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ESPECTACULO

Bayona. Entre los que parecen haber gozado más del favor de la burguesía bayonesa, el teatro ocupa el primer puesto. Después de estar situado en un frontón donde la escena primitiva estaba sobre un tablado, lo pusieron por fin en un edificio especial, bastante bien decorado para la época y que pronto se convirtió en el lugar de cita de la sociedad escogida de la ciudad. La confusión de antes no existe ya y cada uno, por así decir, puede aislarse según su gusto. Cada año hay nuevas mejoras en el interior y se representan óperas, comedias, dramas e incluso ballet. Los espectáculos populares son también muy numerosos; debemos citar, en primer lugar, los equilibristas, charlatanes, escamoteadores, vendedores de pócimas que pululaban en el siglo XVIII, y que los miembros del Ayuntamiento se ven a cada instante, obligados a expulsar, pero a los que darán también alguna vez, una indemnización como "al hombre de la electricidad", al que se entregan tres libras, y 48 libras en 1754, "a Dubrocq, funambulista". Después viene el juego de la oca que ha subsistido hasta nuestros días y las corridas de bueyes y otros. A estas últimas hemos dedicado ya una reseña. Solamente vamos a decir que los bayoneses tomaron un gusto excesivo a dichos espectáculos; pero como eran muy costosos se comprende que no se prodigasen demasiado. Desde hacía tiempo el uso de la máscara había sido adoptado por la sociedad bayonesa, y con ayuda de este disfraz se produjeron disturbios muy serios, tanto que los regidores se vieron obligados a intervenir con gran severidad. Ya durante los siglos XVI y XVII encontramos que el uso de la máscara favorece libertades demasiado grandes, que a veces alcanzan a producir desórdenes. A la alta sociedad bayonesa le gustaba disfrazarse, y enmascararse recorriendo de esta guisa las calles. En el siglo XVIII la Corporación Municipal promulgaba algunas ordenanzas contra las máscaras y se les prohibió correr por las calles, pedir en las casas, sin estar acompañados al menos por una persona con la cara al descubierto. Un rasgo propio del espíritu bayonés de otras épocas es esta extraordinaria facilidad para la rima y la improvisación. Toda la sociedad rima o canta, las canciones corren por la calle y tratan todos los temas. En cuanto se produjo la famosa revuelta de Audijos, en seguida corría ya en coplas por todos los rincones, a pesar de la prohibición de las autoridades. Los jaleos populares surgen de todas partes, principalmente durante los dos últimos siglos y de cualquier parte salen las sátiras y las coplas rimadas. No creo que sea arriesgado asegurar que no habrá casa bayonesa donde no exista algún cuaderno de estas canciones que encantaban a los vecinos de Bayona en otra época y que gustaban de repetir en las fiestas y banquetes. Entre los chansoniers bayoneses del antiguo régimen el único del que se ha conservado alguna obra es el tonelero Lesca, cuyo nombre resultaba aún muy familiar a principios de siglo y cuya famosa historia de la Bouchére culbutée -La carnicera caída-, hizo, en un momento dado, las delicias de la ciudad. Los principales documentos del proceso que originó se han conservado con esmero. Según las canciones son los jaleos lo que más gusta, pero sólo a la gente del pueblo; la burguesía bayonesa no asiste apenas, más que como espectadora a las escenas de desorden y a los escándalos que terminan, a veces, con heridos e incluso con muertos. Por ejemplo, la moda de festejar la nueva boda de las viudas y viudos siguió existiendo durante mucho tiempo en Bayona y fueron necesarios todos los esfuerzos reiterados de la autoridad superior para extirparla completamente. Entre las más importantes diversiones de la sociedad bayonesa debemos situar los banquetes, las comidas oficiales, los fuegos artificiales, las iluminaciones y las festividades religiosas. El paso por Bayona de algún alto personaje camino de España o volviendo de allí, servía de pretexto para una recepción oficial. Y algunas de estas fiestas han dejado memoria en el recuerdo de los bayoneses. En el siglo siguiente, estas recepciones son aún más numerosas, después vienen las hermosas fiestas destinadas a celebrar las consagraciones de los reyes, el nacimiento de los príncipes de Francia, en las que fuentes de vino corrían a placer en las plazas públicas, cenas, banquetes, representaciones de gala, se ofrecen a la burguesía bayonesa. Las batallas ganadas eran celebradas por las ciudades con gran solemnidad. Finalmente, las festividades religiosas y las procesiones, tan abundantes en otro tiempo, servían de espectáculo para el pueblo y de pretexto para el lucimiento de trajes para las damas burguesas. Durante esta época la pequeña burguesía se dedicaba al trabajo y no tenía este ardor por gozar de placeres que el tiempo libre proporcionado por la fortuna de los otros permitía satisfacer. Los pequeños burgueses se divertían con menos franqueza y abandono que el pueblo, con menos fasto y elegancia que la nobleza, pero salvo raras excepciones, tenían una cortesía instintiva y una dignidad que puede encontrarse en todas las clases de la sociedad. Ref. Edouard Duceré: Dictionnaire historique de Bayonne, 2 vols, Bayonne, 1911-1915.