Son una especie de diaconisas, generalmente conocidas en Euskalerria por seroras o benoîtes, que existieron en los primeros siglos del Cristianismo primitivo. Las cita ya, llamándolas ministras, Plínio (93-94); se ocuparon de ellas el Concilio de Laodicea (320), el de Orange (441), y el de Epaon (517). Eran generalmente viudas y su misión era guardar la puerta donde debían entrar las mujeres a la iglesia, enseñar el catecismo, ayudar en la ceremonia del bautismo, cuidar a los enfermos y a los pobres, asistir a las mujeres durante la ceremonia del matrimonio, lavar y amortajar a los cuerpos para el sepelio. La primera mención escrita sobre las benitas en Euskalerria aparece en el testamento de Mans, obispo de Bayona, en 1302, cuando le lega cien sueldos a la benita de la Catedral. El P. Henao las llama seroras, sororas o beatas, comparándolas con las diaconisas de la Iglesia del primer siglo. Entre ellas cita a una sobrina de San Ignacio en 1595. Pierre de Lancre (su nombre verdadero era Pierre Rosteguy) cita en. 1600 "una cierta clase de mujeres que hay en el país de Laburdi para mayordomas, que se llaman Benedictas"; lo mismo que Mns. Olce en 1666 y la Memoria de los Reinos de Baja Navarra y país soberano de Béarn de 1700. Dice esta última que se compromete la benita a servir a la Iglesia mediante ciertos derechos que percibe por bautismos, matrimonios y entierros, paga una especie de dote de 150 a 200 libras y vive en una casa llamada la Benoîterie, que pertenece a la Comunidad. Las benitas deben renunciar cuando se casan o tienen costumbres desordenadas. El P. Larramendi dedica un capítulo de su Corografía, a las seroras o ermitañas de 1756. Después de considerarlas como una supervivencia de las diaconisas de la Iglesia primitiva describe sus servicios y derechos. Dice que entrar serora es tanto como entrar monja, cuyo nombramiento se hacía con público instrumento por los patronos de las parroquias y ermitas, pero es el obispo quien despacha en definitiva el título correspondiente. En el país vasco del Adur a su ayudanta se la llamaba brayine o braine, pues a las de edad muy avanzada se les dio a veces una coadjutora que le ayudara. Se conocen casos de seroras destituidas por mala conducta en 1583, 1595 y 1600. Solían tener un asiento reservado y especial en las iglesias. En la iglesia de Sara, Laburdi, se ve todavía esta inscripción: ORAI DEN SERORA REN / ETA IZANEN DIRENEN /JAR LEKUA / ETA HOBIA. "Este es el asiento y la tumba de la serora actual y de todas las que le sucedan en lo futuro". Dice W. Webster que son los vascos los únicos que, entre los pueblos de la Europa Occidental, desde hace nueve siglos, las han conservado hasta nuestros días. Refs. Webster, W.: Seroras, Freyras, Benitas, Benedictae entre los vascos. "Euskalerriaren Alde", 1911, pp. 139-151 y 166-167.
Bernardo ESTORNÉS LASA
Bernardo ESTORNÉS LASA
