Bayona. Parece ser que las Clarisas menores, o Hermanas de Santa Clara, llamadas en antiguo gascón menudes, es decir, menuditas o hermanitas, trasladaron su convento, obligadas por los acontecimientos, a cuatro lugares bien diferentes.
A pesar de todas las investigaciones no se ha podido determinar el lugar del primer establecimiento. Sabemos, sin embargo, que estaba situado fuera de la puerta de Mousserolles en medio del arrabal de este nombre, o sea hacia la parte baja de la cordelería que a principios de siglo pertenecía a M. Lacoin. Sin conocer de una manera exacta la fecha de su primera fundación, creemos que debe de remontarse a mediados del siglo XII, pues la primera acta que. conocemos, conservada en los archivos departamentales, es una transacción entre Bernard de Liposse y Amade de Bizaudun, abadesa de Santa Clara, de Bayona, sobre el reparto de un terreno, con fecha de 1297. Hacia la misma época encontramos otras actas también, entre las que señalamos de pasada la venta de una renta de 13 libras de Morláas, por Jeanne de Gamarde y Agnés de St-Martin a la priora abadesa, así como la colocación de una lámpara en la enfermería del mismo convento, a cargo de Paul de Sort, heredero de Pelegrine de Latorte. Durante el período de Pés de Viele como alcalde, se reconstruyó una parte del convento de Santa Clara. A este fin se firmó un contrato el 2 de abril de 1394- 1395, entre fray Jean de Sordes, guardián de los Menores, Estebenie de Mante, abadesa de Santa Clara, y las otras hermanas del convento, por una parte, y los maestros albañiles, Arnaud Guilhem de Goardère y Arnaut de la Tor, ciudadanos de Bayona, por la otra, a propósito de trabajos que había que realizar en el pórtico y en el aguilón del convento. El primero debía ser demolido y reemplazado por un pórtico con porche - davantau -; el precio convenido era de 412 libras de Guyena pequeñas. El abate Dubarat dice que los autores bayoneses -Veillet inclusive- tienden a pensar que el primer emplazamiento de las Clarisas estaba fuera de la puerta de Mousserolles, pero esto no es más que una simple presunción que, según él, está demostrada por los textos. "Dicen, en efecto, que el primitivo convento estaba en la calle Saint-Benoit, en 1309, en San Benedicto, en cuya calle se encuentra el muro de las dichas hermanas pequeñas, quizá al extremo, hacia la puerta de Mousserolles". Después añade: "No habría que sacar la consecuencia de que las Clarisas residieran en Mousserolles porque poseyesen allí la famosa fuente de Coquainhe, ocasión de memorables querellas y situada efectivamente "fuera de la puerta de Mousserolles". Esta fuente les había sido donada por los franciscanos. Este razonamiento del sabio abate adolece de falta de claridad. Las Clarisas podían muy bien poseer una casa en la calle San Benedicto, pero ello no prueba que su convento no estuviese situado fuera del recinto amurallado, pues entonces para qué hubiese servido la demolición de los monasterios y de la mayor parte del arrabal como medida preventiva en caso de asedio de Bayona.
Es el mismo abate Dubarat quien nos dice que Louis de Montberon, señor de Fontaines, capitán y gobernador, ordenó la demolición de los conventos e hizo publicar en las ciudades de Burdeos, Dax, Saint-Sever y Bayona, la adjudicación de un nuevo convento que iba a construirse. Esta demolición se llevó a cabo los días 18, 20 y 22 de junio de 1520, y el trabajo se confió a Pierre de Caupenne "como el de más módico precio" por la suma de 3.090 libras. Pero aquí tomamos, también al abate Dubarat, la reseña, pues nadie ha estudiado mejor que él la interesante historia de este convento. Las cartas de comisión, dice, nos ofrecen los menores detalles de construcción bajo este título: "Sigue la forma y manera de cómo tiene que hacerse el monasterio de las hermanas de Santa Clara". En primer lugar, dicho monasterio será quitado de donde está ahora y será construido y edificado al otro lado de la iglesia de dicho monasterio pudiendo tener veintidós toesas cuadradas, más o menos, según verán los señores que se encarguen de las obras". Y se describe el plano y los trabajos que deben ejecutarse. El suelo pantanoso deberá elevarse; habrá un claustro, un patio interior, una iglesia, avenidas, sillares en las chimeneas, madera verde en los pilotes, un pupitre para la lectura en el refectorio, vidrieras, en medio del patio un pozo de 6 pies de diámetro de mampostería con cal y arena, cuerdas y poleas para sacar el agua, y en dos o tres ventanas, "que dan a los jardines, será preciso poner rejas de hierro bien gruesas y fuertes, así como en todos los sitios que haga falta". En la iglesia las ventanas serán realizadas con sillares y provistas también de verjas de hierro y de ventanas de madera por detrás para hablar a la gente de bien y poder confesarse, y para otras cosas necesarias". "La iglesia y el claustro serán pavimentados con sillares, las ventanas de la calle se tapiarán "y habrá que hacer una pequeña prisión al fondo de la iglesia con una bajada de piedra, una trampilla y un excusado". Los muros exteriores tendrán 12 pies de alto, 2 de grosor en la parte baja y uno y medio en lo alto. Podrán utilízazse materiales viejos menos la madera, y estará terminado todo para Todos los Santos de 1521. Las Clarisas, que habían comprado ya de un tal Menaut Marinet una casa situada en la calle Saint Benoit, debieron servirse de este edificio para situar en él su nuevo convento.
Los trabajos para la nueva fortificación de Bayona, en 1680, obligaron al convento de Santa Clara a desplazarse una vez más. Veillet dice que en esta ocasión se construyó un grande y hermoso bastión cerca de los franciscanos, que se unía al Cháteau-Neuf por una muralla fortificada, que encerró la iglesia y el convento de Santa Clara y constituyó lo que se llamó bien pronto el reducto de Santa Clara.
El rey acordó a las religiosas una indemnización de 37.630 libras por la expropiación de su domicilio. Se demolió todo excepto la iglesia, que fue secularizada y sirvió después para el nuevo arsenal. Al no poder obtener las religiosas el colegio como residencia pasajera, la ciudad les entregó una casa del canónigo Denys de Nyert, situada en Tarrides, fuera de los muros, en la que estuvieron un año; después ocuparon la casa del abogado Michel Duvergier de Joannis, en el barrio Lachepaillet. El rey concedió 300 libras para el traslado en julio de 1681; los soldados les ayudaron y "las Clarisas pagaron 400 libras a M. de Nyert, canónigo, por un año de residencia en su casa y 400 libras a M. Duvergier, hijo. Y mientras duró la instalación dejaron muchas cosas en los franciscanos. En 1680 se exhumaron los cuerpos. Finalmente encontraron un terreno que podían comprar y unas casas en la esquina de las calles Sabaterie y Montaut. Allí construyeron su convento, donde desgraciadamente no tenían ni claustro ni jardín. Su nueva iglesia se elevó con una altura de 80 pies, en el exterior, y 77 en el cuerpo del edificio, y una anchura de 31 y 26 pies; 4 vidrieras daban a la calle y dos al patio; estaba estucada y los asientos colocados a lo largo de la pared "como en Santa Ursula"; había una galería separando el coro del transcoro y un pequeño campanario como en la ciudadela con dos campanas. Los gastos arrojaron en la miseria a las pobres religiosas. El presupuesto de la iglesia se elevó a la suma de 14.890 libras, 3 s. 9 d. Pasa atraer a la gente había 100 días de indulgencia concedida desde 1469, a las festividades de Santa Clara, Santa Radegunda y San Juan apóstol. Sin embargo, según M. Poydenot, el convento de Santa Clara parece haber sido rico, pues vemos que en 1660, la Corporación Municipal dedicó la renta del terreno de Saudan al pago de los intereses debidos a las religiosas desalojadas a condición de que se redujesen a 75 % al dinero 15. En 1719, la ciudad hizo reparaciones en una tribuna que conducía de las casas de Bénac y de Dujac a la iglesia de Santa Clara para el servicio de la reina María Ana de Neubourg, que residía enfrente, y podía de esta manera ir a la iglesia sin tener que bajar a la calle. Su jardín estaba situado al otro lado de la calle Sabaterie en el lugar ocupado durante algún tiempo por una fábrica de jabón. Y al parecer, una comunicación subterránea estaba establecida bajo la calle, entre un magnífico subterráneo ojival, la iglesia y el jardín. Las religiosas podían así llegar, sin ser vistas, bajando unas escaleras solamente. Una hermosa chimenea Renacimiento, todavía existente en una de las salas del edificio a principios de siglo, indicaba que esta casa era más antigua que la venida de las Clarisas a esta parte de Bayona, y de hecho, era una dependencia de la casa noble de Luc. En los archivos revolucionarios de los Bajos Pirineos estaba el plano general del establecimiento pero sin ninguna leyenda. El monasterio de Santa Clara llevaba en su escudo, en campo de azur, una Santa Clara de oro. En el momento de la dispersión de las órdenes religiosas, las clarisas bayonesas suponían aún 10 religiosas y 2 hermanas conversas. La puerta del convento se mantuvo hasta nuestra época en la calle Sabaterie, decorada con algunas figuras de un estilo muy deficiente. La mayor parte del edificio de este antiguo establecimiento religioso, después de haber sido ocupado por la administración militar, fue cuartel de infantería. Ref. Edouard Duceré: Dictionnaire historique de Bayonne, 2 vols, Bayonne, 1911-1915.
A pesar de todas las investigaciones no se ha podido determinar el lugar del primer establecimiento. Sabemos, sin embargo, que estaba situado fuera de la puerta de Mousserolles en medio del arrabal de este nombre, o sea hacia la parte baja de la cordelería que a principios de siglo pertenecía a M. Lacoin. Sin conocer de una manera exacta la fecha de su primera fundación, creemos que debe de remontarse a mediados del siglo XII, pues la primera acta que. conocemos, conservada en los archivos departamentales, es una transacción entre Bernard de Liposse y Amade de Bizaudun, abadesa de Santa Clara, de Bayona, sobre el reparto de un terreno, con fecha de 1297. Hacia la misma época encontramos otras actas también, entre las que señalamos de pasada la venta de una renta de 13 libras de Morláas, por Jeanne de Gamarde y Agnés de St-Martin a la priora abadesa, así como la colocación de una lámpara en la enfermería del mismo convento, a cargo de Paul de Sort, heredero de Pelegrine de Latorte. Durante el período de Pés de Viele como alcalde, se reconstruyó una parte del convento de Santa Clara. A este fin se firmó un contrato el 2 de abril de 1394- 1395, entre fray Jean de Sordes, guardián de los Menores, Estebenie de Mante, abadesa de Santa Clara, y las otras hermanas del convento, por una parte, y los maestros albañiles, Arnaud Guilhem de Goardère y Arnaut de la Tor, ciudadanos de Bayona, por la otra, a propósito de trabajos que había que realizar en el pórtico y en el aguilón del convento. El primero debía ser demolido y reemplazado por un pórtico con porche - davantau -; el precio convenido era de 412 libras de Guyena pequeñas. El abate Dubarat dice que los autores bayoneses -Veillet inclusive- tienden a pensar que el primer emplazamiento de las Clarisas estaba fuera de la puerta de Mousserolles, pero esto no es más que una simple presunción que, según él, está demostrada por los textos. "Dicen, en efecto, que el primitivo convento estaba en la calle Saint-Benoit, en 1309, en San Benedicto, en cuya calle se encuentra el muro de las dichas hermanas pequeñas, quizá al extremo, hacia la puerta de Mousserolles". Después añade: "No habría que sacar la consecuencia de que las Clarisas residieran en Mousserolles porque poseyesen allí la famosa fuente de Coquainhe, ocasión de memorables querellas y situada efectivamente "fuera de la puerta de Mousserolles". Esta fuente les había sido donada por los franciscanos. Este razonamiento del sabio abate adolece de falta de claridad. Las Clarisas podían muy bien poseer una casa en la calle San Benedicto, pero ello no prueba que su convento no estuviese situado fuera del recinto amurallado, pues entonces para qué hubiese servido la demolición de los monasterios y de la mayor parte del arrabal como medida preventiva en caso de asedio de Bayona.
Es el mismo abate Dubarat quien nos dice que Louis de Montberon, señor de Fontaines, capitán y gobernador, ordenó la demolición de los conventos e hizo publicar en las ciudades de Burdeos, Dax, Saint-Sever y Bayona, la adjudicación de un nuevo convento que iba a construirse. Esta demolición se llevó a cabo los días 18, 20 y 22 de junio de 1520, y el trabajo se confió a Pierre de Caupenne "como el de más módico precio" por la suma de 3.090 libras. Pero aquí tomamos, también al abate Dubarat, la reseña, pues nadie ha estudiado mejor que él la interesante historia de este convento. Las cartas de comisión, dice, nos ofrecen los menores detalles de construcción bajo este título: "Sigue la forma y manera de cómo tiene que hacerse el monasterio de las hermanas de Santa Clara". En primer lugar, dicho monasterio será quitado de donde está ahora y será construido y edificado al otro lado de la iglesia de dicho monasterio pudiendo tener veintidós toesas cuadradas, más o menos, según verán los señores que se encarguen de las obras". Y se describe el plano y los trabajos que deben ejecutarse. El suelo pantanoso deberá elevarse; habrá un claustro, un patio interior, una iglesia, avenidas, sillares en las chimeneas, madera verde en los pilotes, un pupitre para la lectura en el refectorio, vidrieras, en medio del patio un pozo de 6 pies de diámetro de mampostería con cal y arena, cuerdas y poleas para sacar el agua, y en dos o tres ventanas, "que dan a los jardines, será preciso poner rejas de hierro bien gruesas y fuertes, así como en todos los sitios que haga falta". En la iglesia las ventanas serán realizadas con sillares y provistas también de verjas de hierro y de ventanas de madera por detrás para hablar a la gente de bien y poder confesarse, y para otras cosas necesarias". "La iglesia y el claustro serán pavimentados con sillares, las ventanas de la calle se tapiarán "y habrá que hacer una pequeña prisión al fondo de la iglesia con una bajada de piedra, una trampilla y un excusado". Los muros exteriores tendrán 12 pies de alto, 2 de grosor en la parte baja y uno y medio en lo alto. Podrán utilízazse materiales viejos menos la madera, y estará terminado todo para Todos los Santos de 1521. Las Clarisas, que habían comprado ya de un tal Menaut Marinet una casa situada en la calle Saint Benoit, debieron servirse de este edificio para situar en él su nuevo convento.
Los trabajos para la nueva fortificación de Bayona, en 1680, obligaron al convento de Santa Clara a desplazarse una vez más. Veillet dice que en esta ocasión se construyó un grande y hermoso bastión cerca de los franciscanos, que se unía al Cháteau-Neuf por una muralla fortificada, que encerró la iglesia y el convento de Santa Clara y constituyó lo que se llamó bien pronto el reducto de Santa Clara.
El rey acordó a las religiosas una indemnización de 37.630 libras por la expropiación de su domicilio. Se demolió todo excepto la iglesia, que fue secularizada y sirvió después para el nuevo arsenal. Al no poder obtener las religiosas el colegio como residencia pasajera, la ciudad les entregó una casa del canónigo Denys de Nyert, situada en Tarrides, fuera de los muros, en la que estuvieron un año; después ocuparon la casa del abogado Michel Duvergier de Joannis, en el barrio Lachepaillet. El rey concedió 300 libras para el traslado en julio de 1681; los soldados les ayudaron y "las Clarisas pagaron 400 libras a M. de Nyert, canónigo, por un año de residencia en su casa y 400 libras a M. Duvergier, hijo. Y mientras duró la instalación dejaron muchas cosas en los franciscanos. En 1680 se exhumaron los cuerpos. Finalmente encontraron un terreno que podían comprar y unas casas en la esquina de las calles Sabaterie y Montaut. Allí construyeron su convento, donde desgraciadamente no tenían ni claustro ni jardín. Su nueva iglesia se elevó con una altura de 80 pies, en el exterior, y 77 en el cuerpo del edificio, y una anchura de 31 y 26 pies; 4 vidrieras daban a la calle y dos al patio; estaba estucada y los asientos colocados a lo largo de la pared "como en Santa Ursula"; había una galería separando el coro del transcoro y un pequeño campanario como en la ciudadela con dos campanas. Los gastos arrojaron en la miseria a las pobres religiosas. El presupuesto de la iglesia se elevó a la suma de 14.890 libras, 3 s. 9 d. Pasa atraer a la gente había 100 días de indulgencia concedida desde 1469, a las festividades de Santa Clara, Santa Radegunda y San Juan apóstol. Sin embargo, según M. Poydenot, el convento de Santa Clara parece haber sido rico, pues vemos que en 1660, la Corporación Municipal dedicó la renta del terreno de Saudan al pago de los intereses debidos a las religiosas desalojadas a condición de que se redujesen a 75 % al dinero 15. En 1719, la ciudad hizo reparaciones en una tribuna que conducía de las casas de Bénac y de Dujac a la iglesia de Santa Clara para el servicio de la reina María Ana de Neubourg, que residía enfrente, y podía de esta manera ir a la iglesia sin tener que bajar a la calle. Su jardín estaba situado al otro lado de la calle Sabaterie en el lugar ocupado durante algún tiempo por una fábrica de jabón. Y al parecer, una comunicación subterránea estaba establecida bajo la calle, entre un magnífico subterráneo ojival, la iglesia y el jardín. Las religiosas podían así llegar, sin ser vistas, bajando unas escaleras solamente. Una hermosa chimenea Renacimiento, todavía existente en una de las salas del edificio a principios de siglo, indicaba que esta casa era más antigua que la venida de las Clarisas a esta parte de Bayona, y de hecho, era una dependencia de la casa noble de Luc. En los archivos revolucionarios de los Bajos Pirineos estaba el plano general del establecimiento pero sin ninguna leyenda. El monasterio de Santa Clara llevaba en su escudo, en campo de azur, una Santa Clara de oro. En el momento de la dispersión de las órdenes religiosas, las clarisas bayonesas suponían aún 10 religiosas y 2 hermanas conversas. La puerta del convento se mantuvo hasta nuestra época en la calle Sabaterie, decorada con algunas figuras de un estilo muy deficiente. La mayor parte del edificio de este antiguo establecimiento religioso, después de haber sido ocupado por la administración militar, fue cuartel de infantería. Ref. Edouard Duceré: Dictionnaire historique de Bayonne, 2 vols, Bayonne, 1911-1915.
