donostia, acordándose enviar a la capital al veterinario Gallastegui, para que aprenda su funcionamiento y se haga cargo del aparato, que se instalaría en las dependencias de la secretaría vieja, para lo que se dispuso adquirir el mobiliario necesario e instalar la Inspección de Carnes y Leches y el 28 de noviembre, se ordenaba cumplir con las disposiciones de inspección microscópica de la carne de todos los cerdos sacrificados en la Villa y los de procedencia foránea.
En diciembre de 1903, el único veterinario que figuraba como empleado municipal era don Pedro Víctor Gallastegui, con un suelo anual de 600 pesetas.
La Junta Municipal de Sanidad de Bergara
En las renovaciones que se hicieran de la Junta Municipal de Sanidad, tanto en julio de 1895 con el alcalde José Mª de Murua como en 1897 y 1899, con el alcalde Julio Recabeitia, figura nuestro protagonista.
El 12 de setiembre de 1904, se reunía la Junta municipal de Sanidad bajo la presidencia del alcalde Ramón Urmeneta, para estudiar la Instrucción General de Sanidad [17] recién aprobada y publicada el 14 de julio del mismo año, en cuyo Capítulo II se contempla que la duración de los cargos sea de tres años.
El 12 de enero de 1907, siendo alcalde Cristóbal de Arrese, se procede a la renovación de los cargos en la Junta para el próximo trienio, continuando Gallastegui como vocal nato; en la misma sesión, informó sobre la presencia de glosopeda en la cabaña vacuna de la localidad, describiendo los síntomas y recomendando como medida preventiva que no se consumiera leche sin cocerla debidamente, que se evitara el tránsito del ganado vacuno por las vías públicas, que se prohibiera su presencia en las ferias y que se comunicara la existencia de la enfermedad al gobernador civil y a los alcaldes de las poblaciones limítrofes; la Junta hizo suyas las recomendaciones del veterinario, lo que no fue óbice para que en julio de ese mismo año, siguiera el azote de la enfermedad.
La vaca del caserío Zakurtegi [18]
En julio de 1907, participó en un suceso que concitó la atención de todos los veterinarios del Valle del Deba y de los alcaldes de las poblaciones más importantes, ante la sospecha de existencia de una vaca enferma de Pleuroneumonía.
Todo comenzará con un oficio que el Alcalde de Mondragón dirigía al de Bergara el 8 de julio de 1907 notificándole que en la madrugada de la víspera había detenido a una vaca que era conducida a Vitoria por don Sebastián Lizarralde del caserío Zakurtegi de Bergara, sospechosa de padecer una enfermedad infecto contagiosa, temores que fueron confirmados por el veterinario municipal Aramaiona, Álava, que diagnosticó perineumonía contagiosa, en contra del parecer de don Pedro Víctor Gallastegui, enfermedad incluida en el Reglamento de Epizootias de 3 de julio de 1904; atendiendo al ruego del ganadero que deseaba evitar los gastos que supondría su preceptiva inmovilización en el establo del matadero municipal de Mondragón y adoptadas las debidas precauciones para evitar posibles contagios, se le autorizó su regreso al caserío de procedencia.
El alcalde vergarés, Cristóbal de Arrese, ordenó la apertura de un expediente informativo para dilucidar las posibles responsabilidades del veterinario Gallastegui al permitir el traslado de un animal en esas condiciones, rogando a su homónimo de Mondragón autorizara a su veterinario a desplazarse hasta el ayuntamiento vergarés a declarar.
El 20 de julio, el veterinario municipal de Mondragón, don Bonifacio Herrador y Estévez, casado, de 47 años, vecino de Mondragón quien manifestó su discrepancia con el diagnóstico del compañero alavés, pues a su juicio se trataba de una tuberculosis, si bien en un nuevo reconocimiento que acababa de practicarle observaba una inflamación laríngea que no había percibido en anteriores reconocimientos practicados en Mondragón y sugería se convocara también a declarar al veterinario de Aramaiona. Así se acordó.
El 21 de julio sería nuestro protagonista quien, después de jurar decir la verdad, declaraba ante el alcalde Arrese que a su juicio la vaca no tenía enfermedad infecto contagiosa alguna sino un cuerpo extraño en el esófago; también declaró que, a petición suya, reconocieron la vaca los veterinarios de Eibar y Deba, llegando ambos a la misma conclusión. Preguntó don Cristóbal Arrese si tal hipotético cuerpo extraño pudo haber sido introducido después del reconocimiento que habían practicado los colegas de Aramaiona y Mondragón, respondiendo Gallastegui negativamente porque hacía dos meses que ya lo había diagnosticado él en el caserío Zakurtegi, si bien, con los medios de diagnóstico que entonces disponían, sólo se podría salir de dudas en el matadero, durante la necropsia.
Al día siguiente, compareció ante el alcalde de Bergara, don Miguel Casas Arregui, de 22 años, soltero, veterinario municipal de Deba y previo juramento, manifestó que la vaca objeto del expediente, a su leal saber y entender, no presentaba síntomas de enfermedad infecto contagiosa, sino un objeto extraño que, sin el auxilio de los rayos X, sólo se podría precisar en la necropsia.
Pasaría luego al despacho del alcalde, don Emérico Curiá Martínez, soltero, de 41 años, veterinario municipal de Eibar quien declaró que a su juicio no padece la pleuroneumonía contagiosa, pero sí alguna lesión pulmonar; percibe además una tumefacción o inflamación severa en la laringe, sin poder asegurar la existencia de un cuerpo extraño hasta el momento de la necropsia.
Intervino posteriormente don Eugenio Gravé Martín, casado, de 30 años de edad, veterinario y vecino de Aramaiona (Álava), quien manifestó que, a instancias del secretario del Ayuntamiento de Mondragón, reconoció la vaca en cuestión que procedía de Bergara y su diagnóstico fue una pleuroneumonía infecto contagiosa, complicada con una degeneración tuberculosa, pero no observó ningún cuerpo extraño en la laringe.
En la jornada siguiente, se recibió el testimonio de don Santos Morán de Robles, soltero, de 26 años, veterinario y vecino de Bergara, quien manifestó que, una vez reconocida la res, ésta presentaba hepatización pulmonar, como consecuencia probable de una perineumonía padecida con anterioridad, complicada con una tuberculosis y por último evidenciaba, por la sintomatología, la existencia de un cuerpo extraño en la laringe.
Arrese, ordenó el sacrificio, ese mismo día a las tres de la tarde, en el propio caserío Zakurtegi, comunicando su decisión a su homónimo de Mondragón, rogándole convocara a su veterinario, don Bonifacio Herrador y designó a los concejales, don Francisco Ubillos y don Juan Arteche para que acudieran en su representación; además citó también a los representantes de la Hermandad de Ganaderos y a todos los veterinarios actuantes en el expediente y al veterinario municipal de San Sebastián y Presidente del Colegio Oficial de Veterinarios, don Luis Sáiz y Saldaín.
La expectación creada ante el asunto afectaba, no sólo a los veterinarios, sino al propio vecindario, especialmente a los ganaderos que disfrutaban del morbo que siempre les ha producido estos hechos en los que intervienen varios veterinarios, que a veces generan tiranteces, discusiones y algunos comentarios improcedentes respecto a algún compañero, aunque a la postre todo se reduzca a una sesión clínica, más o menos ordenada.
En este caso, bajo la autoridad científica, indiscutible y reconocida por todos los presentes de don Luis Sáiz, se reunían los cinco veterinarios actuantes en el Valle del Deba para celebrar una sesión que, con un comienzo técnico, había derivado a cuestión de honor para nuestro protagonista que, en gallarda actitud, había solicitado luz y taquígrafos a la primera Autoridad municipal.
Verificada la necropsia, se redactaron tres informes; uno, firmado por nuestro protagonista; otro signado por los veterinarios, Morán, vecino de Bergara y Herrador, titular de Mondragón; el tercero, lo suscribían los señores Casas, de Deba, Curiá de Eibar y Sáiz Saldaín de San Sebastián, pero curiosamente todos eran coincidentes en el diagnóstico, tuberculosis generalizada, con especial localización en laringe, pulmones y mesenterio, recomendando la cremación del cadáver, enterramiento de los restos y desinfección del establo y utensilios.
Soraluze-Placencia de las Armas (Gipuzkoa). En la sesión ordinaria del Ayuntamiento de Placencia del 21 de setiembre de 1903 [19] bajo la Presidencia del alcalde José Mendiola, se dio cuenta de la instancia presentada por el veterinario Ceferino Chacón, solicitando la plaza de Inspector de Carnes, acordándose que primeramente, se consultara con Víctor Gallastegui de Vergara, porque la había solicitado con anterioridad, por si estaba dispuesto a aceptarla en las condiciones establecidas por el Ayuntamiento, comisionando al concejal Larreategui para que se entrevistara con él.
En la sesión del 11 de enero de 1904, bajo la Presidencia del alcalde Bruno Maiztegui y Mendicute, se acordó nombrar Inspector de Carnes a Víctor Gallastegui, con el sueldo anual de 125 pesetas anuales y la obligación de realizar dos visitas semanales y expedir gratis los certificados de las reses que se sacrificaran.
Ignoro los motivos, pero en la sesión del 14 de marzo de 1904 [20] la Corporación que presidía el alcalde Bruno Maiztegui revoca el nombramiento de Víctor Gallastegui y nombra Inspector de Carnes al que ostentaba el mismo cargo en Elgoibar, Ceferino Chacón.
El 26 de enero de 1910, siendo alcalde Hipólito Iturrioz Osoro, se dio cuenta del escrito del veterinario de Bergara, Víctor Gallastegui, dando sus más efusivas gracias por haber sido nombrado veterinario interino de Placencia.
En la sesión del 23 de febrero de 1910, Víctor Gallastegui solicitó el nombramiento en propiedad, si bien la Corporación acordó que continuara en la misma situación de interinidad.
En mayo de 1911, al abandonar Pío Gogorza Placencia, rumbo a Zumaia, la Corporación de Placencia acordó nombrar como interino a Víctor Gallastegui.
En sesión de 24 de noviembre de 1915 [21] , siendo alcalde de Placencia Ambrosio Orueta, se dio conocimiento del fallecimiento en Bergara del Inspector de Carnes Víctor Gallastegui, acordándose hacer constar y sentimiento que a la Corporación municipal le había causado la noticia y anunciar la vacante.
Bergara (Gipuzkoa). En la sesión del 3 de agosto de 1911, celebrada bajo la presidencia del alcalde de Bergara, Francisco Ubillos, se acuerda que todas las carnes de cerdo foráneas que se oferten en la localidad, sean reconocidas previamente por el veterinario Gallastegui, para lo que se habilita un despacho en la antigua secretaría, disponiendo del material necesario para ello.
Fuentes
ETXANIZ MAKAZAGA, J.M. (2003). Albéitares y veterinarios en el Valle del Iraurgi. Boletín de la RSBAP, Tomo LIX-2-2003, pp. 527-595. Donostia-San Sebastián.
ETXANIZ MAKAZAGA, José Manuel Albéitares y veterinarios en Bergara.1662-1985. Boletín de la RSBAP. Tomo LX-2-2004, de diciembre de 2004.
Autor
José Manuel Etxaniz Makazaga. Doctor en Veterinaria. Real Sociedad Bascongada de Amigos del País (RSBAP). Real Academia de Ciencias Veterinarias de España (RACVE)
Notas
[1] Archivo Municipal de Bergara (AMBerg). Libro 12º de bautizados, fol. 111.
[2] Archivo Histórico Diocesano de Gipuzkoa (AHDG). P-02046; M-276; Libro 26, folio 170 Vto., asiento 13.
[3] AMBerg. 1915/01/01-1915/12/31; C/106-03.
[4] Archivo Facultad de Veterinaria de Zaragoza (AFVZ). 6º Libro de Matrículas, folio 194.
[5] AAA; Libro nº 51; Folio 463.
[6] AMAzk.; Libro nº 51; Folio 464.
[7] AMAzk.; Libro nº 50. Folio 635.
[8] AMAzk.; Libro 51; Folio 472.
[9] AMAzk.; Libro 51. Folio 477.
[10] AMAzk.; Libro 51. Folio 483.
[11] AMAzk.; Libro 51. Folio 485.
[12] AMAzk.; Bibliorato 2077-01
[13] Boletín Oficial de Gipuzkoa (BOG) nº 50 de 24.10.1890.
[14] AMAzk.; Libro 51. Folio 544.
[15] AMAzk.; Libro 51. Folio 614
[16] AMBrg. A-18-I; L-019. Libro de Actas de la Junta Municipal de Sanidad de Vergara.
[17] GM nº 196 de 14.7.1904.
[18] AMBerg. A.18.IV; 1862-1925; C-015.
[19] AMPA. Libro de Actas de 1903, folio 149.
[20] AMPA. Libro de Actas de 1904, folio 158 vto.
[21] AMPA. Libro de Actas de 1915, folio 147 vto.
