Place Names

CAPBRETON

Es imposible reseñar, en unas líneas, la historia de Capbreton, que ha ocupado un lugar tan importante en la de Bayona. No obstante no podemos menos que reseñar las relaciones, a veces poco amables, que mantuvieron ambas poblaciones entre ellas. Nos contentaremos con detallar algunas de las disputas que tuvieron y que a menudo tenían un desenlace dramático. En el mes de mayo de 1328, se supo en Bayona que los capbretonenses se negaron absolutamente a llevar a nuestro mercado el pescado que habían cogido, pretendiendo que eran dueños de venderlo donde les pareciera. ¿Quién, que no fuera Loup Bergonh de Bordu, habría podido insinuar a los capbretonenses el consejo de pisotear los reglamentos de policía a los que obedecían desde hacía más de un siglo? Capbreton dependía de su mandato militar, y no es probable que, con la promesa de su apoyo, él sólo hubiera podido inspirar a estas buenas gentes el coraje de enfrentarse con la cólera de los bayoneses. Primero hubo un embrollo bastante divertido. Los bayoneses se dirigieron al senescal Johan de Haurade; le mencionaron el antiguo pergamino que contiene la ordenanza otorgada en 1253 por el caballero señor Bertrand de Podensac; el sello que colgaba del documento estaba medio oxidado por el tiempo, pero se veía aún la huella «del león» de las armas de Bayona; después hicieron oír a testigos honorables, ancianos, dignos de fe. Completamente convencido de sus derechos el Senescal les entregó cartas que confirmaban sus derechos de policía sobre la pesca; Capbreton fue condenado. Esto ocurría el 9 de octubre de 1328. Es importante retener esta fecha ya que menos de ocho días después, el 17 de octubre, Johan de Haurede, entregaba a los capbretonenses cartas revocando las que se acababan de dar a los bayoneses, y esto porque estos últimos les habían engañado, habían inducido a error, habían abusado de su confianza, etc. Palabras, nada más que palabras, ni un solo documento para demostrarlo. Laurent de Viéle y los Cien Pares, apenas tuvieron paciencia; sin tener en cuenta las últimas cartas del senescal, enviaron a Capbreton a los sargentos de la marina y a una tropa armada, quienes se apoderaron de los barcos de los pescadores y los hicieron pedazos. Después de estos hechos, los capbretonienses y los bayoneses enviaron mensajeros a Londres. El amanuense Pierre Casamajor llevaba la palabra de los bayoneses; se levantó demasiado contra Loup Bergonh de Bordeu, le acusó de mil excesos y sobre todo de ser causa en Bayona de permanentes diferencias y disturbios. Le dieron la razón. «Vamos a llamar a vuestro castellano junto a nosotros escribían de Londres, en el nombre del rey al alcalde y a los Cien Pares el 6 de marzo de 1329- para que nos rinda cuentas de su conducta, y queremos que el Senescal de Gascuña nombre, de acuerdo con vosotros y según vuestras indicaciones, a una persona suficiente y capaz para mantener la guardia del castillo y los demás empleos de Loup de Bergonh». Se daba orden al Senescal de velar mejor por la seguridad de las carreteras alrededor de Bayona, de no molestar a los bayoneses a propósito del sello de Guyena, de regular los anticipos que habían hecho para la última guerra. Era perfecto; he aquí lo que no lo era tanto: ocho días más tarde, el mensajero de Capbreton, a quien también se había escuchado con agrado, obtenía que se escribiera al Senescal en los siguientes términos: «A pesar del derecho que tienen los de Capbreton de vender donde les plazca el pescado de mar que cojan, malhechores de Bayona les han insultado, pegado, herido, han roto sus embarcaciones e incluso han osado amenazarles de incendio o de muerte. Llevad hasta vosotros a los interesados y haced justicia de los culpables». Fue Loup de Bergonh quien fue reemplazado en su sitio por su hermano Olivier. Al mismo tiempo el rey anunciaba a los bayoneses que había encargado al Senescal que terminara con la diferencia con los habitantes de Capbreton por las buenas. Pero no era la última vez que los bayoneses debían emprender expediciones a mano armada sobre Capbreton. Solamente que no se trataba ya de pescado sino de la navegación por el Adur, que los habitantes querían acaparar en su beneficios. Desde 1498 se intentaron numerosos procesos por una y otra de las poblaciones. Algunas veces fueron los galeones cargados de vino y embargados en 1559 por la ciudad de Bayona. Señalemos, con fecha 9 de mayo de 1551, una transacción entre Bayona y Capbreton sobre los derechos de lastraje y deslastre. En 1604, otra transacción redujo a cinco soles el derecho del vino del país de Capbreton, y un poco más tarde se les dio permiso a los habitantes de Labenne y de Capbreton para que siembren «gurbet» y «pignons» en las dunas que invadían el antiguo lecho del Adur. Por otra parte este cambio de la dirección del río había arruinado a Capbreton y sus habitantes hicieron todo lo que estaba en sus manos para poner obstáculos o desviar los trabajos. Por último, en 1602, una sentencia del Parlamento de Bordeaux, de fecha 7 de agosto referida a Bayona y Capbreton, dice que la corte «mantiene al teniente en la alcaldía, concejales, personas del consejo y habitantes de la ciudad de Bayona en el poder, disfrute y ejercicio de la gran justicia, la media y la baja, en toda la extensión del territorio de las arenas que están entre el borde del Adur y el borde del océano, desde el lugar de «Hausquette» hasta «Boucau Vieux», declara a los citados habitantes del lugar de Capbreton la facultad de tener e instalar cabañas en el borde del mar para servir de retiro para el uso de la pesca solamente, sin que puedan hacer allí otra clase de vivienda o tener luz que sirva de linterna». Ref. Edouard Duceré: Dictionnaire historique de Bayonne, 2 vols, Bayonne, 1911-1915.