Handball

AZANZA, Jean Pierre

«Sorhainde, Jean Pierre». Pelotari rival del famoso Perkain, nacido en Cambo, Laburdi, a mediados del s. XVIII. Era noble, de apellido Sorhainde. Según muchos, fue jefe de tropa en su juventud, seguramente capitán. Los grandes de la época tenían conciencia de su clase, y una vez alguien dijo a Azantza que por qué se rebajaba de su rango jugando a la pelota. Pero como a Azantza le gustaba la pelota más que ninguna otra cosa, le contestó lacónicamente: «Yo nunca trato más que con jefes de familia». Azantza fue contemporáneo de Perkain y casi de la misma talla. Con frecuencia fue rival suyo. Una vez Azantza perdió en St.-Palais en un partido en que se terciaba dinero. Los bajonavarros se alegraron mucho y le dedicaron coplas irónicas. Con todo los bajonavarros tuvieron la réplica en la plaza de Louhossoa. En esa ocasión Azantza jugaba contra Perkain, que iba por delante. Llegó un apostador bajonavarro al medio de la plaza montado en su mulo, gritando: «¡Trescientos francos a favor de Perkain!» Azantza coge la pelota en el aire y dándole con toda su fuerza pega en el hocico al mulo. Con el golpe, mulo y apostador caen al suelo. Ante el asombro del público, sale entonces la hermana de Azantza al medio de la plaza y grita: «¡Mil francos ahora a favor de mi hermano!». Ese grito atemoriza a Perkain y, desde aquel momento, Azantza domina el partido y lo gana. Desde entonces, cada vez que Azantza recordaba a alguien dicho partido, se le interponía su hermana para decirle: «¡Sí, yo gané aquel partido que lo tenías perdido!». Azantza jugaba siempre en serio, y los apostadores podían contar con él. Cierta vez, iba perdiendo un partido en las cercanías de Elizondo. Se habían apostado ya más de cincuenta mil francos, y ¡qué diablos, no podía más! ¡los contrarios iban siempre por delante! Azantza se sienta encima de una piedra y dice: ««¡Aquí lo que ocurre es que me han envenenado esta mañana! Para curarme, debería yo beber por si acaso un trago del vino de Burdeos...». Alguien le alcanza una pinta, del mejor, y Azantza se lo bebe todo sin levantarse: «¡Ahora siquiera podré ver la pelota! ¡Una onza de oro al primer juego!». Gana el primer juego... y luego el partido. El partido de rebote no está perdido nunca hasta concluido el último juego. No lo olvidaba nunca Azantza. Ref. E. y D. «G. H.», 8, 1921, p. 481.

Bernardo ANAUT