Th. Lefebvre, autor de un magnífico trabajo ya clásico en nuestra bibliografía, nos ofrece una rápida visión de la faena agrícola denominada cosecha "uzta", allá por los años 30, cuando empezaba a esbozarse el rápido proceso de mecanización que caracteriza a nuestro siglo: "El utillaje empleado para la cosecha es en general bastante arcaico. En la Ribera, zona de gran producción cerealista ligada a la Cataluña industrial por una vía férrea directa, el uso de cosechadoras ha llegado a ser bastante frecuente desde; aproximadamente 1910, sin que por ello se haya perdido el uso de la hoz. En la vertiente pirenaica meridional, el radio de venta de la fábrica de Vitoria se ha extendido, tanto para las cosechadoras como para los arados, hacia Pamplona y Miranda de Ebro, merced a las vías férreas que unen estas dos ciudades a la primera. El número de cosechadoras ha aumentado sobre todo a partir de la guerra de 1914-1918, en las regiones de Vitoria, Miranda de Ebro y de Pamplona, y de aquí a Irurzun, Estella e incluso a rincones retirados como Maestu. Pero por todo el resto, como consecuencia de la carencia de vías férreas y de grandes corrientes de cambios, se sigue usando la hoz y la guadaña. En el valle de Canfranc y de Burguete se emplea la guadaña y algo también en Alsasua, desde 1900: es un adelanto. Pero la mayoría de los campesinos, por ej. los del valle de Salazar y de los alrededores de Pamplona, se hallan todavía en la fase de la hoz, mediante la cual tres hombres llegan a cosechar 9 áreas por día. La conservación de tales costumbres se debe a que la mano de obra es lo suficientemente abundante en las montañas de la vertiente meridional desprovistas de toda relación con los grandes centros comerciales e industriales. En la vertiente N., se constata netamente en qué importante medida cambia el tipo del utillaje en relación con el relieve del suelo. En la zona nororiental baja del país, en las cuencas de San Juan de Pie de Puerto y de Tardets, donde la agricultura ha hecho progresos, se emplea bastante a menudo la cosechadora. Por el contrario, en las partes más accidentadas de la zona montañosa, la hoz es de rigor. Lo mismo ocurre en toda Guipúzcoa y en toda Vizcaya; hay que reconocer por otra parte que, en estas provincias el empleo de cosechadoras resulta casi imposible debido a que los campos frecuentemente apenas tienen más de 20 a 40 áreas de extensión y se encuentran tan inclinados que no deja de ser corriente que se escalonen sostenidos por rebordes rocosos o repliegues montañosos. Al E. del Nive se ve también reaparecer la hoz en cuanto el relieve pasa a ser quebradizo, por ej., en Itxassou, en Bidarray, en el alto valle de Baigorry y en Santa Engracia. Pero en terreno llano cede su puesto a la guadaña, cuyo empleo constituye un verdadero progreso: incluso en la terraza de Larrau se emplea la cosechadora. En lo que concierne al corte de hierba se observa la misma oposición entre el de la zona nororiental baja y la zona montañosa: en la primera se emplean las segadoras mientras que en la segunda se siega el heno en la mayoría de los casos ya sea con la hoz ya con la guadaña, debiéndose ello a que a menudo los prados son pequeños y empinados sobre vertientes a veces tan inclinadas que los segadores se ven obligados a hacerse atar con una cuerda, como ocurre en el curso superior del Nive: en este caso hacen rodar el heno hacia la base de la colina a no ser que se lo lleven sobre la espalda. Ref. Lefebvre: Les Modes de Vie dans les Pyrénées Atlantiques Orientales, 1933, París, PP. 398-400.
