Acción de enterrar los cadáveres, lurpetze, lurperatze (B, G), lurra emate (G), h)obiratze (c), obitute (B), hobipetze (H.), beatute (Capan.), bealdi (B-M), ehartzi (S), eorzte (AN, BN), ehorzte (T-L), ehorzpen, ehorzgo (L), ehortzeta (S), ehorzketa (T-L), ortzitze (BN), ilegortze (AN), ilozte (BN), ozte (BN, R), ehortzi ederrak ukhan tu (S), se le ha hecho buen entierro; goazen korren ozteala (BN), vamos al entierro de ese.
El cadáver que se lleva a enterrar y su acompañamiento, illeta (B, G), ilari (AN, BN), ahoki (AN, BN), ahoku, ahaku, ahuku (L), ahuki, ahulki (BN), aholkü (S), progu (G, AN), poragu (BN), porogoak, poroguak (H.), froguak (Hb.), cabecera del cortejo fúnebre, andaburu, ondra-buru (B), persona que preside el cortejo fúnebre, andaburuko (B), minduri, minduru (L, S), deudos más próximos que van a la cabeza del cortejo fúnebre, minduri, minduru (L, S), los que acompañan al cadáver, ilari, oztezale (BN), camino para conducir, eretros (es costumbre y era ley no edificar en tales caminos), andabide (B, G), zurrunbide (BN), funeral y entierro de primera, zortziko (B), entierro de segunda, lauko (B), entierro de tercera, bateko (B), comida ligera que se da a los acompañantes de un entierro, progu (G, AN), el día siguiente del entierro, hil-egun (L, BN, S), eztai batean ongi dirudian janziera, izango da arroa illeta batean (Ag.), el vestido que parece bien en una boda, será inconveniente en un entierro; ahuku handi bat zihoan harekin hiritik (Har.), un gran cortejo iba de la villa con ella; Sara bere emazte zana progu andiarekin obiatu zuen (Lard), enterró a su difunta mujer Sara con gran duelo.
Diccionario Auñamendi
Entierro de la sardina.
Se trata del entierro del Carnaval celebrado el Miércoles de Ceniza. El entierro de la sardina es una costumbre carnavalesca ligada íntimamente a Madrid. El navarro Pascual Madoz lo describe así: "Se reduce a disfrazarse varias parejas, por lo regular de gente ordinaria, de frailes, curas y demás empleados de iglesia, llevando pendones, estandartes y mangas parroquiales extrañas, con escobones o jeringas por hisopo, orinales por calderilla y otras insignias burlescas. Estas turbas conducen al hombre en unas angarillas, un pellejo o bota de vino con una careta, o un pelele en cuya boca ponen una sardina, y de este modo, precedidos de un tambor o de clarines y bocinas, recorren muchas veces la pradera, cantando lúgubremente, imitando a los cánticos de los entierros y aspergeando a los circunstantes en sus fingidos responsos con los escobones llenos de agua. Cansados de esta batahola, concluyen por enterrar en un hoyo la sardina y ponerse a merendar y beberse el vino del pellejo que hizo de muerto". En Euskalerria se ha celebrado el entierro de la sardina, imitando a Madrid. En San Sebastián y otros centros urbanos grandes, cambia el carácter totalmente al convertirse en un desfile de una bella carroza con el dios Baco y su corte, con mucho humor, corrección y buen gusto. Así, por ejemplo, el "Entierro del Carnaval" celebrado en Tolosa en 1889 tuvo lugar en la noche del martes y en él tomó parte una nutrida representación del pueblo. La comitiva salió de la calle San Francisco. Rompía la marcha una gran banda de tambores, seguida por la carroza del dios Baco, adomada con juegos de barricas y botellas, y custodiada por doce antorcheros. En total figuraban doce carrozas, llamando la atención la de los nigromantes, dentro de un conjunto que remedaba a la torre de Eiffel. Un buen número de diablos corría por todas partes y hacían mil juegos a la camilla del Carnaval muerto. El cortejo, después de haber recorrido las principales calles, se dirigió a la Plaza Nueva. La plaza, iluminada con faroles de distintos colores y luces de bengala, presentaba un aspecto bellamente carnavelesco. Sobre un tablado montado en el centro, se llevó a cabo la pantomima de la fiesta. Como fin del espectáculo, en el cual intervinieron tres bandas de música, se elevó el indispensable globo que, por efecto de la lluvia, cayó al poco rato en la misma plaza. A las once de la noche, a este "Entierro del Carnaval" seguiría el baile de máscaras. Refs. Caro Baroja, J.: El Carnaval (Madrid, 1965); Garmendia, J.: Iñauteria. El Carnaval Vasco (San Sebastián, 1973).
El cadáver que se lleva a enterrar y su acompañamiento, illeta (B, G), ilari (AN, BN), ahoki (AN, BN), ahoku, ahaku, ahuku (L), ahuki, ahulki (BN), aholkü (S), progu (G, AN), poragu (BN), porogoak, poroguak (H.), froguak (Hb.), cabecera del cortejo fúnebre, andaburu, ondra-buru (B), persona que preside el cortejo fúnebre, andaburuko (B), minduri, minduru (L, S), deudos más próximos que van a la cabeza del cortejo fúnebre, minduri, minduru (L, S), los que acompañan al cadáver, ilari, oztezale (BN), camino para conducir, eretros (es costumbre y era ley no edificar en tales caminos), andabide (B, G), zurrunbide (BN), funeral y entierro de primera, zortziko (B), entierro de segunda, lauko (B), entierro de tercera, bateko (B), comida ligera que se da a los acompañantes de un entierro, progu (G, AN), el día siguiente del entierro, hil-egun (L, BN, S), eztai batean ongi dirudian janziera, izango da arroa illeta batean (Ag.), el vestido que parece bien en una boda, será inconveniente en un entierro; ahuku handi bat zihoan harekin hiritik (Har.), un gran cortejo iba de la villa con ella; Sara bere emazte zana progu andiarekin obiatu zuen (Lard), enterró a su difunta mujer Sara con gran duelo.
Diccionario Auñamendi
Entierro de la sardina.
Se trata del entierro del Carnaval celebrado el Miércoles de Ceniza. El entierro de la sardina es una costumbre carnavalesca ligada íntimamente a Madrid. El navarro Pascual Madoz lo describe así: "Se reduce a disfrazarse varias parejas, por lo regular de gente ordinaria, de frailes, curas y demás empleados de iglesia, llevando pendones, estandartes y mangas parroquiales extrañas, con escobones o jeringas por hisopo, orinales por calderilla y otras insignias burlescas. Estas turbas conducen al hombre en unas angarillas, un pellejo o bota de vino con una careta, o un pelele en cuya boca ponen una sardina, y de este modo, precedidos de un tambor o de clarines y bocinas, recorren muchas veces la pradera, cantando lúgubremente, imitando a los cánticos de los entierros y aspergeando a los circunstantes en sus fingidos responsos con los escobones llenos de agua. Cansados de esta batahola, concluyen por enterrar en un hoyo la sardina y ponerse a merendar y beberse el vino del pellejo que hizo de muerto". En Euskalerria se ha celebrado el entierro de la sardina, imitando a Madrid. En San Sebastián y otros centros urbanos grandes, cambia el carácter totalmente al convertirse en un desfile de una bella carroza con el dios Baco y su corte, con mucho humor, corrección y buen gusto. Así, por ejemplo, el "Entierro del Carnaval" celebrado en Tolosa en 1889 tuvo lugar en la noche del martes y en él tomó parte una nutrida representación del pueblo. La comitiva salió de la calle San Francisco. Rompía la marcha una gran banda de tambores, seguida por la carroza del dios Baco, adomada con juegos de barricas y botellas, y custodiada por doce antorcheros. En total figuraban doce carrozas, llamando la atención la de los nigromantes, dentro de un conjunto que remedaba a la torre de Eiffel. Un buen número de diablos corría por todas partes y hacían mil juegos a la camilla del Carnaval muerto. El cortejo, después de haber recorrido las principales calles, se dirigió a la Plaza Nueva. La plaza, iluminada con faroles de distintos colores y luces de bengala, presentaba un aspecto bellamente carnavelesco. Sobre un tablado montado en el centro, se llevó a cabo la pantomima de la fiesta. Como fin del espectáculo, en el cual intervinieron tres bandas de música, se elevó el indispensable globo que, por efecto de la lluvia, cayó al poco rato en la misma plaza. A las once de la noche, a este "Entierro del Carnaval" seguiría el baile de máscaras. Refs. Caro Baroja, J.: El Carnaval (Madrid, 1965); Garmendia, J.: Iñauteria. El Carnaval Vasco (San Sebastián, 1973).
