Historical Sources

Cuadernos de Agravios

En francés, Cahiers de plaintes y doléances. Eran relaciones de contrafueros a reparar o bien exposición escrita del estado de los negocios políticos del Reino y las nuevas necesidades, la misma. La generosidad de los tres estamentos, en Navarra, y de las Juntas, en las demás tierras forales, residía generalmente en la acogida real a las demandas tanto de contrafuero y leyes generales como de agravios personales y particulares.

En 1692 las Cortes Generales, reunidas en Pamplona, trataban de un pedido del rey para realizar reparaciones en las fortificaciones y castillo real de la ciudad. Respondieron al rey que atendiendo a hallarse el reino de Navarra exhausto de recursos podrían únicamente otorgar ocho mil ducados para dichas obras pero con la condición de que se otorgara por Ley el:

"que no se pueda tratar (en adelante) de ningún servicio en el ínterin, que no se reparen, y se responda a los agravios y contrafueros que representare el Reino a vuestra magestad en todas las Cortes que se celebren en él".

El rey decretó:

"Aceptamos este servicio tan propio de vuestra fidelidad, como atendido de nuestra gratitud; y ordenamos que en todas las Cortes, que se celebraren de aquí en adelante no se pueda tratar de concesión de servicio en el ínterin que no se reparen, o respondieren los Contrafueros y agravios que representare el Reino, lo cual se observará inviolablemente".

En 1701, por ejemplo, se pedía reparación de agravio sobre diferentes procedimientos de los Jueces de Contrabando; que declarado el Contrafuero, continuaron en virtud de ciertas órdenes reales, y que los agravios a las Leyes se hayan de reparar en este reino. El rey decretó:

"Hágase como el reino lo pide, y damos por nulo el segundo Decreto expedido por el marqués de Valero, y todo lo obrado en virtud de él por los jueces de Contrabando nombrados; y mandamos tenga efecto el primero, que dió por contrafuero lo executado, y obrado por dichos jueces, y que se observen inviolablemente los Fueros y Leyes del Reino".

Este procedimiento, generalmente de buenos resultados, se seguía de igual forma por las Juntas de las otras tierras forales. Para ilustrar mejor el tema veamos qué ocurrió con Laburdi, Baja Navarra y Zuberoa en 1789, con motivo de la convocatoria de Estados Generales de la Corona de Francia. El Cuaderno de Agravios era toda una institución en la Corona francesa y en la castellana. Los representantes de Laburdi se reunieron en Biltzar y por boca de sus comisarios pidieron a la Asamblea que iba a reunirse en París que fuera mantenido su régimen particular, encarnado en el Biltzar, y que, en vista de los tiempos difíciles y de las muchas calamidades que se abatieron sobre su suelo, fuera desgravada su administración, y en la cuantía que fuera posible, de sus excesivas cargas fiscales.

Isidoro de Fagoaga en su excelente libro Domingo Garat, defensor del Biltzar, recoge estos agravios y el sentir de los vascos. Dice que los navarros fueron más lejos y, adentrándose en el terreno político e histórico, formulaban una petición un poco altanera y en la que parecía asomar un deje de ironía.

"Los habitantes de la Baja Navarra -decía la carta del Síndico dirigida a la Asamblea Constituyente -están dispuestos a unirse a Francia, siempre que la constitución que ésta se dé, sea tan buena como la de Navarra".

Y la carta se cerraba con las siguientes frases de una dignidad agraviada y conminatoria:

"Navarra ha sido siempre un reino diferente. No es al rey de Francia, sino al de Navarra al que este reino se sometió. Y Navarra no ha sido jamás conquistada, ni se ha unido nunca legalmente a Francia. De consiguiente, la Asamblea Nacional de Francia debe respetar la libertad del reino de Navarra "Palabras fuertes -dice Fagoaga- y como decía un escritor, "al que asiste mucha justicia y poca malicia".

Y a las palabras siguieron los actos. La Baja Navarra, encerrándose en una cauta expectativa, se abstuvo de enviar sus diputados a Versalles en tanto no conociera el texto de la nueva constitución.

El Biltzar de Ustaritz, antes de redactar su cuaderno de agravios, hubo de soslayar un grave peligro. En la regia convocatoria, Bayona figuraba englobada dentro del estado de Laburdi y se invitaba a éste y a la ciudad, a enviar una diputación mancomunada. Este desconocimiento de las circunscripciones, tan frecuente en la obra inmensa y complicada de los Estados Generales, conmovió vivamente a los laburdinos. Estos, desde tiempos atrás, conocían las tendencias absorbentes y la política ambiciosa de la ciudad limítrofe. El 8 de marzo de 1789, el Biltzar de Ustaritz apeló al rey, dirigiéndole una carta en la que protestaba contra la ilegalidad de la convocatoria. He aquí -según Fagoaga- las expresiones más salientes de dicha apelación:

"Considerando que Laburdi forma por sí sola un verdadero Estado, con su Constitución, sus asambleas, su tribunal, su milicia, etc.; que los intereses de Laburdi se hallan en oposición con los intereses de sus vecinos de Bayona; que el mayor número de electores de esta ciudad, inclinando de su lado las deliberaciones, crearía una situación de inferioridad a nuestro pueblo, solicitamos de V. M. se nos conceda una diputación directa, formada por representantes vascos que defiendan los intereses de los vascos".

El rey accedió. Con la Revolución francesa se acabaron las libertades milenarias de laburdinos, bajo navarros y suletinos. Pueden considerarse como continuaciones de los cuadernos de agravios las sucesivas y constantes peticiones de las Diputaciones y municipios a los poderes públicos de Madrid para que se deroguen las leyes de 1837, 1839, 1841 y 1876 referentes a los fueros de las tierras forales de la Corona española.